-¿Qué estabas haciendo ese día?
-Era mi primera comunión. Mi papá y mi mamá estaban en la plaza con las ollas. Estaban esperando a que los aviones pasaran. En la mañana me habían levantado muy temprano para que me bañara y me pusiera la ropa que me habían comprado. Era ropa nueva, zapatos nuevos. Mi papá tenía plata para comprarme ropa nueva. Desde hacía algún tiempo tenía plata. La mayoría de los hombres de la aldea tenían trabajo. Andaban en el campo recolectando coca. En la tarde me iban a hacer una fiesta. Mi primera fiesta.
-¿A qué hora fue la misa?
-Fue a las nueve de la mañana. Los niños que hicimos la primera comunión estábamos al frente. Todos teníamos ropa nueva, además del cirio y los guantes blancos. Éramos cinco niños. El padre nos habló de nuestro nuevo compromiso y nuestra reafirmación en Dios. Después nos dio la hostia. Yo no la mordí, me la trague y casi me atoro. Después la misa acabó y salimos de la iglesia. Fuimos a la casa a desayunar y a las once de la mañana mi papá y mi mamá cogieron las ollas y se fueron a la plaza a traer agua limpia. En la plaza estaban los hombres y mujeres de la aldea reunidos. Les pedí permiso para salir a jugar. Ellos dijeron que sí. Guardé los guantes y el cirio en el cajón y salí a la calle. En el parque vi a la gente. Alzaban las manos y señalaban al cielo.
-¿A dónde fuiste a jugar?
-Caminé un poco y me encontré con Ezequiel y Gloria. Ezequiel también había hecho la primera comunión. Gloria era su hermana. Me preguntó lo que me habían dado de desayuno. Le dije que huevos con café.
-¿Y de almuerzo qué les van a hacer? -Les pregunté.
-No sabemos. El agua de las casas va a salir sucia y no hay con qué cocinar.
-¿Qué iban a hacer en tu casa de almuerzo?
-Mi mamá iba a hacer gallina.
-¿Qué hicieron después?
-Fuimos a dar una vuelta por el campo. Salimos a caminar. Las hojas de coca estaban muy verdes y casi listas para la recolección. Hacía sol y las hojas se veían brillantes. Le pregunté a Ezequiel si le iban a hacer fiesta. Me dijo que sí. Caminamos hasta llegar al lado de la montaña. Empezamos a meternos por la ruta de piedras. Cada cuanto teníamos que esperar a Gloria, sufría de asma. Pensé en la fiesta. Era mi primera fiesta. No sabía lo que era eso. Mi mamá me había dicho que en mi primera comunión me iba a hacer una fiesta. A todos los niños que hicieron la primera comunión les iban a hacer fiesta.
-¿Qué pasó después?
-Llegamos hasta donde salía agua limpia de las piedras. La primera en tomar agua fue Gloria. Después tomó Ezequiel y yo fui el último. Entonces Gloria dijo:
-¿Sí oyen?
-¿Qué? ¿Qué oímos? -Dije yo.
-Los aviones.
-Yo no oigo nada.
-Ya vienen.
Nos quedamos en silencio para oír el ruido, pero nada se oía.
-No se oye nada -dije yo.
-¡Qué sí se oye! ¡Ya vienen! -gritó Gloria.
-Vamos arriba -dijo Ezequiel.
-¿Qué hicieron?
-Empezamos a trepar por las piedras hasta llegar arriba. Nos pusimos a esperar. No hablábamos, sólo esperábamos. Pasaron muchos minutos y no pasaba nada. El campo y el cielo estaban quietos y no se oía nada. Miré a Gloria. Tenía los ojos fijos hacia el frente. Parecía como si fuera una sonámbula. De pronto señaló con el dedo hacia el frente.
– ¡Allá vienen! -dijo.
– ¿Y sí venían?
– Sí. Regresamos a mirar. Vimos una lata brillante que se iba acercando.
– ¡Allá vienen! -volvió a decir Gloria.
Los aviones se acercaban. Detrás de ellos se veía la nube blanca que dejaban. La nube tapaba el campo. Pasaron por encima de nosotros. Alzamos la cabeza y los vimos pasar. El ruido y el viento fueron muy fuertes. Todo fue muy rápido, luego la nube empezó a caernos encima. A todo el campo le estaba cayendo la nube.
– ¿Qué hicieron ustedes?
– Ezequiel dijo que saliéramos a correr. Bajamos de la loma y antes de meternos en una cueva la nube nos alcanzó. Sentí sobre mi cara el frío de la nube. Parecía polvo. Olía a algo que nunca había olido y no sabía qué era. Nos metimos en la cueva. Empecé a respirar mal.
-Es el fosfato -dijo Ezquiel.
-Glifosfato -dije yo. -Se llama glifosfato.
-¿Sintieron algo por el efecto del glifosato?
-Gloria empezó a toser, a ahogarse. Arriba de nosotros pasó otro avión. Ezequiel se tapó los oídos con las manos. Estaba asustado. Yo también empecé a toser. La nariz me ardía al respirar. Salimos de la cueva. Gloria no paraba de toser. Los ojos los tenía rojos. Llegamos a las piedras.
-Tome agua -le dije.
-Está sucia – respondió.
-Esta no está sucia. Esta sale de las piedras. La de las casas si está sucia porque ya le cayó glifosfato -le dije.
-Nos vamos a morir -dijo ella.
-¿Qué sentiste cuando ella dijo eso?
-Me asusté. Ezequiel también se asustó. Arriba el avión iba a pasar encima de nosotros. Sentí mucha rabia. Cogí una piedra y salí corriendo al campo. Todo estaba cubierto de polvo. El avión que venía soltó otra nube. Pasó encima de mí. Lo perseguí corriendo y con todas mis fuerzas le tiré la piedra. No le agarré. Me dio más rabia. El avión ya iba lejos. Oí los gritos de la gente en el parque. Regresé a mirar y venía otro avión.
-¡Hijueputas! -grité agachándome a recoger otra piedra.
-¿Por qué te dio tanta rabia?
-No sé. De pronto porque pensé en Gloria, en Ezequiel, en mi papá y mi mamá. También pensé en la grosería que había dicho y en el momento en que recibí la hostia de mi primera comunión. El avión venía más cerca.
-¡Hijueputas! -volví a gritar con todas mis fuerzas y lancé la piedra para derribar el avión.
-¿Le pegaste?


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