Cuando las palabras adelantan, pero las acciones atrasan

Entre fríos discursos leídos y arañazos de tigre, Colombia asoma a un nuevo abismo electoral esperando milagros, mientras el miedo al futuro dicta la pauta del voto en defensa propia y las encuestas prometen descifrar si la ilusión del “cambio” será suficiente para vencer al atávico fantasma del comunismo.

En el país del Sagrado Corazón de Don Jediondo y Karol G habrá elecciones. Un país donde se tiende a tragar entero, sin saborear, prestándole poca atención al olfato. Y se asiste con impavidez a la impunidad con que se roban, entre otras, las palabras Libertad, Cambio, Dignidad. Un país que enciende velas cuando juega su selección de fútbol, ansiando goles milagrosos que le alegren la vida, así como espera que el próximo gobierno resuelva algo de lo mucho que ningún gobierno le ha resuelto en su vida. Fuera de toda duda razonable, se trata de un país con exceso de víctimas que no se rebelan y así devienen clientela de la esperanza, creyendo que algún día se tendrá algo diferente a lo que se vive gracias a eso que se elige. 

En ese país, entre el verbo rector prometer, y el verbo rector defraudar, ocupa el palacio de gobierno un presidente que amparado en todos los creyentes que repiten “hay que darle tiempo”, insiste con que no lo dejan gobernar mientras indica a quién se debe elegir “por aclamación”, y por cuál consulta de izquierda no se debe votar. Lo respalda ese enamoramiento de, como mínimo, la tercera parte del país con él. Ese enamoramiento que alguien definió como un fenómeno neurobiológico caracterizado por la liberación de dopamina, oxitocina y serotonina, y que en este caso parece ser un no muy explicable fenómeno masivo. 

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Información adicional

Elecciones presidenciales, vuelta 1
Autor/a: Ángel Beccassino
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº265, mayo 2026

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