–Su índice de aprobación es del 60 por ciento a un año de los comicios presidenciales en Paraguay (16 de agosto del 2008). ¿Se siente confiado en poder avanzar sobre la histórica hegemonía colorada?
–Es muy difícil poder cambiar de signo político a Paraguay. El Partido Colorado sabe ganar elecciones y tiene en sus manos todo el aparato estatal. Ellos tienen mayoría en la justicia electoral, tienen
–Si fuera ya presidente y se le presentara un doble compromiso en temas donde marcadamente
–Cuando uno es jefe de gobierno tiene sus convicciones personales y también lo que dicen las mayorías, si uno es verdaderamente democrático. Hay temas conflictivos como el aborto, la eutanasia, la despenalización de la drogas. En tema de la vida, sobre todo, tenemos convicciones muy claras, no solamente por ser católicos. En asuntos que pueden llevar a fricciones con
–Usted ha dicho que siguen habiendo elementos del stroessnismo en el actual político de Paraguay. ¿Cómo abrirse un camino?
–Dos elementos muy importantes. El Partido Colorado y el remanente de Stroessner se ha identificado con el Estado, se han adueñado de todas las instituciones estatales y con una amplia discriminación en la participación de las personas. El mejor elemento para ser empleado público en Paraguay sigue siendo la afiliación al Partido Colorado; no la capacidad ni la formación. Hemos encontrado a lo largo de Paraguay a profesionales que por no pertenecer al partido oficialista no pueden acceder a una fuente de trabajo. Nos parece una injusta discriminación y creemos que podremos dar iguales oportunidades a todos.
–Usted no viene de una estructura político partidaria. ¿Quiénes lo apoyan?
–Hoy día el apoyo más explícito viene de los partidos estructurados: el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA); Encuentro Nacional;
–Usted ha dicho que no es estatista ni tampoco liberal. ¿Cuál es el plan económico que tiene en mente?
–No creemos en las fórmulas mágicas, no existen los milagros económicos. Yo creo que hay un proceso a inaugurar. Este proceso nacerá de lo más pequeño a lo más grande. Es decir, Paraguay todavía tiene como base social y económica la pequeña finca familiar campesina. Es la base de nuestra economía nacional. Desde allí puede ir naciendo un nuevo modelo en el cual no creemos en la ausencia total del Estado ni tampoco en un macro Estado que domine y administre todo. Queremos un Estado regulador que tenga su presencia, que dé las normas y direcciones económicas y sociales como política de Estado. Me llamó la atención en la reunión que tuvimos con los indígenas que la primera cuestión que plantearan es que el gobierno tenga una política de Estado en cuanto a los indígenas. Eso nos da la pauta de que los más pequeños, los más excluidos, están pensando en un país diferente, en un país más serio. Quiero revertir los graves desequilibrios sociales que sufre mi país, donde la mayoría vive en un nivel de pobreza y el 30 por ciento en la miseria absoluta. Soy crítico las recetas que vinieron de afuera y de arriba, como del FMI, el Banco Mundial y el Club de París; creo en aquellas que vienen de adentro y de abajo.
–Habló de una reforma agraria
–Sí. El tema de una reforma agraria integral es ineludible en un país donde hay grandes brechas en la tenencia de la tierra; hay una distribución escandalosa en la tenencia de la tierra en Paraguay y no se puede pensar en un país serio, con paz social, sin que se piense en una reforma agraria integral. Con el solo hecho de decir que no existe un catastro nacional de propiedad…
–¿Se expropiarán tierras?
–Eso lo contempla la ley ahora mismo. Ahora mismo ya se han expropiado muchas tierras. La ley y
–¿Podría plantearse nacionalizar los recursos? A semejanza de las medidas en Venezuela y Bolivia.
–Especialmente los grandes recursos energéticos y también del agua y las comunicaciones: creemos que un país no puede renunciar a sus grandes recursos naturales y energéticos porque eso le hace perder cierta estabilidad y solidez como Estado.
–¿Usted de quién se siente más cerca, más afín en proyecto político: de Chávez, Lula, Kirchner?
–Aunque quisiera estar, no lo puedo. No puedo estar cerca de Chávez, porque no tenemos 3 millones de barriles de crudo diario. Yo creo que estoy más cerca de Fernando Lugo. De un proceso hecho desde adentro, Paraguay tiene que hacer su propio proceso. Quizá habrá algunos elementos que se puedan acercar o identificar con los procesos regionales. Pero Paraguay tiene que hacer un proceso diferenciado, partiendo de su propia realidad.
–¿Cómo ve los cambios en la región? El ascenso de Rafael Correa en Ecuador, siendo que usted estuvo en sus primeros años de sacerdote trabajando como misionero en comunidades indígenas de ese país…
–Hay gobiernos que trajeron aire nuevo a la región, como es el caso de Evo Morales, quien rompió esa idea de que hacía falta un partido fuerte, con estructura, para alcanzar el poder, ya que mostró que desde los movimientos sociales también se puede. Los paraguayos no estamos solos. Podemos soñar con el pueblo argentino, ecuatoriano, venezolano, uruguayo, brasileño y buena parte del pueblo colombiano con un continente en el que el esfuerzo valga la pena. A Ecuador lo tengo siempre en el corazón. Mis mejores años los pasé allá y tengo recuerdos muy gratos. El proceso que vive Ecuador hoy día es muy interesante y está lleno de desafíos. Es un proceso de construcción diferente, con una gran participación de los indígenas. Eso nos robustece a los que queremos hacer un proceso diferenciado también en la región. Paraguay tendrá que administrar un proyecto de país que no esté alejado de los procesos regionales: no puede desentonar con los cambios de sus vecinos. (…).
–¿Qué plantearía con respecto al Mercosur y a las relaciones comerciales con Argentina y Brasil?
–Creemos que el Mercosur es válido, como todo proceso de integración, pero en tanto haya equidad y no tantas asimetrías en nuestras relaciones. El Mercosur no tiene que ser solamente económico y comercial, sino que tiene que ampliarse al plano político, social, cultural, para ir formando ese sueño de una patria grande. Hay dificultades en el tráfico comercial con Argentina y Brasil. Espero que el Mercosur pueda allanar el camino de integración. Yo suelo afirmar que mientras no se resuelvan asuntos de soberanía energética en cuanto a Yacyretá e Itaipú con Argentina y Brasil respectivamente, no podremos pensar en una paz social en la región. Puede ser que con la incorporación de Venezuela y Bolivia, el Mercosur esté en condiciones de darnos alguna ecuanimidad. Por otro parte, como Concertación y como nuevo movimiento que agrupa a muchas fuerzas es importante tejer redes con los países vecinos, porque nadie puede desconocer la realidad de los que tiene cerca. Una de las primeras políticas es la de buena vecindad.


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