Unos juegos libertarios donde un record se paga un millón de dólares y el objetivo es vender anabólicos y hormonas que potencien el rendimiento. Un laboratorio con luces de show creado por millonarios que quieren detener el envejecimiento, diseñar superhumanos y alcanzar la inmortalidad.
25 de mayo de 2026. La definición perfecta de los Juegos Potenciados –Enhanced Games— efectuados ayer en Las Vegas con deportistas de elite en decadencia –inyectados con todo tipo de drogas– la dio Donald Trump Junior, quien invirtió en la empresa que organiza la competencia: “Nuestro objetivo no es batir un récord mundial, sino todos los récords mundiales. Intentamos demostrar que el uso de sustancias para mejorar el rendimiento en el deporte es realmente seguro y conduce a un rendimiento nunca visto. Potencial humano. ¿Cuál es ese potencial? ¿Dónde está el máximo? ¿Dónde está el límite? Estos juegos representan el futuro, la verdadera competición, la verdadera libertad y el verdadero récord siendo batido. Esto se trata de excelencia, innovación y dominación estadounidense en el escenario mundial, algo de lo que trata el movimiento MAGA”.
En verdad todo es una operación de marketing para vender a público masivo inyecciones de testosterona, esteroides, anabólicos, hormonas del crecimiento humano, EPO y estimulantes como Adderall y Modafinilo, las mismas que usan estos superdeportistas que no ganaron suficiente dinero como para quedar salvados y venden su prestigio a cambio de ser ratas de laboratorio: exploran los límites del rendimiento a sabiendas de que si algo sale mal, podrían colapsar por infarto o derrame cerebral dentro de un complejo deportivo cinco estrella en Abu Dahi, donde se encierran por meses.
El principal financista de la empresa Enhanced (Potenciados) es Peter Thiel, quien hoy vive en Argentina –hace negocios con Javier Milei– y es un supremacista blanco, al igual que su socio, el hijo del presidente de los EE. UU. Curiosa pero no sorprendentemente, todos los que compiten y se juegan el pellejo en las carreras de atletismo son afrodescendientes. El objetivo más de fondo no es solo aumentar el rendimiento físico, sino avanzar en las ideas transhumanistas de Peter Thiel –la posibilidad de alcanzar la inmortalidad— experimentando científicamente sin cuidar mucho a los humanos que ofician de “conejillos de indias”, probando medicinas que a la larga, detengan el envejecimiento.
El creador de los juegos olímpicos del transhumanismo es Aron D’Souza, íntimo de Thiel, que busca meramente hacer un buen negocio bajo la narrativa de que liberarse de las ataduras de las pruebas antidopaje en el deporte, puede impulsar a la humanidad hacia un nivel superior. El primer paso de la empresa fue lanzarse en Youtube con un video que tuvo repercusiones medianas. En un programa de radio le preguntaron sobre esto al nadador australiano retirado James Magnussen –triple medallista olímpico– quien dijo al pasar: “Si ofrecen un millón de dólares por un récord mundial, me uniré como su primer atleta, me doparé hasta la médula y batiré el récord en seis meses”.
El comentario de Magnussen llegó a oídos de D’Souza quien lo convocó y así fichó en 2024 a la primera estrella del deporte insatisfecha con sus logros: comenzaron a prepararlo para batir el record mundial de 50 metros libres. Esto daría un batacazo y atraería a otros deportistas a unos juegos que automáticamente, los dejarían afuera de cualquier prueba oficial. Magnussen debía nadar tras la zanahoria del millón de dólares, más un sueldo mensual.
Durante cuatro meses lo pincharon a diario en estómago y glúteos. Le dieron testosterona para aumentar la masa muscular y la densidad ósea, péptidos BPC-157 y timosina para acelerar la recuperación, e ipamorelina y CJC-1295 para generar hormona del crecimiento. Pero se les fue la mano. Sus venas en los brazos se hinchaban como si fuesen a reventar, se le ensancharon exageradamente los hombros y los músculos de la espalda crecieron hacia los costados: se los podía ver al mirarlo frente.
Cuando se colocaba los lentes reflectantes para nadar y el gorro negro ultraligero, antes que un poshumano mejorado, parecía un extraterrestre con protuberancias esteroideas.
