Moscú acelera su envite bélico con masivos ataques a Kiev tras las sanciones de EEUU. Trump intenta, en su gira asiática, doblegar a los grandes clientes del petróleo ruso.
26/10/2025
Las sanciones a las principales empresas petroleras rusas impuestas esta semana por el presidente estadounidense, Donald Trump, pueden trastocar la economía de guerra del Kremlin y lograr un alto el fuego en Ucrania. Pero también pueden desatar un envite mayor de Moscú en el frente para asegurar una mayor fuerza en una mesa de negociación, como mostró el masivo bombardeo que lanzó sobre Kiev este fin de semana y sus avances en el frente del Donbás.
Para que las sanciones sobre el sector petrolífero ruso tengan efecto, Trump debe presionar a los países asiáticos a fin de que dejen de comprar el crudo y gas de Rusia y ésta se vea forzada a negociar; las cumbres de la ASEAN y la APEC esta semana, en Malasia y Corea del Sur, le ofrecen a Trump una oportunidad para intentar que países como China o India restrinjan la adquisición de hidrocarburos rusos y, a su vez, empujen a Moscú hacia esa tregua.
Tras negar que las sanciones puedan romper su economía, Moscú ha respondido a la presión estadounidense redoblando la intensidad de sus ataques en Ucrania. El bombardeo ruso sobre Kiev lanzado en la madrugada del domingo dejó al menos tres muertos y una treintena de heridos, y siguió a un ataque semejante el sábado, con otras tres víctimas mortales y cerca de veinte heridos en la capital ucraniana.
Los bombardeos con misiles y drones no se centraron solo en Kiev y alcanzaron otros puntos en once regiones del país. Al tiempo, llegan noticias muy inquietantes desde el frente bélico en Donetsk, donde se cierra el cerco sobre el bastión de Pokrovsk, y desde las inmediaciones de la ciudad de Kupiansk, en la región de Járkov. El emisario del Kremlin para la cooperación económica con EEUU, Kiríl Dmítriev, dijo este domingo que ha informado a la Casa Blanca de que hay cercados 10.000 soldados ucranianos en Pokrovsk y Kupiansk.
La caída de estas localidades dejaría expedito el camino para la captura de las dos mayores ciudades del Donbás aún en manos ucranianas: Kramatorsk y Sloviansk. La toma de todo el Donbás daría a Rusia una victoria sin igual e irreversible en la guerra.
Sanciones versus misiles
Rusia ha incrementado el uso de sus misiles para alcanzar infraestructuras energéticas ucranianas, objetivos militares y lugares residenciales civiles. Según afirmó este sábado el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, el Ejército ruso ha multiplicado los bombardeos mixtos con misiles, bombas planeadoras y drones, ante los que la defensa antiaérea de Ucrania se ve superada.
“Solo en lo que va de año, Rusia lanzó aproximadamente 770 misiles balísticos y más de 50 misiles Kinzhal (hipersónicos) contra Ucrania”, dijo Zelenski en la red social X. También ha multiplicado Rusia el ataque con drones, superando los 700 aparatos en algunas de las operaciones.
Solo en la última semana, “Rusia empleó casi 1.200 drones, más de 1.360 bombas guiadas, y más de 50 misiles de varios tipos”, añadió Zelenski. Moscú de nuevo recurría así a las respuestas asimétricas, esta vez contra la presión diplomática y económica por parte de Washington.
Fue el pasado martes cuando Trump aplazó sine die la inminente cumbre en Budapest con el presidente ruso, Vladímir Putin, que había anunciado el propio mandatario estadounidense y que los rusos desdeñaron, señalando que aún no habían terminado su trabajo en Ucrania y que no iban a aceptar de momento ninguna tregua. Un día después, el jefe de la Casa notificaba las sanciones, que calificó de “masivas”, contra Rusia. El Kremlin respondió con más bombardeos.
Las oleadas de drones y misiles están causando una escasez de munición en las defensas antiaéreas ucranianas que no han podido ser cubiertas por el abastecimiento occidental de armamento, más aún cuando, tras la llegada de Trump al poder en enero, Estados Unidos redujo drásticamente sus aportaciones y ahora obliga a que sean los países europeos quienes compren la munición y los carísimos sistemas antimisiles estadounidenses.
La poco eficaz ayuda europea a Ucrania
Por eso Zelenski volvió a reiterar esta semana a sus aliados, reunidos en la Cumbre de la Unión Europea en Bruselas y de la Coalición de países Voluntarios que apoyan a Kiev, en Londres, la necesidad de que suministren al Ejército ucraniano sistemas antimisiles Patriot, esencialmente para evitar los cuantiosos daños que Rusia está causando a las infraestructuras críticas ucranianas y que este invierno podrían derivar en una situación catastrófica para la población.
También pidió 140.000 millones de euros que se podrían confiscar de los activos financieros rusos congelados, pero esta posibilidad de momento parece muy lejana. Rusia ha amenazado con una respuesta sin parangón contra la UE si se produjera tal requisa.
A Trump le pidió Zelenski la semana pasada misiles de largo alcance Tomahawk, pero el líder republicano rechazó de momento esa medida y optó por imponer a Rusia esas primeras sanciones económicas bajo su mandato. Castigo que afecta a las dos gigantes petroleros rusos Lukoil y Rosneft, así como a sus filiales, “por la falta de un compromiso por parte de Rusia con la paz”. Putin calificó las sanciones como un “acto de hostilidad” hacia Rusia.
