Rusia y Ucrania acceden a negociar cara a cara, con profundas brechas y bajo la presión de EEUU y la UE
Una explosión de un misil balístico ilumina el cielo de la ciudad enun ataque con misiles y drones rusos, en medio del ataque de Rusia a Ucrania, en Kiev, a 24 de abril de 2025.Gleb Garanich / REUTERS

Estambul acogerá una reunión clave entre rusos y ucranianos con grandes recelos de ambas partes: Kiev exige una tregua previa y Moscú opta por ampliar su ventaja militar.

12/05/2025. Ucrania y Rusia han accedido a celebrar el próximo jueves un encuentro en Estambul para tratar de avanzar hacia el fin de la guerra que enfrenta a ambos país. Las espadas están en alto y no hay muchas esperanzas de que la eventual reunión llegue a buen puerto. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, exige un alto el fuego previo y reta a su homólogo ruso, Vladímir Putin, a hablar cara a cara en Turquía.

El Kremlin, que propuso la reunión sin concretar sus participantes, no cede ante la presión de Kiev y sus aliados europeos, y prefiere seguir con sus conquistas militares para reforzar las opciones rusas en una negociación de paz.

Este lunes, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha llegado a sugerir que podría participar en un eventual encuentro entre Putin y Zelenski en Turquía si eso sirviera para algo. “No sé dónde estaré en ese momento en particular. Estaré en algún lugar de Oriente Medio, pero volaría allí (a Turquía) si creyera que es útil“, ha afirmado Trump a la prensa antes de comenzar esa gira exterior, a Arabia Saudí, Catar y Emiratos Árabes, la primera desde que juró su cargo el 20 de enero.

Pese al aparente entusiasmo de Trump para mediar entre Putin y Zelenski, las cosas no son tan sencillas y la brecha entre Rusia y Ucrania es enorme, no solo en las demandas para concluir un armisticio, sino también en la hoja de ruta para negociarlo.

Kiev quiere una tregua previa. Moscú la rechaza y pide ir al grano

Rusia se niega a aceptar el alto el fuego que exige Zelenski, incondicional y durante al menos un mes, por las formas y por el fondo. El Kremlin jamás aceptará una imposición que viene además respaldada por las presiones de sus principales adversarios en Europa –Reino Unido, Francia, Polonia y Alemania–, cuyos líderes escenificaron este sábado pasado en Kiev, junto a Zelenski, una llamada a Donald Trump para mostrar lo aislado que está Putin. Un exceso de confianza que no tiene en cuenta la complicidad del presidente ruso con su colega de Estados Unidos.

La alta representante para Política Exterior de la Unión Europea, Kaja Kallas, ha acusado este lunes a Rusia de intentar ganar tiempo y exigió a Moscú que demuestre “su buena voluntad de sentarse a dialogar con los ucranianos”. El problema de Bruselas es que insiste en participar en un proceso de negociación donde no la quieren ni el Kremlin ni la Casa Blanca.

En esta situación, la UE ha recurrido de nuevo a la coerción con Rusia y la ha amenazado con una nueva tanda de sanciones si no acepta la tregua propuesta por Zelenski. La respuesta del Kremlin ha sido inmediata: “El lenguaje de ultimátum es inadmisible. No se puede hablar con Rusia con ese lenguaje“, indicó Dmitri Peskov, portavoz de la Presidencia rusa.

Tras esta advertencia, Moscú se ha cerrado más si cabe a la posibilidad de detener los combates, también porque los mismos aliados europeos de Kiev que exigen a Moscú que haga callar sus cañones, en ningún momento se han comprometido a suspender sus multimillonarias entregas de armas al ejército ucraniano.

Rusia no se fía de lo que hará Ucrania en un alto el fuego

El Kremlin desconfía de los pasos que pueda dar Zelenski en ese mes de tregua, precisamente porque en ese periodo sin combates es más fácil hacer llegar más partidas de esas armas occidentales al frente y Kiev puede acometer un recambio de tropas que ahora no parece ser capaz de realizar.

En estos momentos, en una mesa de negociación Ucrania tiene todas las de perder, sobre todo, tras su derrota en la región rusa de Kursk, invadida parcialmente en agosto pasado por tropas ucranianas y ahora recuperada por Moscú. Y un mes de alto el fuego, tal y como cree el Kremlin, podría permitir al ejército ucraniano reagruparse en verano en el norte y atacar Kursk, la vecina Bélgorod o cualquier otro punto débil de la frontera rusa.

Tal iniciativa bélica no cambiaría mucho el curso de la guerra, pero daría a Kiev mucha más fuerza en unas negociaciones y, sobre todo, influiría en el voluble Trump para que reconsiderara por enésima vez sus opciones en este conflicto.

Zelenski tiene muy en cuenta que Trump está perdiendo la paciencia con la nula voluntad de los rusos y también de los ucranianos para negociar una paz, y es lógico que quiera obtener mejores cartas antes de que se produzcan esas inevitables negociaciones.

O que Kiev se vea desprovisto del inestimable apoyo estadounidense como ocurrió hace unos meses, cuando el corte de ese apoyo militar y de inteligencia sentenció la suerte de Kursk y permitió su recuperación por Rusia. Si eso volviera a ocurrir, no se hablaría ya de negociación, sino posiblemente de la capitulación de Ucrania.

