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La Unión Soviética y la liquidación de la revolución bolchevique

En días pasados se han realizado diversidad de eventos para
conmemorar la gesta revolucionaria de 1917, encabezada por el pueblo ruso y dirigida, entre otros,
por un hombre brillante en el ejercicio de praxis política: V. Lenin.

 

Es evidente que este acontecimiento fracturó, de manera radical, la historia
contemporánea. Los retos creados por dicha revolución conmocionaron al mundo entero, y de una u
otra forma, durante muchos años, el panorama político no fue el mismo. El advenimiento de un actor
político como el proletariado, desencadenó nuevas formas de lucha y praxis que limitaron las
tradicionales formas de expoliación y explotación del capitalismo..

 

Propuestas organizativas, iniciativas económicas, la apropiación de la teoría de Marx,
Engels y Lenin, la elaboración de programas, y la invención de un proyecto político fueron, entre
otros, los elementos con que se dotó el pueblo ruso, organizado por medio de los soviets.

 

En la senda del capita

l

 

Esta experiencia histórica, ejemplar por la valentía, la conciencia y el compromiso
histórico del pueblo ruso, fue instrumentalizada lenta pero progresivamente por la figura
autocrática de Stalin y del partido único conductor de la revolución: el PCUS.

 

En efecto, es necesario insistir en las diferencias radicales existentes entre los
proyectos políticos liderados por Lenin y Stalin, y el tipo de estructuras organizativas
propuestas  para propiciar la organización de los campesinos y los
obreros. La muerte de Lenin impidió que esas diferencias fueran resueltas en medio de la lucha
política, lo que facilitó la imposición del stalinismo, con cuyas decisiones y prácticas fue
traicionado, sin lugar a dudas, el bochevismo. Se confirmó  de esa
manera lo anticipado y denunciado por la dirigente alemana Rosa Luxemburgo: en Rusia se está
empezando a dar una dictadura contra el proletariado y no del proletariado.

 

Decisiones y orientaciones stalinistas, que implicaron, por ejemplo, que la teoría
revolucionaria sustentada desde Marx, Engels y Lenin, se convirtiera en un decálogo o dispositivo
ideológico. La consecuencia más nefasta de este pensamiento transformado en dogma fue el
desmantelamiento de todo el potencial material trasformador del análisis y del método
revolucionario de la dialéctica. Con esa filosofía castrada de su potencial liberador fueron
formadas dos o tres generaciones de comunistas en el mundo entero-. 

 

Dentro de los manuales ideológicos y políticos diseñados por el
PCUS, y diseminados por el mundo entero, se puede rastrear la desnaturalización, entre otros, del
método de comprensión del fenómeno capitalista. La dialéctica será reinterpretada y
des-contextualizada, teniendo como referente algunas reflexiones de Engels, que en su libro
Dialéctica de la naturaleza, lo llevan a la tentación de sustentar que la misma naturaleza, por su
composición material, se comporta y se regula bajo las leyes de la dialéctica. Y esa reflexión
tiene profundas consecuencias: se asume y se difunde que la dialéctica de la naturaleza no solo
regula los procesos materiales-naturales sino que también regulará el de la historia. Y según los
mismos manuales, después de trasegar por el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo, era
inevitable el advenimiento del socialismo. Por lo tanto, la revolución se postergaba. Lo que
correspondía a los pueblos oprimidos y explotados era esperar y contemplar la caída del capitalismo
y del imperio. La praxis, dimensión política fundamental en la obra y la acción política de Lenin,
era relegada. La consecuencia de este tipo de interpretaciones y orientaciones políticas no fueron
pequeñas: el reformismo, el vanguardismo y la suplantación de los sujetos históricos se impusieron
por doquier

 

Si las determinaciones y el qué hacer de la praxis se le reserva
a una elite intelectual, política y económica –como lo es el Comité Central del partido–, se ve no
solo desnaturalizada la teoría revolucionaria, sino la misma politización de la sociedad, que es
uno de los objetivos políticos de Lenin en particular y de los bolcheviques en general.

 

Asimismo, como se sabe, el diseño de los planes quinquenales (proyección estratégica de
la Unión
Soviética
) no contó con la legitimidad y el apoyo de los pueblos que la
conformaron, sino que fueron impuestos por el estalinismo con la fuerza física. Se logró la
industrialización y la colectivización rural, pero a un alto precio en vidas humanas, en desajustes
de la naturaleza y en desarraigos nacionales. Vendría el desarrollo de las fuerzas productivas y de
su mano el capitalismo de estado.

 

Vivir igual proceso
económico industrial, le costó a Europa varios siglos, mientras que para el proyecto estalinista
fue cuestión de pocas décadas. Habría que mencionar, por lo tanto, los innumerables obreros y
campesinos que fueron sacrificados por esta concepción del progreso material, así como la
reivindicación de los cuadros políticos comunistas, anarquistas, trotskistas, exterminados por el
estalinismo en su afán por imponerse a como diera lugar.

 

Se puede considerar,
ante esta apología del desarrollo de las fuerzas productivas, que la experiencia soviética termina
subsumida bajo la lógica de un capitalismo monopolista de estado que posterga, de manera
indefinida, la emancipación humana, aquella de la que hablaba Marx en La cuestión Judía, como
proyección individual y colectiva de las potencialidades del ser social capaz de actualizar las
determinaciones del reino de la libertad.

 

Fenómenos como la
colectivización, la planeación, la centralización, la industrialización, así como el
fortalecimiento de una formación técnica científica, fueron, de por si, algunos de los logros
alcanzados en el desarrollo material de la sociedad soviética, pero estos desarrollos no pudieron
radicalizarse por que tales decisiones –de dimensiones estratégicas– fueron, discutidas, planeadas
y construidas sin los trabajadores y los campesinos organizados políticamente. Parece ser que la
misma despolitización de la sociedad rusa, que terminó descomponiendo el proyecto histórico, fue en
alto grado responsabilidad del elitismo estatal y de partido del PCUS.

 

Es necesario evidenciar estos errores y no olvidarlos para evitar su repetición. Es
forzoso precisar los proyectos políticos que han lesionado y deslegitimado el ideal humano del
socialismo, que como crítica a la alienación y enajenación del ser humano –en la sociedad
capitalista– nos debe deparar la claridad y la valentía, de manera dialéctica, para superarlos a
través del esfuerzo colectivo, del pensamiento y la acción, los cuales siempre deberán disponer en
el centro de sus reflexiones el factor humano.

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