Adiós al amigo

En las últimas semanas dos películas colombianas, Un poeta y Adiós al amigo, han deleitado a cientos de espectadores en las salas de cine del país. Cada una de ellas diferente, pero en el fondo con una misma apuesta: consolidar el cine nacional con estéticas y guiones tan propios y preciosos como cada uno de sus planos.

Una de ellas, Adiós al amigo, una película del género Western, dirigida por Iván Gaona, con quien desdeabajo tuvo la oportunidad de conversar; película lograda con el concurso de un buen equipo de trabajo, logrando la gesta de un montaje que hace sentir al espectador en Santander de principios del siglo XX. 

El tiempo de la película, los años de la Guerra de los Mil Días. Allí, un soldado revolucionario, Alfredo Duarte Amado, recibe un telegrama con la noticia del embarazo de la esposa de su hermano, noticia que le llega en paralelo con la buena nueva del final de la guerra que por tres años enfrentó a ejércitos liberales y godos. Liberado de sus deberes como soldado, convence a un fotógrafo aficionado, adentrado en las entrañas del cañón del Chicamocha, y que busca al hombre que mató a su papá, para que le acompañe en busca de su hermano perdido en la guerra.

En ese largo camino, lleno de experiencias, el filme no deja de retratar elementos propios de la sociedad campesina, presentes en toda guerra, aunque la pólvora los mantenga al margen de la atención: la brujería, el tabaco, la encriptada solidaridad entre hombres y su tensión con la conservación de la hombría, pero sobre todo, la consolidación de las armas como un punto de fuga para la resolución de condiciones sociales y económicas de vida que precisan ser transformadas.

Aunque el género en carteleras la denomina como una película tipo Western, lo cierto es que el espectador se encuentra con un guión totalmente alejado del cliché de los vaqueros estadounidenses y más cercano a un cine de otras características, como lo dice su director: “A mí me parece que es más cercano a lo rural que al género gringo, ¿sí? pero uno entiende que hay que usar una forma de hablar con él, pero la palabra rural y campesina me parecen más cercanas a lo que buscamos con Mónica Juanita (Productora de la película), que heredar un género gringo, solo que el arte es gringo, o sea, lo cooptaron los gringos y las escuelas de cine donde aprendimos se enseña como lo hacen los gringos, es inevitable que pese tanto”.

Aunque haga uso de la teoría del Western en la construcción de personajes, entre otros elementos, esta cinta logra superarlo, y lo mejor, haciendo uso de insumos propios de la realidad campesina colombiana, empezando por los actores, que surgen a partir de un ejercicio anterior en la producción de Pariente1, cuenta Iván: “En el pueblo, en los cortos que hacíamos, hubo un taller muy fuerte de varios meses para hacer Pariente, luego de la cual hicimos tres series en donde algunos de ellos estuvieron y en cada trabajo que realizamos hay talleres y talleres, digamos que la palabra natural ya se desdibuja de lo que nosotros entendemos que son más bien como actores ocasionales”.

Es tal vez este elemento de actores naturales el que le agrega una originalidad no solo a la película, sino también al trabajo actoral, pues los protagonistas originarios, como el director, todos de Güepsa, están siendo ellos mismos, mucho antes que actores, eso logra ser transmitido al público, pero sobre todo, logra ser bien correspondido por este. 

Sumado a esto, aparece una buena dosis de humor, resultado de diferentes reflexiones, entre ellas, una comprensión diferente del cine como un proceso de creación y diversión, ya que, nos cuenta Iván Gaona: “Después de hacer la película Pariente que fue como mi ópera prima y de conocer que la realidad de exhibir en el país es muy dura, también uno entra como a una especie de diálogo con los otros realizadores. Lo que sentía es que había una sensación de acartonamiento muy fuerte del cine de la Universidad Nacional. O sea, el cine que hace Dago2 es de humor fácil, y el otro cine es muy bien pensado, bastante, muy bien elaborado, muy grandilocuente en sus temas. Uno sentía que en el proceso no había una lúdica, un divertimento, ¿no? No había gracia, y cómo la sensación que uno tiene como contador de historias es que nadie va a ver esto, pues si lo logramos financiar, pues sin muchos compromisos, pasémosla bien”.

