El avance silencioso de China en los territorios ocupados de Ucrania

A finales de 2013, el gobierno ucraniano firmó un memorándum de entendimiento con una empresa privada china para la construcción de un puerto en aguas profundas de Crimea y la reconstrucción de la escala marítima de Sebastopol. Dicha empresa se llamaba Beijing Interoceanic Canal Investment Management Co. Ltd. y la dirigía Wang Jin, el millonario chino que en aquella época emprendió la planificación (que acabaría naufragando) de un canal navegable en Nicaragua, con la idea de competir con el de Panamá y promover los intereses chinos en América Latina.

Kyiv y Pekín tenían la intención de convertir la península de Crimea en un nudo de la llamada Ruta de la Seda Marítima, el proyecto de infraestructuras lanzado por el presidente Xi Jinping para colocar a China en el centro de las dinámicas geoeconómicas globales. Sin embargo, las protestas de Maidán, la anexión de Crimea por Rusia en 2014 y las sucesivas sanciones internacionales frustraron los planes de Wang y las ambiciones regionales de la dirección china. De momento, pero no para siempre.

En 2023, el Washington Post reveló la existencia de conversaciones secretas con el coloso estatal Chinese Railway Construction Corporation para la construcción de un túnel de transporte, con un coste de 5000 millones de dólares, bajo el estrecho de Kerch, entre el Mar Negro y el Mar de Azov, en el linde convencional entre Europa y Asia. Un interés, el de China, que en 2025 el servicio de inteligencia de Kyiv extiende al puerto de la ciudad y a algunas infraestructuras militares junto al lago Donuzlav. No está claro si las inversiones se han materializado alguna vez, pero aquel mismo año se detectaron naves de propiedad china entrando repetidamente en Sebastopol con los transpondedores apagados. De poco sirvieron las protestas formales del ministerio de Asuntos Exteriores ucraniano. Los negocios de la República Popular en las regiones ocupadas por Rusia han seguido prosperando, sin duda de forma más intensa que antes.

Principal aliado de Moscú, pero también primer socio comercial de Kyiv, Pekín no ha reconocido nunca la anexión rusa de Crimea ni la de los territorios ucranianos de Donetsk y Luhansk. Aceptar que un Estado soberano pueda trocearse con la ayuda militar de una potencia exterior podría crear un precedente escurridizo para la narrativa china sobre Taiwán. Más bien, China opera según un modelo de “integración de facto sin reconocimiento de iure”, permitiendo a las empresas nacionales tomar posiciones en las regiones ocupadas a través de sociedades intermediarias rusas.

No hablamos tanto de grandes multinacionales estatales, que tienden a evitar las regiones anexionadas unilateralmente por Rusia para evitar las sanciones secundarias de Occidente, sino de empresas privadas de tamaño mediano que van abriendo camino. De este modo también favorecen los intereses del gobierno chino, que ejerce un férreo control sobre la economía nacional, incluso en el sector no público.

Según un informe publicado en marzo por el Ukrainian Eastern Human Rights Group (UEHRG), una ONG fundada en 2014 en el Donbás y dedicada a documentar los crímenes de guerra, se trata de al menos 17 empresas de la República Popular que mantienen actividades en los territorios ocupados de Ucrania. Dicha organización ha registrado más de diez visitas de delegaciones chinas para participar en foros económicos y otros encuentros con las autoridades de Luhansk, Donetsk, Zaporiyia y Jersón. Simples hombres de negocios, pero también miembros de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo, una de las principales instituciones políticas de Pekín. Esto también satisface los intereses de los funcionarios de las regiones ocupadas, que aprovechan los contactos con la República Popular para reforzar su influencia dentro de la jerarquía burocrática local.

Según la UEHRG, la presencia del país asiático en los territorios anexionados se extiende a siete sectores clave: minería, metalurgia, construcción, telecomunicaciones, energía, agricultura e educación. Más del 80 % de las importaciones del oblast de Luhansk consisten en productos chinos, hasta el punto de que el yuan se ha convertido en la segunda moneda de referencia para las operaciones económicas locales. Una tendencia que refleja, más en general, la expansión de los intercambios bilaterales entre China y Rusia, con un valor de 220 000 millones de dólares en 2024, de los cuales alrededor del 90 % se liquidan en yuanes y rublos. Los canales alternativos, como los pagos en criptomoneda y a través de las plataformas chinas Alipay y WeChat, permiten burlar las sanciones, mientras unas cadenas logísticas complejas ayudan a borrar las huellas de las mercancías procedentes de la República Popular.

