“Todo lo que está pasando en Gaza y Cisjordania es un negocio”
Esta foto tomada desde una posición cercana a la frontera israelí con la banda de Gaza muestra los bulldozers y vehículos israelíes en el interior del territorio asediado el 6 de julio de 2025. Maya Levin, AFP

Jueves 3 de julio

El 2 de julio la actual coalición gobernante en Israel rechazó un proyecto de ley que designaba a la Franja de Gaza como “zona hostil para el comercio”. Mientras que esta misma coalición sigue diciendo que Gaza es una zona hostil y peligrosa, que no debemos detener la guerra, que debemos destruirlo todo, erradicar a Hamas y, finalmente, expulsar a toda la población de Gaza. Pero cuando se trata de negocios es diferente. Es una ilustración perfecta del espíritu colonial, pero la ocupación israelí tiene algo especial.

Es la única ocupación del mundo que gana dinero. Esto no es de ayer. Los pescadores de Gaza, por ejemplo, solo tienen derecho a alejarse de la costa tres millas náuticas (5,5 kilómetros), en el mejor de los casos seis millas (un poco más de 11 kilómetros). Sin embargo, los pescadores israelíes pueden llegar a 21 millas náuticas (poco más de 38 kilómetros) de la costa de Gaza para pescar el mejor pescado y venderlo a mejores precios.

Dinero por cada casa destruida

Todo lo que ocurre en Gaza y Cisjordania es un negocio. El diario israelí Haaretz reveló recientemente que empresas del sector privado israelí eran contratadas por el ejército para destruir casas con explosivos y excavadoras recibiendo 5.000 shekels (unos 1.300 euros) por cada casa arrasada1.

Y por eso hemos visto la destrucción total de varias zonas: la zona norte, la zona de Rafah, la zona este. Cuanto más se destruye, más dinero se gana. En segundo lugar, estas empresas se benefician de la eliminación de escombros y su reciclaje en Israel. En algunos lugares el terreno es completamente aplanado para el resto de las operaciones. Como en Tel El-Sultan, cerca de Rafah, donde se instaló, en un terreno aplanado donde antes había casas, uno de esos centros de “distribución de ayuda humanitaria” donde las y los palestinos son masacrados por el ejército de ocupación.

En Cisjordania el negocio de la construcción (edificios y obras públicas) son las canteras. Producen la famosa piedra rubia, una firma visual que ahora es obligatoria en todas las fachadas de Jerusalén. Tanto como decir que vale oro. Aunque sean propietarios del terreno, las y los palestinos no pueden explotarlo, porque para ello se necesita una autorización del Estado israelí, que siempre se les niega. Las canteras son luego confiscadas por las colonias y explotadas por empresas privadas, a veces internacionales. Este es el método utilizado en Jerusalén y en otros lugares, para demoler o anexionarse casas palestinas “construidas sin permiso”.

Pagamos el consumo del agua que nos pertenece

Lo mismo ocurre con el agua en Cisjordania. Es nuestro agua, es nuestra tierra, pero no tenemos derecho a extraerla. El agua captada de las aguas subterráneas por una empresa israelí se distribuye gratuitamente a las colonias y se revende a la Autoridad Palestina. Pagamos el consumo del agua que nos pertenece.

Volvamos a las colonias. Están construidas por trabajadores palestinos, que no tienen más remedio que trabajar para el ocupante si quieren alimentar a su familia. Es una mano de obra barata. No solo los salarios son más bajos que los de los israelíes, sino que los empleadores no pagan cargas sociales. Ocurre lo mismo, la mayoría de las veces, en Israel, donde las y los palestinos, que legalmente no tienen derecho a trabajar, son pagados en negro.

La dominación económica de Israel sobre los Territorios Palestinos fue validada por los Acuerdos de París (1994), la vertiente económica de los Acuerdos de Oslo. Cualquier producto destinado a Cisjordania o Gaza debe pasar por Israel, que cobra los derechos de aduana que, en principio, deben entregarse anualmente a la Autoridad Palestina. Pero durante diez años estas sumas han sido confiscadas por el Estado israelí, con diversos pretextos. Por ejemplo, argumentan que ese dinero se utilizaría para pagar subsidios a las familias de mártires y prisioneros palestinos. Israel considera como “actos terroristas” las subvenciones concedidas a las familias de las personas que han matado o encarcelado.

