Llegué a vivir a Piedecuesta cuando era un niño. Y en la adolescencia, en las exploraciones del entorno propias de esa edad, me encontré con una movida cultural en la que estaba presente la literatura, el teatro y la música con una banda llamada Asociación banda de músicos de Piedecuesta, ¡un proceso cultural tremendo con más de cien años de existencia! Desde hace cuarenta y pico de años la banda está dirigida, hasta hoy, por el Maestro Mario Gamboa.
En ese espacio inicié el estudio de la música. Ahí descubrí un gran movimiento cultural. En lo literario existía una tertulia poética: Tras las huellas del poema. Todavía existe. Este espacio lo dirige Carlos Pereira, que también sostenía la aventura de un grupo de teatro: Gestus. Había otro grupo de teatro que se llamaba Nueva imagen cultural. Dos grupos fuertes, con trabajos muy serios.
De esos semilleros surgió mucha de la gente que hoy sigue haciendo música, teatro, poesía y, a su vez, gestan nuevas generaciones con vocaciones y aptitudes artísticas. Estos procesos antes no eran tan fuertes. Estos señores: Carlos Pereira, Reinaldo Pistacho (teatro) , el maestro Mario Gamboa (director de la banda sinfónica), Luis Emiro Buitrago (danza y folklor), siento que son los padres de la movida cultural aún hoy existente, en la que destaca el Café Teatro Kusi Wayra, que funciona en una casita pequeña, y mueve muchísimo, lleva más de 20 años haciendo presencia y abriendo espacios a las diversas artes, no solo en Piedecuesta, sino en el área metropolitana, reluciendo, creo, como el espacio artístico-cultural más importante en toda esta geografía.
En todos estos espacios encontramos inspiración para lo que hoy hacemos. Nosotros tomamos forma hace algunos años y nos situamos en el “Elefante blanco”, un edificio-espacio que nunca sirvió para nada en el pueblo y buscando cambiar su historia nos decidimos a tomarlo y organizar allí la primera edición del Festival La Tigra.
En ese clima cultural aparece el Festival, es un momento de esos en los que uno siente que hay que meterle más leña a este fuego para que no suceda lo ocurrido tantas veces en la zona: se gesta un entusiasmo, una efervescencia, y vuelve y cae porque la gente se va, tanto el público, como los artistas. Entonces, la vida cultural sube y baja, sube y baja…Una opción para ir más allá de este incesante pendular es abrir más espacios culturales y sostenerlos. Tomar los espacios abandonados, como el centro cultural Daniel Mantilla Obregoso (nombre de un poeta piedecuestano), y que rebautizamos como el “Elefante blanco”.
En este momento que narro ya habíamos tenido en la Lizama, cerca de Barranca, una experiencia que detonó el ánimo de organizar un Festival. Porque en la Lizama se profundizó la conciencia de que la movilización social necesita mucho del arte, de la cultura, de la música.
Entonces, se reúnen dos procesos: por una parte, una marea creciente de movilización social en el país en la que aparece con claridad el valor de la cultura y lo artístico y, por otra parte, la necesidad en Piedecuesta de sostener y ampliar los procesos culturales y los espacios de contacto con las artes.
El paso inmediato fue reunirnos y unirnos con otros procesos locales: Café Teatro Kusi Wayra, El Eje, Señal Sur, Adriana y yo…. Los grupos musicales que tocaron en la primera edición del Festival pueden considerarse fundadores del Festival. Son dolientes de la escena. En realidad somos una comunidad de artistas, gestores y gestoras que nos reunimos para hacer el Festival. Ahora contamos, además, con La Bellecera, que es el espacio permanente para fortalecer la dinámica cultural y política, pero política no como tema de partidos y elecciones, sino política como vida comunitaria y formas autónomas de mejorarla. Es ejercer el papel social que nos corresponde como artistas en la vida colectiva, no comercialmente, no industrialmente.
Piedecuesta, Santander, Colombia
El municipio de Piedecuesta, ubicado en el departamento de Santander, se extiende sobre 48.277 hectáreas y cuenta con 192.193 habitantes proyectados, según el Dane, para el año 2024. Limita al norte con Tona y Floridablanca, al sur con Guaca, Cepitá, Aratoca y Los Santos; al oriente con Santa Bárbara y al occidente con Girón. Situado en la Cordillera Oriental, su diversidad geográfica incluye valles, mesetas, montañas y colinas que generan una amplia variedad climática. Este municipio es un importante productor de agua gracias al páramo de Juan Rodríguez (Berlín), donde nacen los ríos Oro, Hato, Manco y Umpalá, además de doce quebradas. La agricultura es el motor principal de su economía, impulsada por la variedad de relieves y pisos térmicos que dividen el territorio en zonas altas, templadas y bajas. Estas diferencias no solo influyen en los climas y los cultivos, sino también en las costumbres, tradiciones y prácticas agrícolas de las personas que habitan cada sector de este lugar, creando una cultura campesina rica y diversa.