Uno de los trayectos más utilizados parte de los distritos industriales del sur de China, pasa por el puesto fronterizo de Manshuli-Zabaikalsk y hace escala en Rostov del Don, en el sur de Rusia, hasta llegar a los territorios ocupados. Así, la mercancía cruza Kazajistán, donde se registra como producto local a fin de camuflar su origen. Según el instituto de estudios estadounidense Center for Global Civic and Political Strategies (CGCPS), a partir de 2022 las exportaciones kazajas de bienes bajo control estricto (CHPL) a la Federación Rusa han aumentado más del 400 % poco después de iniciado el conflicto.

Para Pekín no se trata solamente de abrir nuevos mercados para las empresas nacionales. Al tolerar que estas se aventuren por las zonas conquistadas por Moscú, la dirección china parece actuar con una finalidad estratégica más amplia. Además de las ventajas económicas inmediatas, está en juego el acceso a importantes recursos minerales. Alrededor de la mitad de los yacimientos de tierras raras de Ucrania, entre ellas litio, titanio y zirconio, se halla actualmente en esas mismas zonas ocupadas. Teniendo en cuenta que Rusia no posee la tecnología para la extracción avanzada, la industria china podría obtener finalmente el control de esos recursos estratégicos, llegando a consolidar a largo plazo un corredor logístico hacia Europa oriental.

En Luhansk, donde existen importantes depósitos de carbón, las empresas chinas suministran equipos para la minería y camiones de gran tonelaje. Asimismo, en el oblast de Donetsk, también en el Donbás, se ha visto crecer del interés de la República Popular desde el inicio de la guerra. En agosto de 2024, la empresa china SANY Heavy Industry entregó las primeras excavadoras para cuatro minas de carbón locales, pertenecientes al grupo Impex-Don. La dirección de la empresa ha señalado después que tiene la intención de reequipar todas sus minas con maquinaria hecha en China.

Las tecnologías chinas también están abriéndose camino en otros sectores. En Donetsk, el fabricante de equipos de refrigeración Donfrost sustituyó en 2024 dos líneas de producción húngaras, que se remontaban a comienzos de la década de 1990, por una nueva línea china. Como también es china la maquinaria empleada en la pedrera de Karansky, que abastece diversas obras, incluida una que hay cerca del puerto de Mariúpol, a orillas del mar de Azov, donde se han edificado decenas de edificios sobre las fosas comunes de los miles de civiles que murieron durante el asedio de la ciudad a comienzos de 2022.

Pero es sobre todo en el terreno de las infraestructuras críticas donde la penetración del made in China resulta particularmente controvertida. Según investigadores del UEHRG, el operador ruso Miranda-Media, implicado tras la anexión parcial del Donbás, ha reconstruido la red de telecomunicaciones en cuatro oblast casi enteramente con tecnología china, en particular de Huawei. El coloso de Shenzhen no ha anunciado nunca públicamente proyectos en las zonas ocupadas.

Con el inicio del conflicto, las empresas occidentales y ucranianas abandonaron la región, creando una situación de monopolio casi absoluto para los recién llegados. Gracias al bajo coste, los equipos adquiridos de la República Popular se integran sistemáticamente en las infraestructuras críticas, de la minería a la industria. “Los riesgos asociados a las sanciones occidentales se compensan con los pingües beneficios derivados de la ausencia de competidores”, explican los investigadores del UEHRG. “Esto crea una dependencia tecnológica que será muy difícil de desmantelar incluso una vez terminada la guerra.”

La asimilación no solo se produce a través del hard power. También comienza a manifestarse la presencia cultural china. En Luhansk, por ejemplo, opera un centro de estudios para el aprendizaje del mandarín que enseña caligrafía y practica la ceremonia del té. Aquí, como en otras zonas anexionadas, la cooperación con China sirve principalmente de vehículo de legitimación internacional. Aunque con una difusión limitada en el panorama de mayoría rusófona, los medios estatales chinos, como la emisora CGTN, han ampliado su cobertura con la difusión de encuadres  favorables a Moscú. No siempre la presencia del gigante asiático se mantiene discreta. En 2023 la exhibición de la cantante Wang Fang entre las ruinas del Teatro Dramático de Mariúpol, destruido en una incursión aérea rusa, provocó encendidas polémicas.

Como explica a The New Voice of Ukraine Yuliia Zavhorodnia, investigadora del Instituto de Estudios Estratégicos y de Seguridad, todo esto tendrá consecuencias a largo plazo. Los intercambios educativos y culturales crean lazos duraderos que funcionan paralelamente a los contactos económicos, sentando las bases de una influencia sistémica. No se trata solo del comercio, sino de un cambio gradual de la orientación económica, de las normas, de la logística y de los canales financieros de las regiones ocupadas. “De hecho estamos observando una asianización parcial del modelo económico de la región”, que según la experta será difícil de revertir incluso en caso de desocupación.

28/05/2026

GariwoMAG

Traducción: viento sur

Alessandra Colarizi es directora editorial de China File.

Información adicional

Autor/a: Alessandra Colarizi 
País: Ucrania
Región: Euroasia
Fuente: Viento Sur

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