Apuntando al centro: La identidad local recogida en el festival centro 2026
Fotografía: Katt Lemus

Entre el ajetreo cotidiano de la vida capitalina pocas son las ocasiones que tenemos para mirar fuera de nuestra caja, para atisbar las realidades que componen el collage de la costumbres y memorias bogotanas. Por suerte, cada año –desde hace diecisiete ediciones– la Fundación Gilberto Alzate Avendaño (Fuga) organiza el Festival Centro, un espacio para reconciliarnos y encontrarnos desde todas las latitudes de la ciudad, que además dan inicio al calendario de eventos distritales culturales.

Es normal que uno cambie con el tiempo y el Festival Centro no es la excepción. En sus primeras ediciones limitó su acceso a recitales pagos, con pocos teatros y auditorios disponibles. En su edición 2022, se transformó en un espacio que convive con la realidad más cruda de la marginación en el centro de Bogotá y la disposiciones de resiliencia, cuanto tuvo lugar en el recién inaugurado Bronx Distrito Creativo.

Desde entonces el evento se alzó con su premisa de reconciliar todos los nodos de nuestra sociedad, al darles un espacio de diálogo y creación, un buen indicio de unos trece años de trayectoria que marcaban una transición a un proceso de madurez. Este punto de inflexión se vio reflejado en su cartel, ya que en el año 2023 se adopta como slogan la frase “Los sonidos de la diferencia”, representados con la fuerza del rap, con Lil Supa, la necesidad de la escucha interna con Margarita siempre Viva, la demandante necesidad de reconocer nuestras raíce,  con Cimarrón, entre otras 35 presentaciones. Además, por primera vez, las voces más pequeñas también tuvieron su momento con la inauguración de la franja familiar con las obras Suricato y Las nadas. Las siguientes ediciones seguirán tejiendo los legados de sus antecesoras, dando espacio a nuevas tierras como lo fue el teatro Ecci de la 76.

Todo un camino allanado para llegar hasta este nuevo sol, porque uno a los diecisiete ya está más grande, más aprendido, más preparado. Esta edición es el resultado de aciertos y raspones, pero siempre de cosechas, y tanto los organizadores como sus fieles asistentes hemos aprendido, entre otras chanzas, a llegar temprano para no quedarse por fuera, a llevar mecato, un buen impermeable y a abrazarse con un completo desconocido cuando la música nos está tocando a los dos las mismas fibras en el corazón.

El encuentro que tuvo lugar desde el 29 de enero al 1 de febrero del año en curso, fue inaugurado en el auditorio Mario Laserna por Blanca Andrea Sánchez, directora de la Fuga y el Bronx Distrito creativo,. En su intervención mencionó uno de los avances más significativos alcanzados por el Festival en el último año: la apertura de franjas familiares con asistencia a población con discapacidad visual y auditiva. Un pequeño paso para el Distrito, pero un gran paso para la unión en la ciudad.

El sonido de un latido producido por una intencionada percusión detrás del telón nos preparaba para la ola que se avecinaba; una amalgama entre la dramaturgia, los sonidos tradicionales y el jazz inundó el auditorio cuando Gina Savino, junto con su banda, lo coparon todo. Un excelente abrebocas para todas las jornadas que siguieron.

Uno de los momentos más esperados fue la presentación de N.Hardem, el día viernes 30 de enero en el teatro Ecc,  junto con el colectivo United Fruit.co, un nombre que recuerda todo lo que la oligarquía nacional quiere borrar de los libros de historia. La velada prometía mucho y para nuestra fortuna, cumplió. Hardem escupía narraciones sobre la migración, la soledad, la lucha social y la sensación de no encajar en ningún espacio, entre otras que llegaban como una flecha a su enardecida audiencia. Este espacio resaltaba, dada la ausencia del grupo por varios años de los escenarios, incluso tuvo invitados reconocidos en la escena hip hop local.

El sabor de una vida de trayectoria resonó el sábado 31 en la Media Torta, con la gozadera que llegó a cargo de los Latin Brothers, un son que hace bailar a grandes y chicos y sobre todo a los prevenidos de la nevera que reniegan de botarse unos pasos, hasta que escuchan la primera nota de un coro de vientos de metal y una clave marcando el compás.

Todo lo bueno tiene su final, y la cereza del pastel que adornó la última velada fue la de las letras que han acompañado las cartas escritas por los románticos y melancólicos amores al filo de la traición como lo describen los inigualables Nasa Histoires con su himno Bugambilia  (ó flor morada, como muchos la reconocen), y otras cartas que sumaron a su repertorio cargadas de esperanza, confidencia y llamados a cuidar la salud mental y emocional. Un cierre emotivo que se sintió como una pomada para el alma y que nos deja con ganas de vivir este año lleno de amores, engaños, bolardos, trancones y fotos para el Álbum, porque en esta ciudad uno nunca se queda sin historias que contar.

Información adicional

Autor/a: Katerine Lemus Cárdenas (katt)
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Katerine Lemus Cárdenas (katt)

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