El pulso nuclear entre Trump y Putin daña sus últimos lazos y pone en jaque la seguridad post Guerra Fría
Encuentro entre Putin y Trump en Alaska, a 15 de agosto de 2025.Sergey Bobylev / Kremlin / dpa

Los presidentes ruso y estadounidense amenazan la era de la no proliferación nuclear y amagan con retomar sus ensayos de armas atómicas en medio de su pugna por la guerra de Ucrania.

06/11/2025. La posibilidad de que el frágil sistema de la no proliferación nuclear mundial heredado de la Guerra Fría y basado en la disuasión salte en pedazos parece ya una certidumbre, después de que los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y Rusia, Vladímir Putin, hayan puesto sobre la mesa la “necesidad” de reanudar los ensayos de armas atómicas que las superpotencias habían congelado desde los años noventa del siglo XX (aunque la última prueba la hiciera Corea del Norte en 2017). En todo caso, la ruptura de sus respectivas moratorias por Rusia y EEUU podría llevar a una carrera de armamentos nucleares sin precedentes, incluida China, Pakistán, India o Israel, en Asia y Oriente Medio, o incluso en Europa, con Reino Unido y Francia.  

El trasfondo es la guerra de Ucrania y las amenazas más o menos veladas que rusos y estadounidenses se vienen lanzando desde que el Kremlin le dejara claro a la Casa Blanca que no firmará un alto el fuego en el conflicto mientras no haya cumplido sus objetivos militares. Esta semana, Moscú volvió a subrayar que no es el momento para un nuevo encuentro entre Putin y Trump como el celebrado en Alaska en agosto y que en octubre se pespuntó para repetirlo en Budapest próximamente.  

“Una reunión al más alto nivel, del tipo que sea, requiere una preparación exhaustiva y una consideración minuciosa de todos los aspectos. A día de hoy no se cumple ni la primera ni la segunda condición para organizar dicha reunión”, sentenció el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov.  

No hay condiciones para esa reunión de Budapest propuesta por Trump y cancelada a los pocos días, antes de que se fijara una fecha, en parte porque Rusia ha dejado claro que no va a firmar una tregua ahora, cuando tiene tan cerca la consecución de un victoria clave en Ucrania, equiparable a las de Bakhmut, en mayo de 2023, y Avdiivka, en febrero de 2024.  

Los avances rusos en Pokrovsk y Kupiansk, que podrían darle una ventaja militar definitiva a Rusia, hacen inapelable esa decisión de Moscú de alargar la guerra, al menos hasta completar la conquista del Donbás. Es en este contexto, en el que Trump ve que se le escapa la oportunidad de atribuirse los laureles de poner fin a esta guerra, como dice que ha hecho con otras siete u ocho, entre ellas la de Gaza.  

Trump esgrime el tabú de las pruebas nucleares 

Hastiado e incapaz de torcer el brazo a Putin en Ucrania, ni siquiera con las nuevas sanciones petroleras a Rusia y sus aliados, Trump aprovechó las maniobras realizadas por el ejército ruso con sistemas de armamento nuclear (un misil, el Burevéstnik, y un submarino Poseidón propulsados con combustible atómico, nada que ver con pruebas de bombas nucleares) para lanzar una amenaza que sí hizo sonar todas las alarmas en el Kremlin.  

Trump aseveró el 30 de octubre que el Pentágono estudia la posibilidad de reanudar los ensayos reales de armas nucleares -es decir, detonaciones de este tipo de bombas- y que había dado las órdenes preceptivas al Departamento de Guerra para que “ese proceso empiece inmediatamente”.  

Dos días después llegó incluso a acusar a Rusia y China de realizar pruebas secretas atómicas, razón de más para retomar ese tipo de explosiones tras tres décadas de pausa. “No quiero ser el único país que no hace pruebas”, aseguró Trump al programa 60 Minutos. Trump desestimó el hecho de que los ensayos de bombas atómicas, subterráneos o en la superficie, son fácilmente detectables por sismógrafos y satélites, y no ha habido tal detección. 

También daba igual que, ese mismo domingo, horas antes, el secretario de Energía de EEUU, Chris Wright, matizara que los planes de Trump eran para “pruebas de sistemas” y “no explosiones nucleares”. Lo que tenía en la cabeza el mandatario estadounidense era ese tipo de test con bombas. Y así lo entendieron los rusos. 

Los rusos aprietan más las tuercas 

La respuesta de Moscú no tardó mucho. El miércoles, Putin convocó una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de Rusia y planteó en la misma “la conveniencia” de reanudar los ensayos nucleares y ordenó a los Ministerios de Defensa y Exteriores, a los servicios secretos y a otros organismos relacionados que presentaran lo antes posible “una propuesta consensuada sobre el eventual comienzo de los preparativos de las pruebas con armas atómicas”. Al menos, subrayó que Rusia no hará tales ensayos hasta que otras potencias nucleares den ese paso. 

En noviembre de 2023, y debido precisamente a la tensión creciente con la OTAN y EEUU sobre la guerra de Ucrania, Putin revocó por decreto la ratificación del protocolo del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBT, en sus siglas en inglés), pero mantuvo la moratoria. Ya entonces, advirtió de que, “si EEUU o cualquier otro estado participante en el correspondiente acuerdo realizan tales pruebas, entonces Rusia tendrá que dar los pasos adecuados en respuesta”.  

La Unión Soviética probó en 1990 su última bomba nuclear, EEUU detonó su último explosivo de este tipo en 1992, Reino Unido en 1991, mientras que China y Francia lo hicieron por última vez en 1996. El CTBT entró en vigor en septiembre de 1996. Al igual que Rusia, EEUU firmó el Tratado, pero nunca lo ratificó, ni siquiera el Protocolo inicial, como sí hizo Moscú. Un total de 187 países han firmado el Tratado y 178 lo han ratificado. 