Según los datos proporcionados por la consulta de revisión del Plan Básico de Ordenamiento Territorial (Pbot), utilizada en el Plan de desarrollo “Hagamos Equipo por Piedecuesta” 2024-2027, para el año 2023, el municipio de Piedecuesta se compone de un total de 150 barrios en su área urbana y 63 veredas en su zona rural, todas organizadas con una Junta de Acción Comunal. Analizando su mapa veredal, se puede observar la importancia de la población campesina para el municipio, ya que la mayor parte del territorio está compuesto por áreas rurales.

De vocación agrícola en Piedecuesta puede encontrarse una diversidad de cultivos, siendo algunos de los más destacados, desde su cantidad de producción: mora, tomate, caña panelera, yuca, limón, algunas hortalizas y el plátano. Según informe del Plan de Desarrollo referenciado “la producción agrícola se distribuye en la mora con un porcentaje del 43%, seguida de la citricultura con un 23%, el tabaco con un 15%, el cacao con un 11%, el aguacate con un 4%, y, en menor medida, los cultivos transitorios y el café, ambos con un 2%”. En las zonas rurales altas, de clima frío (15°C), predominan los cultivos de mora, siendo Piedecuesta uno de los mayores productores de este fruto a nivel nacional. Algunas familias la transforman en productos como bocadillo, mermelada y vino; también se destaca la cría de trucha. En las zonas templadas, más cercanas al área urbana, se cultivan yuca, tomate, caña y tabaco, entre otros. Por su parte, las zonas rurales bajas, con clima cálido (35°C), presentan una vista prominente del Cañón del Chicamocha y se especializan en el cultivo de tabaco, caña de azúcar y maíz. La producción de tabaco es histórica para el municipio y sigue impulsando la economía local de las familias ya que abarca desde la siembra y cosecha hasta la elaboración artesanal de cigarros finos (“puros”) y corrientes (“chicotes”).
Por el lado de la economía pecuaria en el municipio se destaca la avicultura como la de mayor producción y la que más empleo provee a los habitantes, alcanzando un 58% de taza productiva, claro es también que su práctica creciente y rápida ha traído serías afectaciones ambientales en sectores rurales próximos al casco urbano. Le sigue la producción bovina con un 19%. En porcentajes más reducidos se encuentran las producciones de porcinos (8%), ovinos (6%), caprinos (3%), equinos, piscicultura y bovinos de leche (2% cada uno).
Piedecuesta pertenece al Área Metropolitana de Bucaramanga, considerado el mayor centro poblado del departamento de Santander y del nororiente colombiano. En el que se encuentra una variedad importante de servicios financieros, educativos y de salud que beneficia también a poblaciones vecinas de las subregiones del Catatumbo, Sur de Bolívar y Sur de Cesar. Una buena cantidad de centros de educación superior están en el territorio, lo que ubica al Área Metropolitana en una ciudadela educativa importante para el país. Históricamente, Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta han sido un centro geográfico de confluencia entre el centro de país y la costa atlántica, así mismo por su cercanía con Venezuela, convierte este territorio en un lugar importante para el intercambio y la circulación comercial.
Por otro lado, atendiendo el informe del Registro de prestadores de servicios y capacidad instalada (REPS), el municipio en su infraestructura de atención en salud, actualmente, cuenta con una Institución Prestadora de Servicio (IPS) pública, 30 IPS de naturaleza privada y 186 prestadores individuales de servicios de salud. Dentro de las IPS que prestan servicios básicos están: Hospital Local de Piedecuesta, Mediclínicos, Foscal Avanzar IPS, Instituto Médico Ambulatorio Imap. Adicionalmente existen dos IPS que prestan servicios de atención complementaria, como la Clínica Piedecuesta, con tres sedes y el Hospital Internacional de Colombia, con servicios de alto nivel de complejidad.