Magnussen estaba feliz en la previa: “Mi fuerza era altísima, levantaba 250 kilos en sentadilla, que es un 20% más que cualquier otro nadador de la historia. Era una locura; a veces, seis horas después de entrar, sentía que ya podría volver hacerlo”. Se recuperaba rápido, pero no sucedía lo mismo con su sistema nervioso: estaba mentalmente agotado por el super entrenamiento. Cuando ya estaba a punto caramelo para batir el record, tuvo un dolor de muelas fuertísimo y a cara se le hinchó como un globo: pasó la navidad en el hospital donde le drenaron un absceso y le hicieron una endodoncia.
El objetivo de este superhombre era bajar el record mundial del brasileño César Cielo: 20,91 segundos. Contrataron árbitros profesionales para certificar la hazaña y comenzaron a probar, en privado. Pero en cuanto Magnussen saltó al agua, se hundió demasiado y emergió con problemas. Estaba muy pesado y se hundía al bracear. Sus brazos engrosados por demás chapaleaban con furia, pero mientras más fuerza hacía, mayor era la resistencia del agua: nuestro Aquaman de laboratorio había ganado 14 kilos de masa muscular y eso le terminó jugando en contra. El plan de negocios estaba a punto de fracasar: la única estrella a la que pudieron convencer, terminó rindiendo igual que antes.
Mientras tanto, el departamento de marketing de Enhanced comenzó a postear memes insultando al Comité Olímpico Internacional. Y contrataron al científico deportivo Dan Turner para dirigir una comisión, pretendiendo inaugurar la Era del Potenciamiento que llevará a “una superhumanidad para todos”.
Llegó el momento de organizar la primera competencia y la victoria de Donald Trump fue un espaldarazo: Joe Biden no había demostrado interés. El lugar más indicado para esto eran los brillos decadentes de la viciosa Las Vegas. Estos juegos sintonizaron con la política del Secretario de Salud de EE. UU. –Robert Kennedy —un antivacunas cuya cruzada es “Hacer que EE. UU. vuelva a estar sano otra vez”. D’Souza habló con Kennedy y declaró que el secretario “consume productos de mejoramiento y está muy a favor de la mejora humana”.
En diciembre de 2024, D’Souza organizó una conferencia en Oxford con el genetista George Church que promete revivir un mamut y Bryan Johnson, quien invierte su fortuna en intentos cada vez más inquietantes por rejuvenecer. El resultado fue la “Primera Declaración sobre el Mejoramiento Humano” con 39 firmantes donde hay millonarios obsesionados con la edad y médicos especialistas en longevidad.
Como Magnussen no alcanzaba los objetivos, le impusieron un competidor: comenzó una carrera entre dos competidores a lo largo de meses, por batir el record mundial. El nuevo candidato era un nadador greco-búlgaro de 31 años: Kristian Gkolomeev. Había quedado quinto en los 50 metros estilo libre en las Olimpiadas de París y el sueño de su vida de ganar una medalla, parecía ya imposible. La natación a su nivel no genera grandes ingresos y estaba preocupado por el futuro de su familia. El millón de dólares en el horizonte lo hicieron firmar. Pero incluso obteniendo solo alguna victoria en los Juegos Potenciados sin record mundial, el negocio estaba hecho: “Un año exitoso en los Juegos Olímpicos Mejorados me permitiría ganar tanto como habría ganado en diez carreras del circuito oficial”.
Gkolomeev era un poco menos robusto que Magnussen y reaccionó mejor al cóctel de drogas. Hasta que en una prueba –apenas dos semanas después de comenzar a drogarse– nadó como delfín, tocó la meta con la mano y giró para mirar la pantalla del cronómetro: 20,89. “Batió” el record mundial con esteroides sin haber ganado nunca una medalla olímpica. Y llamó a su esposa para avisarle que ya eran millonarios. D´Souza ya tenía el marketing para organizar su primera competencia.
Torneos en Las Vegas
Los primeros Juegos Mejorados se celebraron el fin de semana pasado en Resorts World de Las Vegas, que abrieron con el video de Gkolomeev batiendo el récord mundial. Allí compitieron 42 deportista en natación, pesas y atletismo. Pusieron en juego 25 millones de dólares. La estructura de premios fue diseñada alrededor de las pruebas más elementales de la natación. Cada carrera tuvo 500.000 dólares en juego: 250.000 para el ganador y el resto fue repartido entre los demás: nadie se fue con los bolsillos vacíos.
