
A la inmensa altura de 3.000 metros sobre el nivel del mar, por entre el naranja de los ladrillos de los barrios apartados de la inmensa Bogotá céntrica, aparecen como oasis, alternativas de vida que generan esperanza para quienes ya estamos cansados del desasosiego con que este sistema económico y social ahoga cada día nuestro paisaje. Una de estas alternativas se encuentra en el sureño barrio Juan Rey de la localidad de San Cristóbal, la eco Casa del suroriente, un espacio experimental nacido en noviembre de 2011 como una iniciativa piloto del Centro de investigación y educación popular (Cinep) para apoyar la consolidación de nuevos barrios ecológica y ambientalmente sostenibles en la ciudad.
Siete años cumple ahora esta experiencia, cuyo propósito ha sido el de transformar la relación mantenida por sus habitantes con el territorio, a través de dos procesos fundamentales: Un primer proceso que parte de la base de la educación ambiental para transformar de manera definitiva la forma en que se vinculan las prácticas alimenticias, buscando una alimentación soberana, recuperar la tierra y los cultivos ancestrales, así como emprender el uso de energías limpias y renovables. Es así como toda la casa está hecha mayoritariamente a partir de materiales de construcción que desde su producción tienen bajo impacto ambiental, posee un sistema de recolección de agua-lluvia, funciona con paneles solares fotovoltaicos y goza de una huerta con diferentes alimentos para su autoabastecimiento sin químicos ni transgénicos.
Y un segundo proceso de desarrollo cultural alrededor de la casa, que teje los saberes y las experiencias del barrio con la magia de la expresión artística, el teatro, el circo, la danza, la música o las artes plásticas, las cuales con ayuda de la educación comunitaria y popular siembra nuevas formas de relacionamiento para poder ir cosechando poco a poco soluciones factibles contra los problemas más apremiantes que como generación nos corresponden.
De eco casas a eco barrios
La eco-casa es un ejercicio que hace parte de un proyecto mucho más antiguo: los eco barrios, experiencia que toma fuerza desde el 2005 en el sur oriente bogotano; Héctor Álvarez Cubillos es el líder barrial que desde hace varios años ha abanderado esta propuesta. Los eco barrios son alternativa para reordenar el territorio con una activa participación comunitaria, incentivando un “pacto por la vida” entre todos los actores que habitan el territorio. “Son acuerdos, una suerte de negociación cultural, entre los mismos vecinos, empresarios y el Estado. Ello, en torno a dos premisas: que nos quedamos en el territorio y, segundo, la forma como nos queremos quedar” (1).
Su propuesta de eco barrio reconoce tres dimensiones para que la propuesta sea sostenible: lo ecohumano, lo ecoambiental y lo económico. Una primera arista de este triángulo, lo ecohumano, propende por un sujeto más consciente y responsable con su entorno, que logra rescatar su papel como parte de la naturaleza y es sensible al espíritu del territorio. Por otro lado, lo ecoambiental, que abarca prácticas, discursos y saberes relacionados con el cuidado ecológico y la custodia de la tierra. Y, por último, la dimensión económica, orientada a la administración del territorio y al aprovechamiento sostenible del entorno: donde encuentren asidero alternativas económicas coherentes con el cuidado del medio ambiente, como base suficiente para la financiación del nuevo modelo. Este experimento nació en los barrios Manantial, Corinto, Triángulo alto y Triángulo bajo, de la localidad de San Cristóbal, del cual la Eco-casa de Juan Rey es otra de sus apuestas.