Pero el control israelí a menudo se ejerce más cerca del origen. Si un comerciante palestino quiere importar bienes directamente del extranjero, se le pone un montón de palos en las ruedas. Así que prefiere importar de Israel. Es decir, pasa por un importador israelí, lo que conlleva altos costos. Las mercancías llegan por el aeropuerto de Tel Aviv o por el puerto de Ashdod, luego el importador israelí las envía a las entradas de los Territorios en camión.

Armas “Probadas en combate”

Otro aspecto del negocio de la ocupación es el beneficio de Israel de sus agresiones contra los palestinos. Las masacres sirven de apoyo para la venta de armas y tecnología israelíes en el extranjero. En las ferias y exposiciones internacionales de material militar, los productos israelíes se presentan como “probados en combate”. Esto significa que estas armas han demostrado su eficacia, ya que han matado a muchas y muchos palestinos; que estos soportes tecnológicos de vanguardia, medios de escucha e identificación, inteligencia artificial, etc., tienen una ventaja innegable, un uso en tiempo real, una oportunidad no tan extendida en el mundo actual.

Por lo general, históricamente, la ocupación de un territorio y su colonización conllevan gastos para el ocupante, aunque solo sean los gastos militares. Para Israel es una fuente de beneficios. Su arsenal militar es financiado y reemplazado regularmente por los Estados Unidos. La Unión Europea financia las infraestructuras de los Territorios Ocupados y las reconstruye después de cada campaña de destrucción israelí. Utilizando materiales… importados de Israel. Los israelíes nos matan y nos destruyen con armas occidentales, y venden a Occidente los materiales para reparar lo que destruyen.

Por eso la coalición de extrema derecha rechazó una ley que habría impedido este comercio en Gaza. Gaza es un buen lugar para los negocios. Y habrá aún más perspectivas económicas si se anexiona gran parte de la Franja de Gaza y si allí se instalan colonias israelíes.

Habría muchos otros ejemplos, cito los que me vienen a la mente. Si un país quiere hacer un experimento militar en el océano, todo el mundo se moviliza porque el océano es el bien común de la humanidad, y hay que preservar la riqueza acuática. Todo el mundo se moviliza para salvar a los peces. Pero cuando se trata de nosotras y nosotros, los palestinos, ni siquiera somos peces, solo conejillos de indias para las pruebas de armamentos.

Rami Abou Jamous escribe su diario para Orient XXI. Fundador de GazaPress, una oficina que proporcionaba ayuda y traducción a los periodistas occidentales, tuvo que abandonar su apartamento en Ciudad de Gaza en octubre de 2023 con su esposa Sabah, sus hijos y su hijo Walid, de dos años y medio, bajo la amenaza del ejército israelí. Refugiada desde entonces en Rafah, la familia tuvo que trasladarse a Deir El-Balah y más tarde a Nusseirat, atrapados como tantas familias en este enclave miserable y superpoblado. Un mes y medio después del anuncio del alto el fuego, Rami finalmente está de vuelta en casa con su esposa, Walid y el recién nacido Ramzi. Por este diario de a bordo, Rami recibió el premio de la prensa escrita y el premio Ouest-France en el Premio Bayeux para corresponsales de guerra. Este espacio está dedicado a él (en orientxxi) desde el 28 de febrero de 2024 (en Viento Sur hemos publicado algunas de sus crónicas).

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur.

  1. Nir Hasson, Yaniv Kubovich y Bar Peleg, “It’s a Killing Field”: ISoldiers Ordered to Shoot Deliberately at Unarmed Gazans Waiting for Humanitarian Aid”, Haaretz, 27 de junio de 2025.

Información adicional

Diario de a bordo de Gaza 98
Autor/a: Rami Abou Jamous
País: Palestina
Región: Medio Oriente
Fuente: Viento Sur

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