Abierta la caja de Pandora nuclear 

Desde que EEUU efectuó la primera prueba nuclear en Nuevo México, en julio de 1945, como prólogo de la destrucción de Hiroshima y Nagasaki en agosto de ese año, y hasta 1997, se realizaron más de 2.000 ensayos de bombas nucleares. La Unión Soviética hizo su primera detonación atómica en agosto de 1949. 

De esos ensayos nucleares, 1.032 fueron de EEUU y 715 de la URSS. El resto corrió a cargo de Francia, con 210; Reino Unido, con 45, y China, también con 45. Asimismo se cuentan como potencias nucleares India, Pakistán e Israel, aunque el programa de este país permanece en la oscuridad. El último en sumarse fue Corea del Norte, en 2006, y su última detonación de un explosivo nuclear fue en 2017, con seis ensayos hasta el momento. 

Si EEUU y Rusia rompen el CTBT, se habrá acabado con un consenso internacional que, con excepción de Corea del Norte, era respetado por todo el mundo. También se daría el pistoletazo para que Pyongyang realizara más pruebas nucleares, al igual que India y Pakistán, cuya confrontación en el Himalaya pausó recientemente la intervención de Trump.  

China, por su parte, se vería también con el derecho de probar su creciente arsenal atómico, especialmente ante el riesgo de enfrentamiento con EEUU por Taiwán. Japón, que ya ha solicitado este tipo de armas a su gran aliado, EEUU, podría unirse a tan peligrosa carrera, al sentirse doblemente amenazado por Pekín y por Corea del Norte. 

Actualmente, EEUU tiene más de 5.200 ojivas nucleares y Rusia unas 5.500, cifras que incluyen las cabezas nucleares desplegadas, las almacenadas y las que deben ser desmanteladas. A continuación, aparecen China, con 600 unidades; Francia, con 290; Reino Unido, con 225; India, con 180; Pakistán, con 170; Israel con al menos 90 ojivas, aunque algunos análisis las elevan a 400, y Corea del Norte, que podría disponer de medio centenar. 

Las palabras de Trump, respondan o no al desconocimiento en toda su dimensión del alcance del asunto nuclear, han abierto la caja de Pandora en uno de los momentos más críticos de la pugna entre Occidente y Rusia en Ucrania, y de la rivalidad por temas geopolíticos y comerciales entre EEUU y China en la región de Asia-Pacífico, con la entente sino-rusa planeando sobre estos conflictos. 

No solo es Ucrania 

Como muestra de la gravedad del asunto, esta vez los rusos no han mostrado con Trump el comedimiento manifestado desde que asumiera el poder en Washington, en enero pasado, ante sus habituales salidas de tono. El ministro de Defensa ruso, Andréi Beloúsov, lo dejó este miércoles claro al recomendar a Putin comenzar “inmediatamente” los preparativos para realizar pruebas nucleares “a gran escala”. Y puso sobre la mesa las instalaciones de Nueva Zembla, en el Ártico, para “garantizar su realización en un corto plazo de tiempo”. 

Beloúsov mostró su seguridad de que EEUU reanudará los ensayos nucleares, tal y como apunta la “modernización acelerada de su armamento estratégico ofensivo”, con maniobras que incluyen “ataques nucleares preventivos contra suelo ruso” y la puesta en marcha de la llamada “Cúpula Dorada” para interceptar misiles balísticos rusos y chinos.  

El ministro ruso citó también los preparativos estadounidenses en torno a un nuevo misil intercontinental, el Sentinel, preparado para portar cabezas nucleares a 13.000 kilómetros, y la manufactura de nuevos submarinos y aviones estratégicos. 

Beloúsov aludió asimismo a los planes estadounidenses para situar en Europa y la región de Asia-Pacífico misiles de medio alcance con un radio superior a los 5.500 kilómetros. La posibilidad de que este armamento fuera emplazado en una Ucrania supeditada a la OTAN fue una de las razones aducidas por el Kremlin para lanzar la invasión de febrero de 2022. 

Aunque Serguéi Shoigú, mano derecha de Putin, ex ministro de Defensa y actual jefe del Consejo de Seguridad de Rusia, se mostró cauto sobre las intenciones reales de Trump, otro de los halcones del Kremlin, el jefe del Estado Mayor del ejército, Valeri Guerásimov, sí mostró su percepción de que EEUU empezará en breve los preparativos y a continuación realizará las correspondientes detonaciones nucleares. “Si no tomamos las medidas adecuadas ahora, se perderá tiempo y oportunidades para dar una respuesta oportuna a las acciones de Estados Unidos”, dijo Guerásimov.  

El fin de la era de no proliferación nuclear

Aunque las posiciones adoptadas en estos momentos por los dos países con los mayores arsenales atómicos del planeta puedan tener mucho más de retórica que de amenaza real, que ocurran en un momento de máxima tensión podría descontrolar la confrontación geopolítica internacional y asestar un daño irremediable al régimen de no proliferación nuclear.  

De momento, los países con armamento nuclear ya están pensando en sus propios ensayos atómicos, para preocupación de sus vecinos, que, a su vez, pueden estar considerando alguna medida asimétrica para equilibrar la balanza. 

“Un ciclo de acción y reacción en su máxima expresión”, aseguró en X Andrey Baklitskiy, investigador principal del Instituto de Investigación sobre el Desarme de la ONU. 

Información adicional

Autor/a: Juan Antonio Sanz
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Fuente: Público

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