La idea es que el barrio se componga de ecocasas con 3 condicionamientos básicos para su construcción: 1) que sea cismo-resistente, 2) que sea armónica con el medio ambiente y 3) que recoja los rasgos culturales del territorio. No puede construirse más en ladrillo ni cemento en Los Cerros, pues el impacto ambiental de la minería es muy fuerte en el modelo económico y urbanístico, de ahí que la idea central sea que la misma comunidad vaya incorporando en su diario vivir prácticas tan sencillas como naturales: promoviendo la agricultura urbana –instalando composteras caseras y cosechas de maíz, lechuga, cebolla, apio, perejil, curuba, etc–, ponerle un alto al ladrillo y al cemento, construyendo casas de madera, guadua y materiales sostenibles, cismo-resistentes. Sacarle jugo a la luz solar para iluminar las viviendas y también aprovechar las aguas lluvias para todo tipo de quehaceres en el hogar; incluso consolidar guardias urbanas que ayuden a cuidar y vigilar los territorios de personas, o poderes económicos extraños que se quieran adueñar del territorio e impactar negativamente el frágil ecosistema.
Por su parte la eco-casa del suroriente también propone una propuesta de eco barrio como forma de mitigar los espacios de alto riesgo en la ciudad; hacer en los Cerros Orientales pactos de borde, y en esos bordes, ecobarrios o una red de los mismos, con desarrollo local sostenible, donde la gente tenga una opción de vida digna, una propuesta para la ciudad y hasta un plan piloto para el mundo; planear el hábitat de manera participativa, desde la forma en que se organice el salón comunal, las escuelas y los parques; lo que implica apropiación de la ciudad y exige de la comunidad mayor cualificación para poder entender cómo reorganizar sus territorios desde ellos mismos,en equilibrio con el entorno.
El derecho a la cultura y a la educación artística
Otro de los ejes de construcción de la ecocasa es la reivindicación por las expresiones culturales y artísticas del territorio, pero como vemos, la ecocasa más que un centro cultural es un proceso social que a través del teatro, la música y el arte en general, penetra en el sector intentando generar tendencias que repercuten en toda la sociedad. Amadeo Gómez, uno de los habitantes y líderes de la Eco-casa comenzó con talleres de malabares y de teatro, realizando convocatorias en los colegios y en los parques, donde poco a poco se fueron vinculando chicos y chicas del barrio.
En este sentido el proyecto cultural también vincula la educación popular donde cada quien pone en juego los saberes recolectados a lo largo de su vida y los ofrece a los demás, en un proceso donde no se trata de jerarquías en que el profe viene a enseñar algo, sino de un compartir de ideas, de pensamientos, un hacer diálogos con lenguajes, como el artístico, donde,a partir de la confianza construida en los talleres, actividades y festivales, se tejan las relaciones que el territorio necesita para vivir en armonía.
Según Amadeo: “La idea es mostrar la necesidad de que existe un derecho a la cultura, y nosotros poderles brindar ese derecho, un derecho a la educación artística. Al ser un proceso de educación popular intentamos no institucionalizar demasiado lo que nosotros le brindamos a los chicos, esto no quiere decir que no tenga rigurosidad ni sentido de investigación o fortalecimiento académico, pero en este proceso de intercambio nos damos cuenta como todos ellos tienen grandes ideas, intentamos hacer que reconozcan las tantísimas capacidades que tienen estos jóvenes y las muchas cosas que pueden ofrecer a la sociedad”.
Es así como, a través de estos encuentros y talleres artísticos los jóvenes aprovechan su tiempo libre en otras dinámicas que no son la calle, tratando de que los procesos vayan mostrando otra imagen de los jóvenes, que no se estigmatice a las personas de la loma como consumidores de drogas o ladrones, y combatir los miles de estigmas que existen a diario por vivir en el sur, en la loma. La importancia de la eco-casa, en la forma como está estructurado el entorno, es que la comunidad y la sociedad en general aprovechan otros espacios para conocer cosas nuevas no ofrecidas por la misma estructura histórica en que nuestra sociedad está organizada.
