referencia al pasado reciente delconflicto armado, o a su futuro mediato o inmediato. La magnitud
delacontecimiento lo convierte en buen punto de partida para desarrollar dosreflexiones
significativas en la coyuntura. Una de ellas se relaciona concaracterísticas organizacionales de las
farc-ep y cómo se deben tener en cuentapara valorar las hipótesis que circulan sobre su
fragmentación. Una segundareflexión, construible a partir de lo dicho alrededor de la muerte de
aquél,versa sobre el tema de la paz y un escenario de posconflicto en que hayagarantías de su no
repetición.
Un lugar común de la información que sedifundió poco después de
aquella muerte: que resulta probable que las farc sefragmenten, producto de las disputas internas
por el poder en la organizacióninsurgente, de lo que sigue una probable implosión y fragmentación de
laorganización (El Tiempo, 28 de mayo, 2008). Otro lugar común: que esa muerte seconstituye en un
golpe a la organización subversiva, lo cual, sumado a otros yabien conocidos por su amplia difusión,
señala que con Marulanda “se muere lahorda que dirigía” (El Tiempo, 27 de mayo, 2008), en las
ligeras palabras de uncolumnista de los que clasifican la violencia en buena y mala, y que, como
tal,celebran una mientras condenan otra.
En las piezas informativas que
cayeron enestos lugares comunes se encontraba implícita o explícita la idea de que elEstado está
ganando la guerra y que las farc se resquebrajan rápidamente. Antea esas opiniones hay dos
interesantes afirmaciones interrelacionadas: 1) laestructura organizacional de una formación
insurgente está diseñada paraenfrentar los altos niveles de incertidumbre con los que convive, por
lo cualno es esperable un resquebrajamiento; y 2) no es deseable la victoria militarde ningún actor
armado si lo que se pretende es una paz positiva* y unescenario de posconflicto que garantice la no
repetición de la violencia y lasbarbaridades que la han acompañado. De lo anterior se sigue que, si
el Estadoestá ganando la guerra, ese no es un escenario positivo (¡herejía!) para laconsecución de
una paz positiva y el establecimiento de garantías de norepetición.
Respecto a la primera afirmación, la muertehace parte de la cotidianidad de una
organización insurgente, y en ese sentidoésta maneja un alto nivel de incertidumbre sobre la
permanencia de cada miembroen la estructura. En otras palabras, una guerrilla “no cuenta con nadie”
y seorganiza de tal modo que ninguno de sus miembros resulte indispensable. Decirlo anterior no es
desconocer la importancia simbólica y práctica de Marulanda–lo que sería un despropósito– pero
apunta a visibilizar el hecho de que,aunque fuera un elemento destacado, la estructura organizativa
de las farchabía previsto siempre la posibilidad de que faltara, y para ello contaba comomecanismo
de ajuste los suplentes del secretariado.
Ni tan inminente desmoronamiento
Es más: la muerte de Marulanda era
previsible.Era un octogenario con expectativa de vida corta, y hasta es dable pensar queél mismo no
esperara su liderazgo en las farc por mucho más tiempo. Con base enesto, la hipótesis de un
desmoronamiento de esa organización tiene poco asideroy, por el contrario, es altamente probable que
el relevo ya se hubiesedefinido; la implosión de las farc es una hipótesis formulada desde el
deseo.Además, su implosión y su fragmentación son aún menos probables en lascondiciones actuales de
la guerra, cuando por la reciente dinámica de loscombatientes que quedan en las farc son cada vez
más los del “núcleo duro”,dispuestos a morir en la selva antes que entregarse (así lo menciona
Karina).
Pasando a la segunda afirmación, que al mismotiempo es entrar en
la segunda reflexión, la idea que las farc se estándesmoronando y fragmentando hace parte de los
“hechos incontrovertibles” quellevan a crear la opinión de que la victoria del Estado es inminente.
Así, lamuerte de Marulanda es un golpe de gracia a las farc y constituye un avance máshacia la
victoria estatal, que en nuestro país se iguala en los medios masivosa conseguir la paz. Muerto
Marulanda, todos se aventuran a presagiar lainminente llegada de la paz, por vía de una entrega de
la guerrilla en unproceso de Desarme, Desmovilización y Reinserción (DDR, los más), o
poraniquilamiento militar (los menos). Se quiere argumentar, aunque caigan impro-perios y
estigmatizaciones por ir con la corriente belicista dominante, que noes deseable esa paz a la que se
hace referencia en la oración anterior, y quelas causas de la libertad, la paz y la vocación
histórica de ser más como sereshumanos nunca se podrá alcanzar por medio de la guerra, no con la
victoria deninguno de los bandos enfrentados en el largo conflicto armado del país.
