Con el resultado abierto los peruanos van a las urnas envueltos en una crisis de inestabilidad política y desborde de la delincuencia.
07 de junio de 2026 . Envueltos en una crisis de inestabilidad política y desborde de la delincuencia, este domingo los peruanos van a las urnas para elegir un nuevo gobierno para los próximos cinco años. En la última década ningún presidente ha podido terminar su mandato, el país ha tenido ocho jefes de Estado en los últimos diez años. Más de 27 millones de peruanos elegirán entre el izquierdista Roberto Sánchez y la ultraderechista Keiko Fujimori. Para la elección de este domingo llegan en un empate técnico, lo que deja el resultado abierto. Keiko Fujimori postula a la presidencia por cuarta ocasión consecutiva. En las tres anteriores perdió en el balotaje, una sombra que la persigue, que la ha cubierto de una fama de perdedora en las instancias decisivas.
Keiko postula reivindicando la dictadura de su padre, Alberto Fujimori, quien fue sentenciado por crímenes de lesa humanidad y corrupción. Sánchez lo hace como heredero político del expresidente Pedro Castillo, el maestro rural de izquierda que en diciembre de 2022 fue destituido y encarcelado por su fallido intento de cerrar el Congreso controlado por la derecha que maniobraba para derrocarlo.
Cancha inclinada
Ha sido una campaña con la cancha inclinada contra la candidatura progresista. Los grandes medios se han alineado en una campaña de ataques y desprestigio contra Sánchez, y de lavado de los muchos cuestionamientos y denuncias de corrupción que tiene el fujimorismo. Insólitamente, los medios han presentado como la carta de la democracia y la estabilidad a Keiko Fujimori, que reivindica una dictadura y que en los últimos años ha utilizado su poder en el Congreso para capturar el sistema de justicia y ha sido un factor clave en la inestabilidad política de la última década.
Durante la campaña se ha visto, de un lado a una candidata respaldada, además de los grandes medios, por los grandes grupos económicos y todo el establishment, que para ganar votos ha apostado al miedo a la izquierda y a un supuesto comunismo que lo estatizaría todo, y del otro lado a un candidato de discurso popular, impulsado por los sectores más pobres y excluidos, que llama a detener el autoritarismo fujimorista y enfrentar las grandes desigualdades y la pobreza. Una polarización que se asemeja a la de 2021, cuando Castillo derrotó a Keiko. Como en 2021, el fujimorismo saca una importante ventaja en Lima, que es un tercio del electorado. Sánchez, como Castillo hace cinco años, gana con una amplia diferencia en las zonas andinas, entre la población rural.
Qué dicen los sondeos
Keiko encabeza los sondeos por una diferencia mínima que está dentro del margen de error, por lo que las encuestadoras hablan de empate técnico. En la última semana se ha registrado una tendencia al alza de Sánchez. El pasado domingo, en las últimas encuestas que la ley permite difundir, la diferencia a favor de Keiko era entre dos y cuatro puntos. Esta semana se ha reducido a entre 0,4 y un punto. Página 12 tuvo acceso este sábado a dos sondeos realizados por las encuestadoras para sus clientes empresariales, que la ley prohíbe difundir en el país.
De acuerdo a la encuestadora Ipsos, Keiko tiene 44,1 por ciento y Sánchez 43,7 por ciento. El pasado domingo, esta misma encuestadora le daba a Fujimori 40,4 por ciento, contra 38,3 por ciento de Sánchez. Un sondeo de Datum le da a Fujimori 44,9 por ciento y a Sánchez 43,9 por ciento. El domingo pasado, Datum le otorgaba a Fujimori 39,7 por ciento y a Sánchez 35,4 por ciento.
Nerviosismo
En el fujimorismo han pasado de la arrogancia al nerviosismo. Cuando se sentían seguros ganadores, la dirigencia fujimorista rechazó la posibilidad de convocar a otras fuerzas políticas, no pudieron ocultar su ADN autoritario. En la víspera de la elección, cuando ya no sentía segura su victoria, Keiko difundió un video en el que llamaba al excandidato presidencial de derecha Carlos Álvarez a trabajar juntos, a lo que hasta ahora se había negado. Un día antes había elogiado al ultraderechista excandidato presidencial Rafael López Aliaga, que le dio su apoyo.
Keiko declaró el viernes que si llega a la presidencia evaluaría un indulto a los expresidentes Pedro Castillo, cuyo respaldo ha sido clave para el éxito electoral de Sánchez, y Martín Vizcarra, rival del fujimorismo, sentenciado por corrupción y con cierto nivel de respaldo. Antes había atacado duramente a Sánchez por ofrecer el indulto para Castillo. Una movida interpretada como un acto de desesperación para buscar votos. Con la esperanza de fortalecer su candidatura, su equipo de campaña difundió en la víspera de la elección el respaldo que ha recibido de personajes de la derecha internacional, como el candidato presidencial colombiano Abelardo de la Espriella y la venezolana María Corina Machado.
La candidata fujimorista ha centrado su campaña en proponer mano dura para enfrentar la creciente delincuencia. Ha dicho que si llega a la presidencia retiraría al Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), cuya defensa de los derechos humanos considera una limitación para combatir la delincuencia. Defender el equilibrio fiscal y macroeconómico son sus propuestas económicas centrales, pero la bancada parlamentaria fujimorista se ha convertido en la mayor amenaza al equilibrio fiscal con una serie de exoneraciones tributarias a grandes empresarios. Sobre esas exoneraciones la candidata ha guardado silencio.
Indulto a Castillo
Sánchez, que fue ministro de Comercio Exterior durante todo el gobierno de Pedro Castillo, entre julio de 2021 y diciembre de 2022, ha anunciado desde el primer día de su campaña el indulto a Castillo si llega a la presidencia. Ha convertido el sombrero campesino de ala ancha que usaba Castillo en el símbolo de su campaña. Ofrece un gobierno amplio de coalición nacional, convocando a sectores más allá de la izquierda. Ya ha avanzado en cerrar acuerdos en ese sentido. Para enfrentar la creciente delincuencia ha anunciado como primera acción derogar las “leyes procrimen”, dadas por el actual Congreso controlado por una coalición derechista que encabeza el fujimorismo, que limitan la capacidad fiscal para investigar al crimen organizado y la corrupción política. También anuncia que impulsará que el nuevo Congreso derogue las leyes de impunidad que favorecen a los acusados de violaciones a los derechos humanos dadas por el actual Parlamento. Se ha comprometido a mantener al Perú en la Corte IDH.
En el terreno económico, ofrece mejorar la recaudación fiscal y terminar con las exoneraciones tributarias a grandes grupos de poder económico para invertir esos recursos en fortalecer los programas sociales, aumentar los presupuestos para educación y salud, respetar la autonomía del Banco Central de Reserva, programas de apoyo a las micro y pequeñas empresas y a la agricultura familiar que es la mayoritaria en el país, defender los derechos laborales, el aumento del sueldo mínimo, priorizar el combate a la pobreza.
El amplio triunfo de Sánchez en el debate del domingo pasado, el respaldo que ha recibido en los últimos días de varios candidatos presidenciales de distintas tendencias, su alianza con partidos políticos desde la izquierda a la centroderecha y con sindicatos y organizaciones sociales, los mensajes esta semana en redes sociales de líderes de opinión y personalidades que habían dicho viciarían su voto y que ahora señalan que por el peligro autoritario que representa el fujimorismo han decidido cambiar y votarán por Sánchez, le han dado a la candidatura progresista un importante impulso en el decisivo tramo final de la campaña. Está por verse si le alcanza.



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