La internacional neofascista

El actual neofascismo se está conformando en una internacional, donde convergen sus propuestas programáticas, sus estrategias y tácticas, las ideas, estilos y su perversidad del mal. Es una internacional del odio supremacista, racista, conspirativa, homofóbica, antifeminista, islamofóbica, anti woke y contra la inmigración. Trump, Netanyahu, Orban, Le Pen, Meloni, Milei, Bukele, Santiago Abascal de Vox, el Partido Popular español, Bolsonaro, Álvaro Uribe y las ultraderechas latinoamericanas y colombianas, conforman esta internacional fascista puesta en marcha.

Especialistas en construir fake news en este siglo de las mentiras y de elaborar complots para golpes de Estado blandos, se han organizado bajo una ideología de aniquilamiento a cualquier apuesta de la izquierda y del progresismo que en el panorama aparezca. Violencia, odio, rechazo, expulsión, desaparición y muerte forman la cartografía conceptual desde la cual esta internacional neofascista opera. Con la doctrina del “enemigo interno”, revivida para sus propósitos, acelera el proceso de fascistización a nivel global y se ha encargado de desprestigiar a los gobiernos de izquierda a través de los medios de comunicación corporativos de las élites, a no difundir sus logros y a impedir el apoyo de la ciudadanía.

Para lograrlo financian cadenas de comunicación, divulgación y redes digitales como el Proyecto Júpiter en Colombia y el Hondurasgate. El proyecto Júpiter es una iniciativa privada dirigida en Colombia por Jaime Bermúdez como una estrategia orientada a impactar en la opinión pública para moldear el voto de cara a las elecciones presidenciales a través de talleres empresariales, campañas digitales y estrategias de comunicación; mientras que el Hondurasgate es el nombre dado a una investigación periodística basada en la filtración de audios del expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico en Estados Unidos e indultado por Donald Trump. Las grabaciones revelan una red internacional de corrupción y desinformación diseñada para atacar y desestabilizar gobiernos progresistas en América Latina. El objetivo sería difundir noticias falsas y “expedientes” para desestabilizar los gobiernos de Claudia Sheinbaum en México y Gustavo Petro en Colombia. Una alianza de sectores de extrema derecha conservadora, como el presidente argentino Javier Milei, el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández y el gobierno genocida de Netanyahu financian este equipo de propaganda. La investigación fue publicada por el portal web hondurasgate.ch y difundida internacionalmente por Canal Red.

El procedimiento de los neofascismos, donde la porno política banal y de espectáculo se difunde con promesas cínicas de “salvación nacionalista”, promete ley y orden, como también la purificación y depuración de la cultura y del Estado y una “limpieza” étnica e ideológica que han sostenido desde hace más de un siglo. Esa es su arma de seducción y de conquista “emocrática”, política, pasional, pulsional entre las diversas clases sociales. Orden y ley que se contradicen, pues se sabe que su ley es autoritaria y el orden es para liquidar a sus oponentes.

El apoyo transnacional de esta hegemonía ideológica brutal y autoritaria es bastante visible en los procesos electorales. Es cuando combinan la seducción cínica con la mentira, la astucia con la violencia. De ahí que sus estrategas políticos utilicen, de manera compulsiva, las redes digitales conformando lo que se ha llamado un tecnofascismo de control y de infiltración ideológica, operado por las élites corporativas y por sectores del Silicón Valley que utilizan la inteligencia artificial y la hipervigilancia digital, adaptada y aceptada por la mayoría de los usuarios.

De este modo, la internacional neofascista inventa pretextos para invadir, atacar, liquidar, destruir países, culturas y personalidades desobedientes. Con ello logran generar apoyos emocionales, políticos, económicos y hasta militares. Entre más se presente al adversario como peligroso para la estabilidad de la nación, mayor es el apoyo “emocrático” por parte tanto de partidarios, como de indiferentes y de ingenuos en contra de los “colectivos del mal”, llámense izquierdistas, progresistas, comunidad LGBTIQ+, ecologistas, feministas, sindicalistas, legitimando su aniquilamiento.

La internacional neofascista diaboliza a todos estos colectivos y movimientos proyectando un retroceso en las libertades y violando los derechos democráticos. Pide fuerza militar y policial, mano firme contra sus opositores, legalizando la práctica de la violencia. Y, sin embargo, se presentan como defensores de lo social, del empleo, de la jubilación a menor edad, aparentan ser ecologistas, “antisistema”, “libertarios”, incluso, “anticapitalistas”. Su cinismo se naturaliza y normaliza. La traición a estas propuestas pronto se hace evidente. Prohíben las huelgas, criminalizan la protesta, reprimen a los movimientos sociales y de género, suprimen las áreas de sociales y de humanidades en la educación, persiguen a intelectuales, artistas y escritores críticos… Son estas apuestas las que influyen en la población que se mueve por emociones inmediatistas digitales y no por pautas reflexivas: la patria, la guerra contra la delincuencia, la construcción de megacentros carcelarios, el deseo de ver a un mandatario que proteja y luche contra los enemigos externos e internos.

Con estas estrategias, la internacional neofascista de última hora pretende expandir su hambre de vileza, de terror y de barbarie.

Por, Carlos Fajardo Fajardo, poeta y ensayista colombiano.

Información adicional

Autor/a: Carlos Fajardo Fajardo
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Fuente: desdeabajo

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