Muchos
argumentos apoyan la anteriorafirmación, que va a contracorriente de la inmensa mayoría, pero acá se
daránsólo dos. De un lado, en el escenario en que las fuerzas estatales logren laderrota militar de
las farc, lo más probable es que la violencia, en vez dedetenerse, se extienda y pierda su carácter
político, y la sociedad se veaenfrentada a un fenómeno más complejo que el de la violencia política.
El ejército,por poderoso que sea, no logrará acabar con todos los combatientes, pero sepuede lograr
la desestructuración de la organización, desmontar sus redeslogísticas y sus formas de
financiamiento, y romper su unidad de mando:dispersarlas y desjerarquizarlas.
Si eso
sucede, quizá se asista a unatransformación de la violencia en que ésta pierda su carácter político
y tomeuno criminal. Esto es, no existen tipos de violencia catalogables como tipopuro, netamente
política o criminal, y es evidente que en ocasiones las farcejercen una violencia más criminal que
política, pero en términos generales esposible caracterizar su violencia como política porque
persigue el gobierno dela población. Una vez rota la unidad de mando y con ello disuelto el
direccionamientode la violencia en función del gobierno de la población, se estará ante unasituación
en que en lo local haya grupos de combatientes rasos poseedores del“saber cómo” de la violencia pero
no un direccionamiento. Así, habrá una fuerzadisponible de empresarios de la coerción dispuestos a
vender sus servicios acualquier postor, y ahí estarán el dinero y los intereses del
narcotráficoprestos a explotar estas condiciones, desatando una violencia criminal, entanto no busca
el gobierno de la población en un territorio dado sinopropósitos privados (nuevamente, toda
violencia criminal tiene algo depolítico; no hay “tipos puros de violencia” pero pudiera tener
característicasmás criminales que políticas).
¿Hacia una acentuación de la
violencia?
Lo anterior
señala que no es deseable lavictoria militar estatal porque ésta, en un conflicto armado interno, es
ladesestructuración de la organización que compite por el monopolio de laviolencia en un territorio
dado, y no su aniquilamiento total. Una victoriamilitar que no implique cuando menos un proceso de
DDR sólo significaráprofundizar el problema de la violencia en el país y no su resolución. En elcaso
del escenario en que la guerrilla, en vista de una derrota militar, decidaentablar una negociación
es menos grave que el escenario anterior, pero tampocoes deseable. Si la guerrilla llega derrotada a
la mesa, lo único que puedenegociar allí son las condiciones de su desarme, desmovilización y
reinserción,y en una negociación de ese tipo no se dan condiciones que garanticen la norepetición de
lo sucedido desde 1964.
En un proceso de DDR entre el Estado y lasfarc, sólo se puede
conocer la mitad de la historia de barbarie e ignominia delconflicto. Serán borrados de la memoria
colectiva los crímenes del Estado, susmasacres, sus asesinatos, sus torturas, sus desapariciones,
etcétera, y peoraún, no se desmontarán ni se transformarán las estructuras estatales quecometieron
esas aberraciones, y no se retirará a los victimarios de los puestosdesde los cuales puedan volver a
cometer esas atrocidades. Por lo último, no segarantiza la no repetición, y por lo primero la
sociedad habrá hecho unejercicio de autocrítica colectiva en que se reconozca que hay unos
límiteséticos que no pueden ser traspasados, en especial que no hay motivos válidospara matar a
nadie y que ninguna violencia es buena. Esa reflexión colectiva,ese reconocer lo que pasó y condenar
sin tapujos ni exclusiones la violencia detodos los bandos son una condición necesaria pero no
suficiente para garantizarla no repetición.
La negociación política para
solucionar elconflicto armado es el plan B de los grupos armados enfrentados, pero no puedeser el de
la sociedad en general ni el del movimiento social en particular. Lanegociación política y la
construcción de la paz tienen que ser un acto dereconciliación e reingeniería social que subsane las
causas generadoras delconflicto (el monopolio elitista del poder, la exclusión social y
económica,entre otras) e imbuya hasta los tuétanos a la sociedad en un rechazo tajante ytotal a esos
métodos que mancillan la dignidad humana y que se justifican enpos de los objetivos más altruistas
por parte de todos los actores.
* Brevereferencia a la definición de los conceptos de paz negativa y
positiva enGaltung.


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