Trump advierte a Rusia con el desbloqueo de las armas destinadas a Ucrania y la visita a Kiev de su enviado, Keith Kellogg. Moscú responde con más apoyo norcoreano.
13/07/2025. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere apretar las tuercas al líder ruso, Vladímir Putin, y ha comenzado a maniobrar para mostrar a Moscú que no puede ganar la guerra si no sigue la ambigua y oscilante hoja de ruta de Washington. De momento, ha desbloqueado el envío de armas de EEUU, ha prometido más material militar (del arsenal estadounidense, pero pagado por sus socios de la OTAN) y, en la semana entrante, tendrá a su enviado especial, Keith Kellogg, analizando en Kiev los pasos para detener la guerra o al menos para que Rusia no se salga con la suya y acabe ganándola sin que la Casa Blanca se asegure su pedazo de pastel.
Para ello, Moscú enarbola la carta norcoreana, que alarga la sombra de la guerra más allá de las fronteras europeas, a un escenario geopolítico en el que Washington no quiere cerca la presencia rusa, y menos aún junto a norcoreanos y chinos. Este fin de semana, durante la visita del ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, a Pyongyang, el líder norcoreano, Kim Jong-un, lo remarcó: Rusia tiene “el apoyo incondicional” de Corea del Norte en la guerra de Ucrania. El reverso de la moneda es la implicación plena de Moscú en los asuntos de la península coreana.
Pero de momento Trump considera que ha de librar la batalla diplomática y ejercer su presión en el teatro bélico ucraniano, que es el que le importa más a Moscú, y lo quiere hacer retornando ese apoyo armamentístico estadounidense a Ucrania, aunque muy matizado, evitando los dispendios de los años anteriores, e implicando más a los aliados de la OTAN. Con un espaldarazo en este sentido a Alemania, en quien la Casa Blanca confía que pueda de alguna forma, si no reemplazar al peso militar estadounidense en Europa, sí al menos responsabilizarse de buena parte de la carga económica de la Alianza y como punta de lanza ante Rusia.
La visita de Kellogg a Kiev da un golpe de timón a la estrategia de EEUU
Las negociaciones de Kellogg en Kiev a partir de este lunes y a lo largo de la semana serán clave en este sentido. Entre sus objetivos está determinar las necesidades que el ejército ucraniano tiene de sistemas antiaéreos para frenar los ataques masivos con cientos de drones, entre 500 y 700 diarios, que podrían alcanzar pronto el millar, además de decenas de misiles.
Según indicó el presidente ucraniano, Volodímir Zekenski, en su cuenta de X este domingo, Rusia lanzó sobre Ucrania esta última semana “cerca de 1.800 drones, más de 1.200 bombas guiadas y 83 misiles de diferentes clases”. Estos bombardeos a gran escala están agotando la munición de la defensa antimisiles ucraniana, además de asestar golpes muy certeros a aeródromos, arsenales, cuarteles y otros blancos militares de Ucrania.
En los últimos días, Trump ha arremetido una y otra vez contra Putin, muy lejos ya de las simpatías que le venía mostrando desde que llegó aquel al poder en enero pasado, y ha comenzado un giro en su posición ante la guerra de Ucrania que lo podría acercar a la estrategia de su antecesor en la Casa Blanca, Joe Biden.
La guerra como negocio para Trump
Si bien, Trump lo único que quería al asumir su Presidencia era que la contienda finalizara cuanto antes, pues es un palo en la rueda de la política exterior de esta Administración estadounidense, más orientada a la confrontación con China en Asia-Pacífico (donde Corea del Norte podría jugar un papel desestabilizador muy peligroso), el líder de la Casa Blanca ha comprobado que el presidente ruso, Vladímir Putin, tiene sus propios planes y que la presión de EEUU le importa bien poco.
Sobre todo si el Kremlin tiene presente que esa presión será indirecta, salvo que se concrete en más sanciones económicas, cuyo alcance volverá a ser relativo. Pero en lo que piensa Trump es en más ayuda militar procedente de EEUU, pero pagada por sus socios europeos. El negocio es el negocio y ésta es la única estrategia que entiende el presidente estadounidense.
En los últimos días, Trump insistió en que EEUU va a mandar más armas a Ucrania, pero será a través de la OTAN y que los países de la misma pagarán por ese armamento. “Vamos a enviar armas a la OTAN y la OTAN va a pagar por esas armas al ciento por ciento”, indicó Trump en una entrevista con la cadena NBC. “Vamos a despachar Patriots [el sistema de misiles antiaéreo más eficaz en estos momentos] a la OTAN y después la OTAN los distribuirá”, aseveró.
Un portavoz de la OTAN confirmó el pasado viernes que la Alianza va a continuar asegurando el apoyo que necesita Ucrania para defenderse de Rusia “y eso incluye urgentes esfuerzos para procurar suministros clave de los Estados Unidos, entre ellos elementos de defensa aérea y munición”. Según explicó el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en coincidencia con las demandas que Zelenski hizo esta semana en Roma, lo que necesita ahora Ucrania es munición para la artillería y misiles para sus sistemas antiaéreos, entre ellos los Patriot.
