A pesar de los anuncios de Santos, que intenta mostrarse como generoso ante la situación, los estudiantes realizaron el pasado 10 de noviembre la gran toma de Bogotá.
La mañana es joven
Con gran fuerza arrancó el paro. Desde las primeras horas del día ingresaban a la ciudad los buses que transportaban estudiantes procedentes de varias regiones del país. Las marchas estudiantiles, que habían partido desde el sur de la urbe, desde el norte, desde el oriente y desde el occidente, se manifestaban con fuerza. El eco del paro se extendía por toda la ciudad. Eran las 7 de la mañana y ya se conocían noticias de agresiones a estudiantes por bloquear el servicio de transporte urbano conocido como Transmilenio, exactamente en el Portal Norte.
Desde la sede tecnológica de la Universidad Distrital de Ciudad Bolívar salieron centenares de estudiantes, profesores y trabajadores. La marcha recorrió el sur de Bogotá, vinculándose con otros grupos e involucrando a miles de personas: se unieron a ella la delegación de la Universidad Tecnológica de Pereira, que desde hacía varios días caminaba procedente de la capital de Risaralda, además estudiantes de secundaria y grupos estudiantiles de otros centros.
La marcha, entusiasta y numerosa, desde un principio fue ‘acompañada’ fuertemente por la fuerza pública, que intentaba romperla, como se hizo explícito en varios puntos de su recorrido: en la Sevillana, y en los barrios Alquería y Ricaurte. Pero, a pesar de estas provocaciones, sin ‘comerse’ la trampa, la marcha continuó con fuerza. La movilización duró más de seis horas y fue recibida con pitos, aplausos y alegría por parte de los transeúntes, conductores y pasajeros de los transportes públicos.
Marchando desde Tunja, los estudiantes coparon el norte de la ciudad. A este grupo se unieron las movilizaciones de la Universidad Distrital, la Pedagógica Nacional, La Salle, la Javeriana, conformándose así una inmenso bloque juvenil que cubrió gran parte de la Carrera 7ª. De esta manera, las calles de Bogotá se inundaron de voces alegres y críticas, que con su arribo al punto de destino, la Plaza de Bolívar, se sintió que respiraba gente, que se llenaba; se desocupaba un poco y volvía a llenarse. El fuerte aguacero que por horas cayó sobre la ciudad propiciaba esta movilidad. Los datos de la Alcaldía Distrital indican que cerca de 100.000 manifestantes colmaron a Bogotá.
Pese a la decisión de no dejarse provocar, en la capital, 22 personas fueron retenidas, como dice la Alcaldía, por ‘indisciplina’. Quieren que los estudiantes sean ‘disciplinados’, cuando el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) es quien lanza las papas bombas para dañar la marcha, arremete contra los estudiantes y lanza objetos contundentes en su contra.
Hay que llamar la atención sobre esto, pues a quien deben controlar es a su fuerza pública, la que no desiste de provocar, de golpear, de amenazar, de atacar, de lesionar, de insultar.
La oferta gubernamental
El Gobierno busca mostrar una postura de cordialidad. Sin embargo, su propuesta sigue condicionando. Dice que retirará la reforma si se levanta el paro. Los estudiantes reclaman el retiro del proyecto sin condiciones, pero además bajo garantías y escenarios para la construcción de una ley alternativa, discutida democráticamente; una nueva ley para la educación universitaria y superior que le sirva al pueblo.
A pesar de mostrarse cordiales en el lenguaje, “por el bien de los estudiantes que sí desean estudiar”, el Gobierno manifiesta que, si el paro se mantiene, la reforma se aprobará en esta legislatura,lo cual deja ver que la postura oficial no es ni cordial ni en aras de la democracia, pues este proceder sería valorado como una imposición ante el deseo del pueblo por una educación pública, gratuita y de calidad.
En todo caso, luego de la fuerza ganada por el paro, de la sintonía establecida con decenas de miles de familias que saben y sienten lo que cuesta el ‘derecho’ a la educación universitaria y superior, el Gobierno teme que su popularidad se vaya al piso, y opta por maniobrar. Quiere dilatar el debate para otro momento, sin que se vea como una derrota parcial.
En sintonía con la mayoría de nuestros conciudadanos, sabemos que estamos venciendo en este primer asalto, pero que aún falta mucho trecho para que se sepa si, en pro de una educación pública, gratuita y de calidad, fundamental para avanzar en la construcción de una país soberano, vence el país –a través de sus estudiantes– o lo hace el Gobierno a través de la maniobra, la confusión, la amenaza y la violencia.
Para tomar una decisión alrededor de lo ofrecido por la Presidencia, los estudiantes recordaron que este fin de semana (sábado y domingo, para ofrecer una rueda de prensa el lunes) se desarrollará la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) para dar las definiciones sobre el paro y los distintos comunicados que ha enviado el Gobierno. Se reafirma la consigna de “Ni reforma ni Ley 30”, por la construcción de una ley alternativa, democrática y popular.
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