El talón de Aquiles ruso
El propio Putin ha indicado que la incidencia de las sanciones petrolíferas será menor y el Kremlin ha subrayado que Rusia es inmune a tales castigos, de los que ha sido objeto desde que comenzó la guerra de Ucrania el 24 de febrero de 2022. La realidad, sin embargo, parece diferente. La economía de guerra rusa sí podría verse afectada, al menos a medio plazo, lo que le impediría a Moscú mantener mucho tiempo más el actual ritmo bélico a fin de conseguir el eventual colapso de Ucrania en 2026.
El mayor problema para Rusia es que las sanciones pueden dañar especialmente a los países que le compran más crudo y gas, por ejemplo, India y China, amenazados con aranceles extras de EEUU si siguen comprando petróleo ruso. La presión sobre Rosneft y Lukoil afecta, así, a la relación de Rusia con la India, pero sobre todo con China, el principal aliado estratégico de Moscú. No es ya un tema comercial, sino geopolítico.
Las grandes empresas indias que compran petróleo ruso ya han dejado caer que podrían cesar sus adquisiciones, pero la clave sigue estando en China, el mayor comprador de crudo ruso, que, aunque no se ha involucrado directamente en la guerra de Ucrania, sí está apuntalando el esfuerzo bélico ruso con sus intercambios económicos.
De momento, las principales petroleras estatales de China (PetroChina, Sinopec, CNOOC y Zhenhua Oil) han suspendido la importación de petróleo ruso por vía marítima. Si se viera afectado el trasiego de los hidrocarburos transportados por oleoducto desde Rusia a China, el daño sería mayúsculo. Putin podría verse obligado a elegir entre mantener la ofensiva militar impulsada por su economía de guerra, y la estabilidad socioeconómica del país, que ya se está viendo afectada de manera notable, aunque no decisiva.
Lukoil y Rosneft suponen la mitad del potencial de exportación del petróleo ruso. El problema es que las dos siguientes empresas petrolíferas rusas, Gazpromneft y Surgutneftegaz, sufrieron ya el embate de las sanciones del predecesor de Trump en la Casa Blanca, Joe Biden. Este había dejado en paz a las dos principales petroleras rusas para impedir altibajos en el suministro global de crudo y que se dispararan los precios del petróleo. Pero Trump no es Biden y sabe jugar con las presiones extremas en pos de sus intereses, caiga quien caiga.
EEUU confía en convencer a chinos e indios
Trump sabe que sentar a Putin a la mesa de las negociaciones no solo depende del pulso que le eche la Casa Blanca al Kremlin, sino sobre todo de la reacción que puedan tener los aliados de Moscú, especialmente los asiáticos, con China e India a la cabeza.
Por eso es tan importante la gira asiática comenzada por Trump en Malasia, donde ha participado este fin de semana en la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), para después visitar Japón y a continuación Corea del Sur, que acogerá el jueves y viernes próximos la reunión del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC).
Será en Seúl donde Trump se reunirá con el presidente chino, Xi Jinping, por primera vez desde que asumió su segundo mandato. Está previsto que Xi y Trump examinen el espinoso tema de los aranceles estadounidenses que desataron meses atrás una encarnizada guerra comercial, así como las disputas en torno a las tierras raras y otros minerales críticos chinos indispensables para la fabricación de componentes electrónicos de última generación.
Según Washington, Trump dará prioridad a la negociación de la relación económica con China, antes que a la geopolítica. Sin embargo, las sanciones al sistema energético ruso son palabras mayores y los daños que podrían sufrir las compañías chinas ha mezclado los ámbitos geoeconómico y geopolítico. La guerra de Ucrania estará sí o sí en la agenda de Trump y Xi.
Con la India ocurre algo parecido, pues la guerra disparó las adquisiciones indias de petróleo ruso. Trump espera que su presión arancelaria tuerza el brazo a los indios y que éstos se avengan a dejar de comprar el crudo ruso. Según Trump, el primer ministro indio, Narendra Modi, ya le habría indicado que “quiere asistir al final de la guerra entre Rusia y Ucrania”, y se avendrá a no comprar mucho petróleo a Moscú. De momento, Reliance, el principal cliente de crudo ruso en la India ya ha apuntado que está reorganizando sus compras de ese hidrocarburo.
Un golpe de timón en la guerra
Es de esperar que aumenten las pérdidas rusas en el sector petrolífero, superando la actual caída interanual del 20%, al menos a corto plazo. Pero que condicionen el fin de la guerra depende más de esa carrera contrarreloj entre la efectividad de las sanciones y la velocidad que le pueda imponer Putin a la marcha del conflicto.
También dependerá de la forma en que Rusia pueda influir en los mercados mundiales del petróleo. Putin ya ha amenazado con disparar el precio del crudo, que podría incluso interrumpir el trasiego global de este hidrocarburo. Pero está por ver de qué forma podría precipitar una escalada del crudo sin dañar más aún a sus aliados asiáticos.
Pero nada es imposible. Un agravamiento inesperado de la guerra en Ucrania podría contribuir a un pico semejante. La toma final del Donbás sería ese golpe de timón que podría cambiar todo.



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