“No sabemos quién sigue en prisión y quién ha muerto”
Ramallah, 13 de octubre de 2025. Uno de los prisioneros palestinos, liberado de la prisión militar de Ofer, como parte de un intercambio de prisioneros por rehenes y un acuerdo de alto el fuego. ZAIN JAAFAR / AFP

21/10/2025.. Ya no se habla del genocidio que hemos vivido. Se finge olvidar que de los casi 2.000 palestinos liberados por Israel a cambio de estos veinte israelíes, 1.718 estuvieron secuestrados durante los dos años de invasión de Gaza.

Y eso es todo. Los cautivos israelíes fueron liberados después de dos años en manos de Hamás. Entre ellos hay soldados que estaban estacionados en los puestos militares en las afueras de Gaza. Todo el mundo está contento. Sus familias están contentas, los israelíes están contentos, Trump está contento, Occidente está contento. Todo el mundo está contento porque veinte personas han sido liberadas. Los cautivos israelíes contaron cómo fueron desplazados varias veces, en túneles, en condiciones de detención terribles según ellos. Los discursos y comentarios, en Israel y en Occidente, acogen con satisfacción la liberación de los rehenes, que era una prioridad. Los líderes políticos hablan de la gran fiesta del regreso de los cautivos a casa. Pero los escuchamos menos alegrarse por el final de la guerra. Ya no se habla del genocidio que hemos vivido. Se finge olvidar que de los casi 2.000 palestinos liberados por Israel a cambio de estos veinte israelíes, 1.718 estuvieron secuestrados durante los dos años de invasión de Gaza.

Los propios israelíes lo dicen: los palestinos que secuestraron no estaban involucrados en la operación del 7 de octubre, ni en acciones militares. El ejército israelí admite así, implícitamente, haberlos secuestrado para servir de moneda de cambio, según su costumbre.

Por supuesto, estamos hablando de los que fueron liberados, pero hay miles de otros que han sido secuestrados, ni siquiera podemos saber su número exacto. Eran en su mayoría habitantes de Gaza que se negaron a irse al sur como les ordenó el ejército. Sus familias no saben si se están pudriendo en las cárceles israelíes, o si están enterrados bajo los escombros de su casa o en fosas comunes. Antes, cuando los israelíes detenían a alguien, comunicaban su nombre al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que transmitía a la familia la noticia de la detención y el lugar de detención. Esto no fue así en los últimos dos años.

Las familias no deben alegrarse públicamente

Todo el mundo habla del estado de salud de los veinte israelíes liberados. Han adelgazado porque no han comido lo suficiente. Como los palestinos de Gaza, en definitiva. Ellos vivieron lo que nosotros vivimos. Fueron desplazados porque Hamás quería protegerlos de los bombardeos de su propio ejército. Un cautivo israelí vivo vale más que un cautivo muerto. Se puede cambiar por un mayor número de prisioneros palestinos. Estos israelíes fueron mantenidos en los túneles la mayor parte del tiempo, pero también fueron escondidos bajo tiendas de campaña y en escuelas convertidas en campamentos de desplazados. Como todas y todos los gazatíes.

En cuanto al estado de salud de los prisioneros palestinos liberados, lo vimos en las imágenes: muchos estaban en sillas de ruedas. Había amputados, sin manos o sin piernas, cuerpos demacrados, rostros pálidos. Todo el mundo sabe lo que ha ocurrido en las cárceles israelíes, especialmente en la de Sde Teiman: tortura diaria, violaciones. Varios detenidos liberados lo contaron. Las investigaciones de la ONU y de las ONG de derechos humanos lo han documentado. Guardias de la prisión hablaron de ello. Las cámaras de vigilancia filmaron estos abusos.

El ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, se jactó públicamente de tener hambrientos a los prisioneros y privarlos de todo. Esta es la realidad de la política de un Estado que trata a los prisioneros palestinos como “animales humanos”. La “única democracia de la región” practica la detención arbitraria y la detención administrativa, sin juicio, renovando el período de detención cada tres o seis meses, y a menudo sin que las personas detenidas conozcan el motivo de su encarcelamiento.

Como Israel a menudo niega su presencia en sus cárceles, no se sabe quién está en prisión y quién ha muerto. Y es difícil hablar de todo esto, porque las familias no tienen derecho a alegrarse públicamente de la liberación de sus seres queridos. En Israel, todo un país celebra el regreso de los cautivos. Los palestinos, por su parte, no tienen derecho a la fiesta. En Cisjordania y también en Jerusalén Este, las celebraciones han sido prohibidas. Lo mismo ocurre con las aproximadamente 154 personas que fueron expulsadas a Egipto, para luego ser enviadas a otros países, árabes o musulmanes. Sin volver a ver a sus familias. Israel incluso ha prohibido a una veintena de familias reunirse con los suyos en Egipto, impidiéndoles salir de Cisjordania, por temor a que incluso allí, asistamos a fiestas de reencuentro. Para los israelíes, la alegría no debe ser completa.