Por su parte, el sector educativo del municipio, según información suministrada por la Secretaría de Educación, cuenta con 18 Instituciones Educativas Oficiales: 10 establecimientos en el sector urbano y 8 en el sector rural, que en conjunto suman un total de 80 sedes educativas distribuidas en 20 sedes en el sector urbano y 60 en el sector rural. Todas las instituciones adscritas al municipio ofrecen una educación desde el nivel de preescolar, básica primaria, básica secundaria y educación media (de 0 a 11°), registrando a 2023, una matrícula aproximada de 26,555 estudiantes.
La riqueza rural de Piedecuesta contrasta con su vibrante vida cultural y artística en el ámbito urbano. Aunque históricamente ha prevalecido una política conservadora, las juventudes han encontrado formas de expresarse y transformar su entorno a través de diversas manifestaciones artísticas como el muralismo, la artesanía, la literatura, el cine y la música. Estas expresiones, presentes en distintas generaciones, han fortalecido el trabajo comunitario en los barrios, promoviendo reflexiones sobre las problemáticas sociales y económicas del territorio y su relación con la madre tierra. De este movimiento cultural han nacido colectivos, organizaciones y procesos que generan esperanza y promueven la lucha por nuestros derechos. Como lo fue por ejemplo el “Movimiento Defensores del Agua” (1995–2005): una lucha local frente a un megaproyecto metropolitano.
El Movimiento Defensores del Agua, creado inicialmente como una respuesta ciudadana al Macroproyecto de Ampliación del Acueducto Metropolitano de Bucaramanga, nacido en los años noventas y que tenía como objetivo canalizar las aguas de ríos y quebradas fundamentales de Piedecuesta –como el río de Oro, el río Umpalá y las quebradas Antalá y Piedras Blancas– para abastecer la creciente demanda urbana del área metropolitana, especialmente impulsada por intereses inmobiliarios. El movimiento se consolidó como una resistencia civil integrada por una red en la que confluían Juntas de Acción Comunal, colectivos estudiantiles, asociaciones campesinas, sindicatos de salud y derechos humanos, organizaciones ambientales emergentes y comunidades eclesiales de base.
La Iglesia católica tuvo un papel central, especialmente a través de los misioneros claretianos y el liderazgo del padre Héctor Guzmán, persona que fue determinante en el despertar de conciencias y en la promoción de derechos humanos entre los barrios de Piedecuesta, especialmente los del sector Oriental. La defensa del agua se convirtió en un símbolo de vida y soberanía del territorio piedecuestano y el movimiento logró frenar el megaproyecto de intereses inmobiliarios gracias a su articulación estratégica, movilización social, convocatorias a cabildos abiertos y audiencias públicas ambientales junto con acciones legales y presión institucional.
Este modelo de resistencia social, cultural y comunitaria, esta efervescencia cultural creciente en el municipio se fue desarrollando años más tarde y en paralelo a otra serie de dinámicas que conviven en el territorio hoy día. Para el año 2021, la Defensoría del Pueblo, a través de la Alerta Temprana 028-21, ha identificado a Piedecuesta como parte del corredor de riesgo del Área Metropolitana de Bucaramanga, con presencia activa de grupos armados ilegales y economías criminales. Barrios como Altos de Guatiguará, Villas de San Juan, San Silvestre, El Trapiche, Nueva Colombia, Cabecera del Llano, San Juan, en otros en distintos sectores del municipio han sido priorizados por su vulnerabilidad ante fenómenos como la extorsión, el microtráfico, y la cooptación de liderazgos comunitarios. Esta violencia estructural afecta especialmente a jóvenes, mujeres, población migrante venezolana, personas Lgbtiq+, trabajadores informales y comunidades en procesos de integración social. Sumado a ello la recepción de población migrante del país hermano Venezuela, habitantes del municipio, están dentro del riesgo de instrumentalización por actores ilegales.
Estas realidades complejas del municipio promueven entornos comunitarios y contextos barriales de precariedad y abandono que bien pueden ser aprovechados por estructuras delictivas. Según el Dane, la pobreza multidimensional de Piedecuesta alcanza el 16,2 por ciento reflejadas en educación, vivienda, salud y servicios públicos. La violencia en Piedecuesta no siempre se expresa como homicidio, sino como miedo cotidiano, amenazas veladas, falta de oportunidades y debilitamiento del tejido comunitario. Frente a este panorama, la defensa de la vida, la cultura, la educación pública y la participación ciudadana se vuelve no solo urgente, sino profundamente esperanzadora.


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