La eco-casa constituye un espacio agradable para la juventud, quien es más receptiva a las actividades que de allí emergen, pero entre los numerosos problemas que sobrelleva, que no faltan, es necesario sumar a los adultos, quienes son los más reacios a este tipo de actividades. La seguridad es otra de las mayores dificultades, pues “los amigos de lo ajeno” no descansan y en varias ocasiones se han llevado los materiales,con la dificultad para reponerlos pues si algo es complicado es aquello de encontrar un apoyo monetario y social constante para poder permanecer en la casa trabajando.
No obstante, lo más importante y fundamental es que a través del trabajo duro y la autogestión hace 3 años se pudo comprar el terreno, pues el lote empezó siendo apenas un comodato, hoy es una isla más de libertad y autonomía abierta para todos, que gracias a la solidaridad de personas que reconocen su respectivo valor,ha logrado juntar un fondo suficiente para la construcción de un teatrino en la parte de atrás de la eco-casa. De ahí que una de las características que mejor definen el trabajo cultural y comunicativo que se adelanta en de este espacio es la metodología del trueque, pues el objetivo de la eco-casa es demostrar que el beneficio no solamente se mide en el terreno del consumismo económico, sino también en la alegría de compartir, en hacer trueques, trueques de abrazos, de cariños, de sentires.
Según Amadeo: “Este proyecto es como mi propia vida, es una decisión de vida que uno ya toma y como artista o como profesor de teatro es una bendición tener un espacio en el cual vivir una vida plena como uno la quiere vivir.Pues la elección de ser feliz la tiene uno en sus manos, que no depende de lo material, ni de lo económico, o de lo que nos ofrece la calle con todos sus peligros, depende de uno mismo, y que si uno quiere hacer cosas para ser feliz, simplemente hay que lanzarse a hacerlas, y probar, hacerlas simplemente no ponerse límites o barreras”.
De igual manera lo reafirma Claudia Casteblanco, quien también vivió en la eco-casa: “La experiencia de vivir en una eco-casa es demasiado satisfactoria pues es una elección de vida diferente, despojarle nuestro tiempo y nuestras energías al consumismo, vivir en armonía con la naturaleza, que implica dejar un modelo que pone el énfasis de la felicidad en objetos propuestos por la publicidad y que perjudican el equilibrio de nuestro planeta, más bien sabiendo valorar los regalos que la misma naturaleza nos ofrece todos los días” (2).
La eco-casa es un eco de voces que por fin encuentran oídos prestos a escuchar, pues las alertas están puestas y el llamado que hace nuestro planeta por su cuidado no da más espera. La eco-casa es un proyecto que,entorno a la comunidad, la pedagogía, el medioambiente y el arte, nos marca la pauta en una organización social de nuevo tipo, imprimiendo grandes avances a partir del arduo trabajo de estos 7 años, en que los jóvenes y adultos pueden aprovechar su tiempo libre y reconocerse en sus derechos y deberes como habitantes de un barrio, una ciudad, un país, un territorio vivo, y a través de ello también demostrar que hay muchas formas de vida posibles, diferentes a la que nos tocó vivir (3); formas de vida que pasan por lo colectivo, lo comunitario y lo solidario, todas ellas partes fundamentales de otro modelo de ser y vivir el actual momento y de proyectarnos como comunidad hacia un futuro otro, uno donde una mano y otra se encuentran no para rivalizar sino para complementarse, a través de un diálogo desprevenido de saberes y de sueños, telón de fondo de una vida otra que está en construcción a través de infinidad de pequeñas experiencias colectivas existentes por todo el territorio nacional.
1 Entrevista realizada en El Espectador: https://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/ecobarrios-en-bogota-una-apuesta-por-el-equilibrio-de-los-cerros-articulo-685193
2 Entrevistas tomadas de https://www.youtube.com/watch?v=2og2lZmL1YU https://www.youtube.com/watch?v=A93MltjvU7A
3 Por la eco-casa también han pasado la organización ambiental vilvago, la organización artística Huaira teatro, Circopatas, colectivo audiovisual el ojo loko y muchas más.



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