
Bienvenidxs a la anarquía, se inspira en “La moral anarquista” (1889)de Piotr Kropotkin, libro que comprende la moral como una práctica ética basada en la tesis: “hagamos a los otros lo que quisiéramos que hicieran por nosotros en las mismas circunstancias”. Esta idea desplaza la jerarquización de valores que en la modernidad se imponen como moral. “El deber”, “la felicidad”, “la obediencia”, son valoraciones abstractas. Para Kropotkin, la moral surge de un estudio etológico en el cual se entiende que es el apoyo mutuo el factor por el cual las especies permanecemos y evolucionamos. Así, su postura antimetafísica y asumida en la cotidianidad de la vida, presenta que la base de las relaciones horizontales y la libertad anarquista es una moral solidaria. Este artículo pretende presentar la apuesta del autor ruso a la luz de nuestro presente.
Vivir con pasión obedeciendo a la soberanía y poder de nuestro ser único. Esta tesis puede ser una definición de la anarquía que, convertida en la apuesta política de luchar por la libertad individual, las relaciones solidarias y horizontales se llama anarquismo (aunque también le duele los “ismos”).
La postura anarquista está lejos de ser un ensalzamiento del desorden o una teoría que tiene como objetivo la eliminación del Estado.
Esta singular manera de plantear un esquema social es, ante todo, una apuesta ética que inquiere la autorregulación, autoorganización y la horizontalidad de cada una de las personas apelando para ello a la capacidad de elegir y actuar en beneficio de nosotros mismxs y de lxs otrxs.
Una de las figuras más recordadas del anarquismo, al desarrollar durante el siglo XIX La moral anarquista en un libro que lleva este mismo nombre, propuso el siguiente planteamiento: hagamos a los otros lo que quisiéramos que hicieran por nosotros en las mismas circunstancias. Las palabras sencillas y honestas de Kropotkin, han llevado a comprender que la anarquía como su etimología lo indica es un sin-principio/sin-orden pues ¿para qué ordenamientos o principios cuando sabemos cómo actuar y convivir colectivamente? ¿para qué normativas externas a nuestras deliberaciones más íntimas si sabemos tejer redes horizontales que, a su vez, ayudan a preservar lo más valioso que tenemos, a saber, la vida?
Nuestras relaciones con amigxs, parejas y cada uno de nuestros seres queridos, atestiguan la solidaridad y el hecho de actuar con el otrx como nos gustaría que nos trataran. Todo ello lo hacemos, en la mayoría de los casos, sin pensar en las sanciones punitivas que conllevarían el comportarnos de manera agresiva con otrx. De aquí que el anarquismo no sea una teoría que intenta acabar con el Estado, esto sería una consecuencia del saber sostener relaciones con otrx sin un intermediario y que potencian y expanden toda forma de vida.
El anarquismo es un grito apasionado que reclama la capacidad de vivir conforme a nuestrxs apuestas éticas. La anárquica anarquía es el accionar la solidaridad y el compartir con todo ser en una relación horizontal donde el poder es la capacidad de hacer y de expandir nuestras potencias y fuerzas con otrxs –distinto a la definición de poder como capacidad de someter–.
La anarquía es libertad de actuar por y para mí mismx. La anarquía es vivir, conocer, conocerme y conocerte en la medida en que existo como individux gregarix.
Cabe decir entonces que la mala fama que se ha ceñido sobre el anarquismo desde sus comienzos en el siglo XIX hasta hoy, es solo eso, fama producto del desconocimiento de su propuesta y de la mala prensa liberal. Esta propuesta parte del reconocimiento del ser ético y del clamor porque cese la explotación de toda forma de vida.
En mis cursos sobre anarquismo era recurrente entre mis estudiantes la pregunta por “el triunfo del anarquismo”. Al parecer se cree que el triunfo del anarquismo tiene que ver con la realización de una utopía o con la aniquilación de las estructuras sociales, políticas y económicas derivadas del capitalismo, el patriarcado y el Estado, pero nada más lejos de ello (aunque su consecuencia directa sea el acabamiento de toda estructura de dominación y opresión). El anarquismo triunfa cuando cada unx de nosotrxs nos asumimxs como anarquistas. No me refiero a ir por el mundo portando una A encerrada en un círculo con actitud de “rebelde sin causa”. El simbolismo estético poco importa para la anarquía (pero sí la resistencia, incluso en lo simbólico). Garantizar una existencia que me pertenezca, una vida en la cual el único protagonista soy yo está más cercano a una forma y tendencia de la anarquía –una forma de las diferentes que existen actualmente como el anarcafeminismo, el anarquismo/ontológico, el anarcoprimitivismo, entre otros como el anarquismo/verde, el anarquismo/antiespecista, postanarquismo, etcétera.
No desconozco que también existen tendencias más radicales dentro del anarquismo, que no tengo la necesidad de mencionar porque son más conocidas gracias a los detractores del anarquismo, entusiastas de su mala fama. A mí me es lícito hablar de las virtudes y aciertos que presenta esta propuesta y que pueden ayudar a dar soluciones a nuestros difíciles y violentos contextos sociales. Considero es a lo que todxs, desde nuestras diferentes perspectivas y más acá del régimen de opinión vacío, tendríamos que apuntar hoy en día: buscar soluciones.
Permítaseme por favor invitar a cada unx de ustedes a ser anarquista haciendo a lxs otrxs lo que quisiéramos nos hicieran a nosotrxs en las mismas circunstancias, regando el virus de la solidaridad y el apoyo mutuo, asumiendo la autonomía de actuar bajo mis propias elecciones y haciéndome responsable de las mismas, esto es, en otras palabras, una invitación a vivir en anarquía.
En esta medida, invito también a que más allá de buscar culpables de las crisis económicas, política, social y ante todo moral de nuestro horrendo presente, en el cual la vida ha cesado de ser valiosa, procuremos dejar la negligencia que esconde el buscar culpables y desarrollemos soluciones éticas en nuestros entornos más cercanos, porque son estas más efectivas que los punitivismos. Soluciones que nos permitan mejorar la relación con el medio ambiente, con las otras especies, entre nosotrxs mismxs y en general con la vida para devolverle el sumo valor del que la hemos ido despojando –encontrando justificaciones para arrebatarla a otro ser.
En todo caso, como también anotaba Kropotkin al finalizar su escrito sobre La moral anarquista, ante la invitación de vivir la anarquía, “a ti te toca escoger”.

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