Este artículo se enfoca en las distintas perspectivas que, a juicio del autor, asumirán los actores políticos en la disputa electoral del 2026. Para ello, revisa la discusión desde las izquierdas, el centro político y las derechas, así como el surgimiento de nuevos actores nacionales que amenazan con vocalizar la política en esta lógica –por no política– del espectáculo y la violencia como formas de atraer al electorado.
El proceso electoral de 2026 será una elección atípica en múltiples sentidos. En primer lugar, será la prueba para el gobierno nacional, un gobierno que, a pesar de múltiples errores, mantiene un respaldo considerable dentro del electorado y la opinión pública, tal como lo muestran las últimas encuestas. También será la prueba definitiva para la izquierda que, a pesar de las divisiones y tensiones que siempre ha enfrentado, cuenta por primera vez con una base electoral que la convierte, por el momento, en la primera fuerza política del país.



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