El modelo es el de Red Bull que financia a superdeportistas de riesgo para vender una bebida. D’Souza, a la larga, mostró las cartas: el lanzamiento de Enhanced Performance Products, una línea de suplementos inspirados en los superatletas totalmente drogados. Los inversores que lo apoyan, “compran activos deportivos para vender una bebida energética”, dijo D’Souza.
La narrativa “potenciada” argumenta que en 2011, la Agencia Mundial Antidopaje descubrió que el 44% de los participantes en el Campeonato Mundial de Atletismo habían consumido drogas para mejorar el rendimiento, y menos del 1% fueron detectados. Ergo, doparse no sería hacer trampa sino transparentar las cosas. Como es usual en la ideología libertaria, de lo que se trata es de incumplir y eliminar toda regla, en pos de ganar más. Esto incluye a las reglas económicas, morales, políticas y ahora deportivas. Sería el nacimiento del “deporte libertario” que no respeta normas para superar al otro, caiga quien caiga, en pos del éxito individual.
Rodrigo Martin-Iglesias –analista de futuros, FADU– analizó en fenómeno para Página/12: “El problema no es que el cuerpo atlético esté siendo ´artificialmente mejorado´. Siempre lo estuvo: el entrenamiento en altura, los suplementos legales, la biomecánica del calzado y la nutrición de precisión son formas de intervención técnica que el olimpismo naturalizó sin dificultad. La línea entre lo permitido y lo prohibido nunca fue científica: fue siempre una decisión política sobre qué cuerpos y qué medios son legítimos. Lo que los Enhanced Games hacen no es cruzar esa línea, sino volverla explícita. Y en ese gesto revelan algo que el deporte organizado prefería no decir en voz alta: que el récord no mide lo que el cuerpo humano puede hacer, sino lo que un cuerpo humano más un conjunto específico de recursos económicos y tecnológicos, puede hacer.
–¿Cuál es el record que realmente rompió Gkolomeev?
–No demostró el límite de lo humano. Demostró el límite de lo que puede comprarse. Ahí está el núcleo del asunto. El modelo de negocio declarado de los Enhanced Games consiste en convertir la competencia en plataforma de marketing para productos de potenciación. El atleta no es el beneficiario del sistema: es más bien el prototipo viviente, el caso de uso, la demostración ambulante de la eficacia del producto. Su cuerpo es simultáneamente el laboratorio y el anuncio. En este sentido, la “libertad” que los Enhanced Games proclaman —libertad para mejorar el propio cuerpo sin restricciones institucionales— es exactamente la misma libertad que promete cualquier plataforma digital extractiva: eliminación de restricciones a cambio de subordinación total a la lógica del capital. Thiel no es simplemente un entusiasta del mejoramiento humano; es el arquitecto de Palantir, una infraestructura de vigilancia conductual global. Que su proyecto deportivo funcione convirtiendo el rendimiento del cuerpo en dato de demostración comercializable, no es una coincidencia biográfica: es la coherencia de un mismo programa.
Los Enhanced Games terminaron con un “éxito” de marketing: Gkolomeev volvió a “batir” el record mundial en 50 metros libre y ganó su segundo millón, más los 250.000 de dólares por la carrera en sí.
Pero la meta de largo plazo aun está lejos: crear un superhombre inmortal. Peter Thiel –un transhumanista declarado— invierte millones en empresas de medicina bajo la certeza de que el envejecimiento es un problema técnico con solución”. Por eso importan poco las críticas de que estas “Olimpiadas MAGA” sean un experimento de alto riesgo que rompe todas las reglas básicas del deporte.
El doctor y a la vez gerente, Dan Turner, dijo:“Estamos creando superhumanos y creo que todo el mundo tiene la capacidad de serlo. Solo necesitamos descubrir qué es lo que limita a alguien: ¿la mente? ¿el cuerpo? Hacemos todo usando evaluaciones médicas. Y si juntas a muchos superhumanos, entonces tienes una superhumanidad.”
Estos distopicos juegos son organizados por supremacistas milmillonarios que aspiran a ser ellos mismos superhumanos de diseño que vivan para siempre: crearon un laboratorio biotecnológico con público, para masas enceguecidas por el espectáculo en la ciudad del juego. Sueñan crear una raza superior, una casta inmortal. Desean comprarse la inmortalidad.


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