La biblioteca de La Bellecera ha sido tomada por un particular grupo de seres del páramo y el bosque que revolotean por todas partes. La niebla, las raíces, el río, el espíritu de las aves, y una gran variedad de animales míticos revisan los libros de la biblioteca, sacan los juegos de mesa, aprecian los afiches y murales, charlan con los periodistas que han llegado a cubrir la gran caravana por el río ‘cuando el río suena’, y con los vecinos curiosos de este particular lugar, que se ha convertido en un epicentro de la cultura en el municipio de Piedecuesta, Santander. Los seres extraños y divertidos hacen parte de la Caravana Sumapaz, y han llegado desde el municipio de Silvania, Cundinamarca, ubicado en las faldas del páramo de Sumapaz, para unirse al 8vo Festival de la Tigra, una poderosa reunión de voluntades que utilizan el arte como herramienta para el cambio social.
Es el octavo día de la gira, en la que viajan 33 personas entre los 3 y los 52 años, planeada para recorrer los pueblos de Ráquira, Villa de Leyva, Barichara, Piedecuesta, Tunja, Sesquilé y Sopó. Ya entrenados por las presentaciones anteriores, visten con agilidad sus atuendos coloridos elaborados con paciencia y finura, incluyendo materiales naturales y reciclados, se ponen sus máscaras, como un ejército de seres armados con flores, plumas y colores, e irrumpen en la cotidianidad de Piedecuesta para recordar que la naturaleza tiene derechos, y que no somos dueños, sino que somos parte. Estas criaturas mixtas de gentes del campo, plantas y animales, esta vez acompañadas por el alegre y estridente ritmo de la Batucada Guaricha y la Murga del Barrio, endulzan el camino con su marcha pulsante evocadora de la fuerza de la montaña, con sonidos de semillas, caracolas, tambores alegres, respiraciones de manada, flautas y silbidos de pájaros. La gente asoma a puertas y ventanas con curiosidad, y se detiene un instante en los andenes para apreciar esta singular comparsa, que algo les remueve, algo les recuerda.
La Caravana surgió en la Red Kunagua, un bosque de niebla en proceso de restauración, habitado en su mayoría por personas nacidas en la ciudad que migraron al campo en busca de estilos de vida más cercano a la naturaleza, fundada en 2005 por seis familias, y que hoy en día abarca 25 predios que resguardan unas 50 hectáreas.
En 2023, en busca de recursos para desplegar las destrezas, pasiones y propósitos de los habitantes de la red, la Caravana resultó ganadora de una beca de la Gobernación de Cundinamarca para crear una ofrenda itinerante y declarar creativamente los Derechos de la Naturaleza en distintas latitudes, a través de música, danza, dramaturgia, artes plásticas y saberes ancestrales.

Comparseres de la Caravana Sumapaz dando los últimos retoques a sus atuendos antes de una presentación. Camilo Figueroa
Para empezar, se realizó una invitación abierta a los miembros de la Red interesados en crear su propio nahual, un ser fantástico surgido a partir de la relación particular -o develación- con la naturaleza, llegando a contar con 43 “comparseres”. Luego, en colectivo y durante intensas jornadas de trabajo en la montaña, crearon y refinaron música, danzas, rituales, atuendos y situaciones, hasta consolidar un mensaje evocador de reconexión con la naturaleza, que empezó a viajar, primero por cinco lugares de Cundinamarca y, más tarde, resultando ganadores de una beca de circulación del Ministerio de Cultura, durante una gira de 13 días con la intención de conectar los territorios circundantes de los páramos de Sumapaz y Santurbán.
Hace calor cuando la Caravana llega al parque principal. Cientos de personas están sentadas en las escalinatas de la iglesia, frente al escenario, esperando la acción, y el arribo de la comparsa congrega todavía a más personas. La batucada despliega su talento, tras una semana de ensayos, el retumbar de los tambores eleva la energía, y prepara el ambiente para la ofrenda.
El humo de una copalera se eleva al cielo, se despiertan los cantos ancestrales, las coplas y el son de tambores festivos, que traen un mensaje de la Sumapaz y ofrecen con sus semillas vibrantes, cantos responsorios y ritmos andinos y bullerengüeros. El público acompaña la fiesta, canta, aplaude y celebra las monerías de los niños, el juego de los seres, la fuerza del río.
“Esto nunca había pasado en el Festival” dice Edson Velandia, el capitán de esta aventura llamada Festival de la Tigra. “Gracias por traer esta bendición, esta ofrenda, este ritual hecho arte a Piedecuesta”.
La naciente familia siguió camino por tierras santandereanas, visitando ríos y cascadas, cruzando cañones y montañas, alimentando el espíritu y llenándose de razones para continuar la ofrenda, para motivar a otros guardianes a armarse de flores y tambores para aportar al despertar de la consciencia, como ya ha pasado por algunos lugares, en donde la Caravana Sumapaz ha dejado su huella.






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