En este sentido, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, hasta ahora uno de los defensores de la entente cordial con Rusia, explicó el jueves que ya se está analizando con los aliados europeos de Washington la forma de hacer llegar más sistemas antimisiles Patriot a Ucrania, pagándolos los socios de la OTAN, aunque sea el Pentágono quien los suministre.
“Sería fantástico que alguno de los países que han pedido baterías Patriot y están a punto de recibirlas se ofreciera a aplazar esa recepción y optara por enviarlas a Ucrania”, dijo Rubio en Kuala Lumpur tras reunirse con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov. Curiosamente, en este juego a muchas bandas de la Casa Blanca, oscilante por días, Rubio le hizo llegar a Lavrov un mensaje mucho más cordial y le expresó su confianza en que los dos países, EEUU y Rusia, pudieran encauzar el diálogo sobre Ucrania.
“Quizá haya una base sobre la que podamos avanzar”, le señaló Rubio a Lavrov, en una nueva pirueta de la oscilante diplomacia estadounidense del palo y la zanahoria.
Una buena semana para Zelenski
Las señales que envía Trump sobre un cambio de rumbo en la posición de EEUU en torno a Ucrania son la mejor noticia que podría recibir Zelenski. Esta semana, el presidente ucraniano recibió un espaldarazo en la IV Conferencia para la Recuperación de Ucrania celebrada en Roma, con promesas de miles de millones de euros para la reconstrucción de su país y con EEUU sumándose a los esfuerzos para sostener a Kiev ante Moscú.
En el curso de esas conversaciones, Alemania se ofreció a comprar a EEUU otros dos sistemas antiaéreos Patriot, que se sumarán a los tres que ya ha proporcionado a Ucrania de la misma forma, pagando al lobby armamentístico estadounidense. Noruega también prometió otro de esos sistemas tan eficaces contra los misiles balísticos rusos. La meta del Gobierno ucraniano es conseguir al menos una decena más de Patriot.
El Reino Unido, el otro gran amigo de Ucrania en Europa, comprometió a su vez el envío al país en guerra de 5.000 misiles antiaéreos Thales (no para las baterías Patriot) en los próximos veinte años.
El problema para Ucrania es que la guerra se está librando -y se está perdiendo- en estos días y no a dos décadas vista. Rusia lleva la iniciativa militar y, aunque los avances no son espectaculares, la merma de territorio continúa para Kiev día a día, ahora con los rusos presionando hacia Sloviansk, bastión clave en el este ucraniano.
Por eso es importante lo que negocie Kellogg en Kiev los próximos días. El enviado especial para Ucrania es conocido por sus simpatías hacia la postura ucraniana y por ello había sido relegado en los últimos meses, en los que Trump mostraba una predisposición hacia su otrora admirado Putin.
En Roma, Kellogg expuso su posición y la reiteró por videoconferencia en el encuentro liderado por Francia y Gran Bretaña de la llamada Coalición de Voluntarios a favor de Ucrania celebrada el miércoles en Londres. Kellogg apostó sin paliativos por Kiev y por estar “en el lado correcto de la historia”.
La baza norcoreana del Kremlin: más tropas asiáticas en Europa
Pero el lado correcto de la historia quizá puede ser un tanto diferente para Rusia, como expuso en Pyongyang este fin de semana su ministro de Exteriores.
En Pyongyang, Lavrov no descartó que Corea del Norte envíe más tropas al conflicto ucraniano en apoyo de Rusia. Los 13.000 soldados que Pyongyang despachó el año pasado ayudaron a rechazar la incursión ucraniana en la región rusa de Kursk. Además, Corea del Norte está suministrando ingentes cantidades de munición de artillería y misiles al ejército ruso. Ahora, Lavrov habla de nuevos contingentes norcoreanos, internacionalizando más el conflicto.
Los servicios de inteligencia ucranianos creen que Kim Jong-un podría despachar hasta 30.000 soldados, para participar directamente en combate y como zapadores e ingenieros en las zonas que está conquistando Rusia en el norte de Ucrania.
Esta ayuda norcoreana en Ucrania, cada vez más profunda, se encuadra en el acuerdo de asociación estratégica vigente entre Rusia y Corea del Norte, que incluye la defensa mutua en caso de ataque por un tercero.
Con el viaje de Lavrov a Pyongyang y la bendición de Kim Jong-un a la participación norcoreana en Ucrania, Rusia lanza un mensaje a EEUU: si Washington insiste en entrometerse en Ucrania, Moscú reafirmará sus intereses en Extremo Oriente, junto a sus aliados militares norcoreanos y sus socios estratégicos chinos, los principales oponentes de EEUU en Asia Pacífico.
Esta es una lucha, dijo Lavrov, “que busca evitar que nuestro enorme y hermoso continente euroasiático se convierta en un dominio de la OTAN, en vista de que esta se esfuerza por extender su influencia por toda Eurasia”. Y advirtió: “Tanto nosotros como nuestros amigos norcoreanos deseamos derrotar al mal y estamos tomando diversas medidas prácticas para lograrlo”.



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