América Latina es la región del mundo que concentra la mayor biodiversidad, y es también la más violenta con las mujeres y la naturaleza. El que viola las mujeres destruye la selva, escribe Eliane Brum en su crónica periodística desde la Amazonia (1), y se puede añadir que, al mismo tiempo, también despoja a los pueblos indígenas. La región tiene los más altos índices de femicidio en el mundo y es donde son asesinados el 88 por ciento de los defensores de la naturaleza a nivel global (2). Son formas de violencia que parten del mismo proceso de apropiación que fragmenta la vida y divide a la naturaleza, en sus formas humanas y no humanas, para tomarla como recurso.
¿Qué tienen en común las mujeres y los defensores de la naturaleza? Ambos son desvalorizados como objetos de consumo. Ambos buscan su libre determinación, sobre sus cuerpos y sus territorios, resistiendo el despojo. Aunque existen nuevos paradigmas como los derechos de la naturaleza, proteger la biodiversidad requiere corregir relaciones de dominación.



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