Putin triplica su avance territorial en Ucrania desde que Trump está en la Casa Blanca
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, conversan en la Cumbre de la APEC en 2017. REUTERS

Rusia ya controla cerca del 20% del territorio ucraniano y ha acelerado el ritmo de sus ataques para llegar a la cumbre de Alaska en una mejor posición negociadora.

14/08/2025. Durante la campaña electoral estadounidense, Donald Trump aseguró que, una vez que regresase a la Casa Blanca, acabaría con la guerra de Ucrania “en menos de 24 horas”. La realidad ha sido muy distinta. Desde que el magnate republicano tomó posesión como presidente, el pasado 20 de enero de 2025, los datos muestran que Vladimir Putin ha intensificado su ofensiva: más drones, más misiles balísticos y un ritmo de avance territorial sostenido. 

La estrategia del Kremlin es clara y coherente con sus intereses. Incrementar el esfuerzo bélico para llegar en una posición de fuerza a las negociaciones impulsadas por EEUU. Y es que, aunque la promesa de resolver el conflicto en menos de 24 horas era poco creíble, lo cierto es que Trump sí tiene un interés declarado en acabar con el conflicto o al menos reducir la participación directa de EEUU en el mismo.  

Rusia lo sabe y ha acelerado sus operaciones este 2025 para consolidar posiciones y llegar a cualquier negociación con ventaja militar, limitando las opciones de Kiev y condicionando los términos de un eventual acuerdo. 

Desde enero, Rusia ha duplicado sus ataques aéreos, alcanzando los más de 6.400 drones y misiles lanzados en este mes julio. Al mismo tiempo, el ejército ruso avanza de forma lenta pero constante en varios frentes. En lo que va de 2025, las fuerzas rusas han conquistado cerca de 3.100 km², triplicando lo ganado en el mismo período de 2024. Sumando los territorios bajo control ruso desde 2014 -Crimea y partes de Donetsk y Lugansk-, Moscú controla ya alrededor del 20% de Ucrania 

Como muestra de esta tendencia, este martes 12 de agosto, en la antesala de la cumbre de Alaska, Putin consiguió avanzar más de 110 km² y capturar dos poblaciones en el norte de Donestk. En el que ha sido mayor avance en 24 horas en más de un año. Un golpe encima de la mesa. 

Avance en varios frentes 

En 2025, la guerra en Ucrania se ha caracterizado por una ofensiva rusa lenta pero constante, centrada en dos frentes: avanzar en Donetsk y consolidar posiciones en el sur. La batalla más simbólica en lo que llevamos de año ha sido la toma de Chasiv Yar, un punto elevado en el corazón de Donetsk, que abre la puerta a Rusia hacia las últimas grandes ciudades controladas por Ucrania en el óblast: Kostiantynivka, Sloviansk y Kramatorsk. 

En paralelo, Rusia ha afianzado su control en Zaporizhia y Jersón, y mantiene desde primavera una franja de terreno en la región de Sumy como “zona tapón” frente al noreste ucraniano. 

Aunque el invierno ucraniano previsiblemente ralentizará los combates, el balance territorial de este año es significativo: más de 3.100 km² conquistados desde enero, según las estimaciones coincidentes de los principales medios especializados, una cifra que triplica la ganada en el mismo periodo de 2024.  

Actualmente, Moscú controla casi todo Lugansk, más del 76 % de Donetsk -donde el avance se ha acelerado en meses recientes-, y más del 70 % de Zaporizhia y Jersón, asegurando su dominio en el sur y este del país. 

La dinámica es clara y favorable para Putin. Y aunque una gran inyección de ayuda occidental podría paliar el avance ruso y, quizá, revertirlo parcialmente, no parece que Donald Trump apueste por un escenario que avive el conflicto. 

Los cuatro óblast que Rusia controla mayoritariamente -Lugansk, Donetsk, Zaporizhia y Jersón- fueron objeto del referéndum de anexión impulsado por Moscú en septiembre de 2022. La consulta fue rechazada por Ucrania y la gran mayoría de la comunidad internacional, pero sirvió para que Rusia integrase a este territorio en su andamiaje legal e institucional. Hoy, esas cinco regiones –sumando la península de Crimea–, representan una línea roja para Moscú en sus negociaciones. 

Ucrania mira al cielo 

Los ataques rebasan la línea del frente. El ejército ruso lleva meses superando su propio techo en lo que a ataques aéreos se refiere. Rusia ha duplicado el lanzamiento de drones y misiles desde que Trump está en el poder: en los seis primeros meses de la administración republicana se lanzaron 27.158 drones y proyectiles, frente a los 11.614 de los últimos seis meses del gobierno de Biden. Los datos, recopilados por BBC Verify, ratifican el acelerón que Moscú ha imprimido a la guerra. 

Solo en julio de este año, se estima que Rusia lanzó aproximadamente 6.400 drones y misiles, superando el récord de 5.600 de junio. Se trata de una escañada sostenida con el objetivo de saturar las defensas antiaéreas ucranianas y forzarlas a dispersar recursos, mientras se golpea infraestructura estratégica como aeródromos, instalaciones militares o el sistema eléctrico.  

Kiev asegura que la mayoría de los proyectiles son interceptados, aunque reconoce que la magnitud de los ataques ha provocado daños significativos en varias zonas del país. De hecho, el mes de julio de 2025, el último del que se tienen datos completos, fue el más letal para los civiles ucranianos desde mayo de 2022, según la Misión de Observación de Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos en Ucrania (HRMMU). El organismo confirmó 286 muertos y 1.388 heridos, cifras que superan las alcanzadas en junio de 2025, hasta entonces las más altas desde los primeros compases de la guerra. 

Moscú ha adaptado su modelo productivo a las sanciones y optimizado su industria de guerra. Según Vadym Skibitskyi, subsecretario de la inteligencia militar ucraniana (HUR), Rusia está impulsando una producción masiva de drones del diseño iraní Shahed. En total, el oficial ucraniano cifra la capacidad de producción rusa en 79.000 drones para el año 2025.  

La imprevisibilidad de Trump favorece al Kremlin 

Desde su regreso a la presidencia, Donald Trump ha mostrado una postura cambiante respecto a Ucrania. En marzo, suspendió temporalmente toda la ayuda militar tras una tensa reunión con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski. Sin embargo, unos meses después, en julio, restauró el apoyo militar y aprobó un paquete de asistencia de $652 millones; aunque con la condición de que los aliados europeos financien la mayoría de los suministros.  

Recientemente, en este mismo mes de agosto, el magnate estadounidense desplazó la presión hacia Rusia anunciando sanciones adicionales contra el país y amenazando a socios estratégicos como India –uno de los principales compradores de crudo ruso–. Trump llegó incluso a desplegar submarinos nucleares antes de acordar la celebración de la cumbre de Alaska. 

Esta imprevisibilidad ha dejado a Ucrania en una posición vulnerable. A pesar de los esfuerzos de Kiev por diversificar sus fuentes de apoyo, la dependencia de la ayuda estadounidense sigue siendo crítica. Kiev necesita un flujo constante de armas y municiones para mantener el esfuerzo bélico, y la incertidumbre sobre el compromiso de Washington complica aún más la planificación estratégica de Ucrania. 

Por otro lado, Rusia ha aprovechado esta inestabilidad. La falta de una postura firme y coherente por parte de Estados Unidos ha permitido a Moscú consolidar avances territoriales y fortalecer su posición de cara las negociaciones.  

Información adicional

Autor/a: Néstor Prieto Amador
País:
Región: Euroasia
Fuente: Público

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