“Gaza no tiene garganta. Son sus poros los que hablan con sudor, sangre y fuego. De ahí que el enemigo la odie a muerte y la teme hasta la criminalidad, e intente hundirla en el mar, el desierto o la sangre. Y de ahí que sus parientes y amigos la amen con una timidez que a veces llega a la envidia y al miedo, porque Gaza es la lección brutal y el ejemplo brillante para enemigos y amigos por igual.”
Silencio por Gaza // Mahmoud Darwish
Guardar silencio ante la crueldad y la gravedad de los crímenes cometidos por Israel contra las y los palestinos es ser cómplices de estos, es tomar partido por los verdugos y asesinos. Lo que están haciendo con Palestina no tiene puntos medios o matices, ni mucho menos ningún tipo de justificación que pueda legitimar el actuar del Estado de Israel. Hablo del Estado y no del gobierno de Netanyahu porque el exterminio y robo del territorio palestino se ha llevado a cabo desde su creación en 1948, siendo una práctica estatal amparada y alentada por una política colonial brítánica y estadounidense, al igual que por la culpa de los europeos, en especial los alemanes, quienes guardan silencio culposo porque llevaron a cabo, alentaron o guardaron silencio por los campos de exterminio y concentración, en los cuales, no sobra recordar, no solo murieron judíos, sino también todos aquellos que eran considerados enemigos de los nazis, pero que en esas disputas por las memorias, hay unos víctimas que tienen mayor relevancia que otras, siendo la shoá la que hegemoniza el acercamiento a este pasado.
La complicidad de los países que encarnan el parangón de aquello que llamamos Occidente, también se da porque se sienten estrechamente relacionados con el sionismo, este nace en su seno y en el Medio Oriente continúa con la histórica tensión y enemistad entre Occidente con Oriente. El mundo árabe y el islam son la representación de la maldad, lo represivo, lo fundamentalista, la venalidad, el fanatismo, el terrorismo y la estupidez en el discurso occidental, en contraposición a un Israel democrático, civilizado y racional. Occidente, como lo señala Edward Said, es incapaz de definirse a sí mismo, si no es en oposición a la alteridad radical. Por ello, la cuestión palestina, como lo manifiesta este autor, es la pugna entre una afirmación y una negación.
Esa dicotomía sostenida ha implicado que los y las palestinas no sean considerados “humanos”, eso implica que les niegan la posibilidad de reclamar o ejercer cualquier tipo de derecho, al igual que se les desestima las razones para luchar y defender su territorio; las únicas opciones a las que pueden aspirar es al desarraigo o la muerte. Esa “no humanidad” palestina, desde el discurso sionista, ha asignado a los y las gazatíes el estatus de animales, como lo manifestó el portavoz del ministerio de asuntos exteriores Lior Haiat al confirmar que sostenían “una guerra dura, larga, contra animales, monstruos, gente inhumana”1. Esa condición de no humanidad asignada les alienta a condenarlos a morir ya sea ejecutados por sus balas, bombardeos o por el hambre, opción, esta última, convertido en arma de guerra, que ha implicado que el 90 por ciento de la población en Gaza, atraviese la fase 5 de hambruna (catastrófica), según la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF).
Aquellos que tratan de matizar o justificar las acciones de los criminales sionistas, lo hacen apelando a que aquello que está sucediendo es una guerra, en la cual los asesinatos son legales e incluso legítimos puesto que son una respuesta a la acción llevada a cabo por Hamas el 7 de octubre del 2023, pero lo que estamos presenciando es la destrucción unidireccional, sostenida y con sevicia por parte de la ofensiva israelí, la cual ha demostrado que su objetivo es el genocidio de los y las palestinas, la destrucción de Gaza y la anexión de Cisjordania y Gaza2. Aún así la prensa corporativa ha intentado matizar e incluso negar el sujeto que llevaba a cabo la agresión y las personas que la padecían, encontrando un sin número de titulares que nos hablaban de bombardeos y acciones militares sin ningún tipo de responsable y las víctimas como una cifra menor, sosteniendo su compromiso en lavarle la cara al régimen sionista.
