La empresa de Elon Musk se prepara para protagonizar la mayor salida a bolsa de la historia mientras Anthropic inicia su propio camino hacia los mercados públicos.
03 de junio de 2026
La industria tecnológica global se encuentra ante uno de los momentos financieros más importantes de las últimas décadas. Si no hay cambios de último momento, SpaceX, la compañía aeroespacial fundada por Elon Musk, comenzará a cotizar en el Nasdaq el próximo 12 de junio en una operación que podría convertirse en la mayor oferta pública inicial (IPO) de la historia. La expectativa es tan grande que ya hay quienes comparan este proceso con el nacimiento de una nueva etapa para los mercados tecnológicos, similar a la que representó Internet en los años noventa.
La empresa buscaría recaudar alrededor de US$ 75.000 millones con una valoración cercana a los US$ 1,75 billones, una cifra que la convertiría en una de las compañías más valiosas del planeta desde su primer día de cotización. Según Reuters, la gira de presentación a inversores comenzará el 4 de junio, el precio de colocación se definiría el 11 de junio y el debut bursátil ocurriría el 12 de junio bajo el ticker “SPCX”. Las principales entidades financieras de Wall Street, entre ellas Goldman Sachs, Morgan Stanley, JP Morgan, Citigroup y Bank of America, participan de la operación.
La magnitud del evento trasciende el negocio espacial. SpaceX ya no es solamente una empresa de lanzamientos de cohetes. Su ecosistema integra la red satélite Starlink, servicios de conectividad global, contratos gubernamentales vinculados a defensa y seguridad nacional, y una creciente estrategia asociada a la inteligencia artificial a través de xAI, la compañía creada por Musk para competir con OpenAI y Anthropic.
El regreso de las mega IPO tecnológicas
La salida a bolsa de SpaceX es interpretada por analistas e inversores como una señal de reapertura del mercado para las grandes compañías tecnológicas privadas.
Durante los últimos años, los gigantes tecnológicos encontraron suficiente financiamiento en los mercados privados como para evitar el escrutinio de Wall Street. Sin embargo, el auge de la inteligencia artificial y la necesidad de financiar enormes inversiones en infraestructura, centros de datos, energía y capacidad de cómputo está modificando esa lógica.
La prueba más evidente llegó esta semana desde el sector de la IA. Anthropic, creadora de Claude, confirmó la presentación confidencial de su formulario S-1 ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC), el paso previo a una futura oferta pública inicial. La empresa aclaró que todavía no definió cantidad de acciones ni valuación definitiva, pero la decisión la posiciona formalmente en la carrera hacia Wall Street.
El movimiento resulta particularmente relevante porque Anthropic acaba de convertirse en una de las startups más valiosas del mundo tras alcanzar una valoración cercana a los US$ 965.000 millones. La compañía, fundada por ex investigadores de OpenAI, se consolidó como uno de los líderes globales en inteligencia artificial generativa gracias al crecimiento de Claude y sus soluciones empresariales.
La secuencia es difícil de ignorar: SpaceX prepara su desembarco bursátil, Anthropic inicia el proceso regulatorio y OpenAI continúa siendo observada por el mercado como la próxima gran candidata a una futura IPO.
Más que una salida a bolsa: una nueva infraestructura económica
Las empresas que hoy lideran la carrera tecnológica global ya no son solamente compañías de software. Son constructoras de infraestructura estratégica.
SpaceX representa la infraestructura espacial y de conectividad global. Anthropic y OpenAI representan la infraestructura cognitiva basada en inteligencia artificial. Los gigantes tecnológicos están invirtiendo cientos de miles de millones de dólares en centros de datos, chips avanzados, energía, redes satélites y sistemas de IA que comienzan a funcionar como plataformas fundamentales para gobiernos, empresas y ciudadanos.
Por eso la salida a bolsa de SpaceX tiene un valor simbólico especial. No se trata únicamente de permitir que nuevos inversores participen del crecimiento de la compañía. Se trata de abrir al mercado una parte de la infraestructura tecnológica que probablemente definirá la economía mundial durante las próximas décadas.
La pregunta que empieza a hacerse Wall Street ya no es solamente cuánto vale SpaceX. La verdadera discusión es cuánto valen las empresas que están construyendo la infraestructura de la era de la inteligencia artificial.
Y todo indica que el 12 de junio podría ser el comienzo de una nueva etapa para responder esa pregunta.


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