Ni siquiera nos tratan como a bestias

En Gaza, tampoco hemos celebrado mucho. Ciertamente, las familias tuvieron la alegría de descubrir que su padre, su hijo, su hermano, que creían desaparecidos, seguían vivos y ahora libres. Pero muchos prisioneros liberados descubrieron su casa reducida a un montón de escombros. No encontraron a sus padres, ni a sus hijos, muertos, desaparecidos, enterrados bajo los escombros.

Los cautivos israelíes son bien tratados en hospitales de alta tecnología. Se beneficiarán de un seguimiento psicológico. Los prisioneros palestinos fueron llevados al hospital Nasser, que solo funciona parcialmente, y donde solo se les pudo proporcionar un tratamiento mínimo. Solo son libres. Ya es algo.

Entre los hombres liberados, también hay 250 que fueron condenados a cadena perpetua por acciones militares, de los cuales 154 fueron expulsados a Egipto. Según la fórmula de las autoridades israelíes, son terroristas “que tienen sangre en las manos”. Pero nadie habla de los israelíes que también tienen sangre en las manos. Sangre palestina, desde 1948 hasta este genocidio, hoy. Pero no consideran la sangre palestina como sangre humana. Para ellos, es solo la sangre de “animales humanos”. Y de nuevo, ni siquiera nos tratan como bestias.

Temo una vuelta a la normalidad

Hoy, en Occidente, la gente se preocupa por el sufrimiento animal. No por el de los palestinos. Los soldados liberados algún día retomarán su puesto en la ocupación de Palestina. Volverán a matar a los palestinos. Pero no será grave. No se dirá que “tengan sangre en las manos”. El verdugo es legítimo, la víctima es “terrorista”. Ni siquiera los muertos son tratados de manera justa. Israel identifica meticulosamente los cuerpos de sus cautivos muertos en detención y devueltos por Hamás. Cuando devuelve a los palestinos los restos de los prisioneros muertos en sus cárceles -si es que los devuelve-, el ejército israelí los tira amontonados, en bolsas de plástico, sin ninguna identificación.

Lo que me temo es que ahora que el genocidio ha cesado, volvamos a la normalidad. Todos los días escucharemos que Israel tiene derecho a defenderse. Netanyahu, acusado de crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional, no será juzgado, quizás tampoco en su país, donde está siendo procesado en varios casos de corrupción, con Trump llegando a pedir su amnistía. Y luego, ha conseguido liberar a los cautivos israelíes, se le reelegirá y escapará de la justicia. Lo mismo para los gobiernos occidentales y árabes: está bien, el genocidio ha terminado, así que todo esto es cosa del pasado, hablemos del futuro. Y el futuro es la paz. Hay que perdonar. Pero solo el más débil debe perdonar. El más fuerte no perdonará. Continuará la ocupación, la tortura y los bombardeos. Continuará la colonización, se anexionará territorios. Pero la víctima debe perdonar.

Por eso temo que la impunidad triunfe. La impunidad de Netanyahu, Trump, Yoav Gallant, el exministro de Defensa que precisamente calificó a todos los palestinos de animales humanos, Benny Gantz, el general que dirigió las operaciones en Gaza, y cualquiera que haya participado en este genocidio. El genocidio fue negado por muchos partidarios de Netanyahu, en todo el mundo, incluso cuando se estaba desarrollando ante sus ojos. Ahora que se ha detenido, estos últimos duplicarán su actividad.

Creo que vamos a pasar a una etapa más peligrosa: aquella en la que hay que cerrar el expediente, detener la investigación por los crímenes de guerra. Sería un desastre. Hay que juzgar a todos los que participaron en este genocidio. Todos los que fueron secuestrados en Gaza por el ejército israelí deben ser liberados. Y entre ellos, decenas de enfermeros y médicos, como el doctor Houssam Abou Safiya, el pediatra del hospital Kamal Adwan, secuestrado por los israelíes en diciembre de 2024 por negarse a evacuar su establecimiento y abandonar a sus pequeños pacientes. Todavía está detenido sin juicio y maltratado en las prisiones israelíes.

15/10/2025

Traducción: Faustino Eguberri

Rami Abou Jamous escribe su diario para Orient XXI. Fundador de GazaPress, una oficina que proporcionaba ayuda y traducción a periodistas occidentales, tuvo que abandonar su apartamento en la ciudad de Gaza en octubre de 2023 con su esposa Sabah, sus hijos y su hijo Walid, de tres años, bajo la amenaza del ejército israelí. Se refugiaron en Rafah, luego en Deir El-Balah y más tarde en Nusseirat. Un mes y medio después del anuncio del alto el fuego de enero de 2025, roto por Israel el 18 de marzo, Rami regresó a casa con su familia. Desde el 25 de septiembre de 2025, han tenido que volver a salir de la ciudad de Gaza hacia Nusseirat  (enviento sur se pueden leer algunos de sus artículos en https://vientosur.info/author/jamous/).

Información adicional

Diario de a bordo de Gaza 109
Autor/a: Rami Abou Jamous
País: Palestina
Región: Medio Oriente
Fuente: Viento Sur

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