Israel, exponente de la civilización occidental, ha asesinado “inteligentemente” alrededor de 61.000 palestinos3, de los cuales son más de 17.000 niños y niñas. La cifra de desaparecidos, muchos bajo escombros, supera los cien mil. La ONU, hasta el cinco de agosto, contabilizaba más de 1.000 personas asesinadas cuando intentaban conseguir comida, porque “inteligentemente” Israel tiene bloqueado el ingreso de ayuda humanitaria a la población gazatí condenándolos a morir de hambre, y dado que tienen el control de los puntos de distribución de los pocos lugares que reparten comida, se ha convertido en el epicentro de disparos y bombardeos indiscriminados, siendo la expresión de una política calculada de inanición4. Mientras que Hamas ha matado “bárbaramente” alrededor de 1.200 israelíes, entre ellos 800 civiles. En la prensa corporativa se hizo más eco de los muertos israelíes que de los palestinos, estos últimos justificados como daños “colaterales” en la misión de Israel de aniquilar la “amenaza terrorista” de Hamas, mientras que los primeros son ciudadanos, personas que importan y sí merecen ser lloradas.
La acción militar de Hamas, si bien es cuestionable por el asesinato de civiles, también es necesario comprenderla en el marco de una disputa histórica, para no quedar en una condena estéril o protocolaría, que no busca comprender las razones detrás de la violencia, sino satanizarla cuando provienen de los y las condenadas de la tierra. Las acciones llevadas a cabo por los grupos rebeldes palestinos se inscribe en la resistencia a un ejército de ocupación, puesto qué, si bien la propaganda sionista ha vendido la idea que esas tierras se encontraban vacías y era su tierra prometida a la cual tienen derecho, desconoce el arraigo histórico que ha tenido la población palestina en dicho territorio.
El preámbulo de La Declaración “Universal” de los Derechos Humanos manifiesta, “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”, dada la condición de estado de excepción y ocupación permanente a la cual ha sido sometido el pueblo palestino les asiste el derecho a la rebelión armada.
Las líneas éticas y la trasgresión del Derecho Internacional Humanitario ha sido una práctica habitual por parte del Estado de Israel, sosteniendo un hostigamiento, asesinato y persecución, incluso en los mal llamados tiempos de paz, contra la población palestina. Son años de dolores, rabias y tristezas acumulados por los y las palestinos que incuban una ira que busca ser exteriorizada contra aquellos que te han infringido todo ese daño y sin remordimiento alguno realizan Raves Parties junto a las murallas electrificadas en las cuales les tienen hacinados, superando a lo retratado en la película zona de interés.
Israel hizo del sufrimiento y las torturas contra el pueblo palestino un espectáculo, en el cual se jactan de su actuar en impunidad porque saben que cuentan con el apoyo y la gracia del matón del mundo, EE.UU. y que mientras se encuentren bajo su tutela, no hay quién les pueda parar. Mientras los gobiernos del norte y del sur global, que se encuentran ideológicamente alineados al Norte, apoyan a Israel o realizan una crítica tímida, no ha significado que sus poblaciones guarden silencio, sino que, por el contrario, se han movilizado en apoyo a la causa de palestina, así los “demócratas” más democráticos les persigan para imponer el silencio. En medio de todo esto, también se ha tenido la acción resuelta del gobierno de Sudáfrica que ha llevado a Israel a la Corte Penal Internacional, así como aquellos países que se han sumado a ello como Colombia, México, Brasil, Chile, entre otros.
La causa palestina se ha convertido en una causa del sur global e incluso de esos sures que habitan el Norte, porque sabemos que aquello que está en riesgo es la supervivencia del pueblo palestino, como históricamente ha estado también en riesgo nuestra propia existencia. Que aquello que se resiste es por la posibilidad de vivir, pero no de sostener una existencia precarizada, encerrada y aislada, sino una aquella que pueda ser en toda su potencia y que en el encuentro de las vulnerabilidades y las heridas ocasionadas por el colonialismo, el capitalismo, el patriarcado y la guerra, encuentre un consuelo que permita sanar conjuntamente. El pueblo palestino en su dolor y en su resistencia no se encuentra solo, en estos sures encuentran un apoyo y una compañía por su clamor y lucha por una Palestina Libre.


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