Trump mueve ficha

Con las cartas sobre la mesa, ahora todo el mundo mira de nuevo a Washington, pues Trump, que ya reclamó este fin de semana a Zelenski que aceptara el diálogo con Rusia e inmediatamente el líder ucraniano accedió a negociar en Estambul, podría incrementar su presión sobre los contendientes para que, con tregua o sin ella, acaben por aportar alguna salida útil en la reunión (ya veremos si será cumbre, incluso a tres bandas) de la ciudad turca.

“Las negociaciones no pueden estar supeditadas siempre a condiciones previas que solo prolongan el conflicto“, afirmó Trump en alusión a la tregua demandada por Zelenski y sus amigos europeos. Tras aceptar la reunión de Estambul, Zelenski presentó la participación ucraniana como una desafío al líder ruso y le retó a acudir en persona al encuentro, en principio previsto para que delegaciones de ambos países por primera vez de manera pública presentaran sus condiciones iniciales.

Con el reto de Zelenski y la posibilidad de que Trump se presente en el evento, el encuentro de Estambul se parece demasiado a una pelea de gallos.

Este giro de Trump deja de lado sus demandas de las últimas semanas en las que pedía también a Rusia que aceptara esa tregua de un mes propuesta por Zelenski. Ahora la estrategia del presidente estadounidense ha pegado un nuevo bandazo.

Y por si no estuviera claro que prefiere no presionar demasiado a Putin y que sí puede hacerlo con Zelenski, el inquilino de la Casa Blanca lanzó un impaciente mensaje en su red Truth Social: “Estoy empezando a dudar de que Ucrania logre un acuerdo con Putin”.

De momento, Zelenski aguanta e insiste en denostar a Rusia como la única que rompe las treguas. “Rusia debe demostrar su compromiso con la paz; no solo con palabras, sino con hechos”, señaló. Sin embargo, tanto él como sus aliados europeos obvian que en la tregua de Pascua, por ejemplo, hubo tantos drones ucranianos como rusos violando ese alto el fuego.

Marco Rubio también estará en Turquía, con la OTAN

A pesar de las oscilaciones dialécticas de Trump y de sus órdagos, su Administración sí parece empeñada en alcanzar algún tipo de acuerdo con rusos y ucranianos, y que éstos lleguen al menos a sentarse a negociar, con tregua o sin tregua. Si se hace sin alto el fuego, la bofetada será para Zelenski y los colegas europeos, con la consiguiente victoria diplomática para Putin, y eso no parece desagradar en Washington.

De momento, esos mismos días en los que se espera que se celebre el encuentro ruso-ucraniano estará en Turquía el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, para reunirse con ministros de Asuntos Exteriores de los socios de EEUU en la OTAN entre el 14 y el 16 de mayo. La agenda de este encuentro tiene entre sus temas prioritarios la guerra de Ucrania y las opciones para detenerla por medios diplomáticos.

La OTAN ha quedado tocada políticamente desde la llegada de Trump al poder en enero, con la amenaza de su Administración de desentenderse progresivamente de la Alianza, pese a que hace medio año EEUU aún era su líder indiscutible y llevaba las riendas de la confrontación con Rusia.

Todo ha cambiado y en estos momentos, una reunión como ésta de Turquía, en la que Ucrania pinta ya poco, pues su candidatura a la OTAN ha sido rechazada sin contemplaciones por el propio Trump, puede ser clave, sin embargo, para que Washington presione a sus aliados europeos de la Alianza a fin de que dejen de poner palos en la rueda de esas posibles negociaciones directas entre rusos y ucranianos sin tregua de por medio.

La estrategia rusa en estos momentos reside en no negarse a negociar con Ucrania, aunque un encuentro directo entre Putin y Zelenski no parece muy probable. Salvo, claro está, que las negociaciones para un armisticio estuvieran ya muy avanzadas y que las demandas rusas vayan a ser atendidas. Y entre esas demandas figura el reconocimiento de sus anexiones, equivalentes a una quinta parte de Ucrania. Tal aceptación, sin embargo, sería el fin político de Zelenski y el reconocimiento de la derrota ucraniana y europea en esta guerra.

En todo caso, al tiempo que admite esa posibilidad de negociación, Rusia apuesta por mantener la presión bélica de manos de su iniciativa militar. Los próximos meses serán decisivos, pues Moscú tiene abiertas varias direcciones de avance hacia el interior de Ucrania y, aunque el ejército ucraniano resiste, la falta de tropas de refresco y la necesidad ingente de municiones podrían ocasionar la caída de algunos de esos frentes.

A Kiev le preocupa mucho el avance ruso hacia Dnipropetrovsk, en el centro de Ucrania, donde el ejército del Kremlin ha dejado a un lado la línea de combate de Donetsk para enfilar hacia esa región donde espera menos resistencia que en el Donbás. Pero también sigue con mucha alarma la presión rusa en Járkov, en el norte, donde, tras la derrota ucraniana en Kursk, se están concentrando las fuerzas rusas, que podrían superar en cualquier momento las líneas ucranianas.

En estas circunstancias, no parece que Moscú vaya a aceptar un alto el fuego y seguirá apostando por la ventaja militar para imponer las condiciones más duras a Kiev en una eventual mesa de negociaciones. En una hipotética reunión en Estambul entre Zelenski y Putin, éste exhibiría demasiados ases sobre la mesa de juego como para que el líder ucraniano pudiera siquiera lanzar un solo farol capaz de confundir a Trump.

Información adicional

Autor/a: Juan Antonio Sanz
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Fuente: Público

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