De esa forma, también la existencia de una relación diferente y una preocupación por el público, situación que aparece en las inquietudes de los realizadores pero ausente en buena parte de las interrogantes del cine nacional, toda vez que, como lo menciona Iván: “Nunca se pensó en la relación con el público, en la efectividad de la emoción, en la dramaturgia, o sea, sí se pensó pero no pensando en nuestras realidades. Muchos de esos proyectos fueron asesorados por europeos, sobre todo franceses y yo creo que eso se sintió en el público. Hasta el punto de asociar lo colombiano con cosas hartas y aburridas, ¿no? Y entonces esas películas a uno le parecen muy interesantes, ¿sí? O sea, no estoy diciendo que sea mala, sino que uno se pregunta por qué la mamá no disfruta estas películas, ¿qué es lo que pasa, sí? ¿Qué es, en dónde existe esa desconexión?”.

Estas apuestas del equipo de trabajo, permiten que el filme logre la atención del público, que su narración se sienta cercana, emocionante, entretenida y sobre todo, conserve su discurso y reflexiones. De ahí su éxito y acogida en buena parte de las salas de cine.

Además, es de rescatar la apuesta por hablar del conflicto, el perdón y la memoria, acudiendo al humor como elemento que posibilita la reflexión del espectador, pero sobre todo, el atrevimiento de contarlo desde un conflicto que trasciende la limitada visión del conflicto armado de la segunda mitad del siglo XX. El motivo de esta apuesta es, según su director, que: “Está siempre presente, como que retumba en la cotidianidad de la gente, así no sepa que es ni que estaba como tan protagónica la Guerra de los Mil Días”. 

Sumado a que deshilar la historia del país, también es encontrar un eterno reflejo de unas condiciones no superadas, que le da fuerza y contexto a una película que trata un conflicto de hace más de 100 años, y que como lo dice quien la dirige responde a una inquietud en el momento social y político del país: “[…] que genera muchas preguntas, hay unos que están como atentos a ver, ¿no? y echando para atrás uno llega como a lo que se ha retratado, que era la guerra bipartidista, ¿no? Pero si echa más para atrás, porque el abuelo de uno y el bisabuelo ya hablaban de esa guerra, es como que se siente esa coincidencia de los mismos temas con apellidos iguales y posiciones diferentes”, afirma Iván Gaona.

Por todo esto, y mucho más, Adiós al amigo está en camino a ser considerada unas de las mejores cintas recientes del cine colombiano. ¿La razón? La arriesgada empresa emprendida por Iván Gaona, que como lo logró en Pariente, no hace cine alrededor del faro cultural extranjero y ajeno, sino que lo realiza para sí mismo y con los elementos que nos brinda el país.

Con todo lo expuesto, no hay forma de no animarse a ver la película, sobre todo, porque como concluye este realizador: “Vale la pena volver a las salas, volver a las salas a ver lo propio, me parece que hay una cosa que ganaron las plataformas y es individualizar la experiencia audiovisual. Es un absurdo ahora que cada uno en su casa tiene una cuenta de streaming. O sea, eso quién lo había pensado. Entonces, vale la pena volver al cine y emocionarse con cosas propias, ¿no?”.

Eso, sin contar que asistir a ver películas colombianas con un gran trabajo detrás, es un respaldo a otro cine posible y una crítica al consumo de productos culturales de fácil factura, flojos, simplemente preocupados por generar dividendos para el bolsillo y que copan todos los escenarios culturales, como termina afirmándolo Iván en esta conversa con desdeabajo: “[…] Usted revisa en este momento la cartelera y hay 10 películas, 10 son gringas y la película colombiana es a las 12 del día. Yo creo que hay que cuestionarse todo el tiempo, qué es lo que se mete uno a la cabeza”. 

1 “Pariente” es una película colombiana de 2016 dirigida por Iván D. Gaona.
2 Dago García es un libretista, productor y cineasta colombiano reconocido por las películas de humor en las cuales hace representaciones cinematográficas de la colombianidad.

Información adicional

Otro cine sí es posible
Autor/a: Sebastián Delgado
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo Nº328, septiembre 19 - octubre 19 de 2025

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