09 de junio de 2026
Los océanos del planeta atraviesan uno de los momentos más críticos s desde que existen registros científicos modernos. Una nueva evaluación de las Naciones Unidas advirtió que la presión ejercida por las actividades humanas alcanzó niveles “severos y acelerados“, con consecuencias que ya se reflejan en el aumento del nivel del mar, la pérdida de biodiversidad, la contaminación por plásticos y la alteración de procesos clave para la regulación del clima global.
El diagnóstico surge de la Tercera Evaluación Mundial de los Océanos (WOA III), un informe elaborado por casi 600 especialistas de 86 países que analizó el estado de los mares entre 2021 y 2025. Los resultados muestran que el deterioro detectado en la evaluación anterior no solo continuó, sino que se profundizó en los últimos años.
Uno de los datos más preocupantes es la aceleración del aumento del nivel del mar. Mientras antes de 2015 el incremento promedio era de unos 2 milímetros por año, en 2023 alcanzó los 4,3 milímetros anuales, más del doble. Esta tendencia coincide con las mediciones satelitales internacionales, que muestran una aceleración sostenida del fenómeno vinculada al calentamiento global y al deshielo de glaciares y capas polares.
Los científicos también observaron que el 16 por ciento de todo el calor acumulado por los océanos desde 1955 se incorporó después de 2018. El calentamiento más intenso se registró en el océano Atlántico y en sectores australes de los océanos Índico y Pacífico. Este fenómeno no solo afecta a la vida marina, sino que altera corrientes oceánicas fundamentales para la distribución del calor en el planeta y para la estabilidad climática de numerosas regiones.
El informe recuerda que los océanos cumplen una función esencial como amortiguadores de la crisis climática. Han absorbido cerca del 90 por ciento del exceso de calor generado por las emisiones de gases de efecto invernadero y aproximadamente el 30 por ciento del dióxido de carbono liberado por la quema de combustibles fósiles. Sin esa capacidad de absorción, el calentamiento global sería todavía más extremo. Sin embargo, los expertos advierten que este servicio ecológico tiene límites y que los ecosistemas marinos están mostrando señales crecientes de agotamiento.
A las consecuencias del cambio climático se suman otras presiones provocadas por el ser humano. La contaminación, la sobrepesca industrial, la degradación de hábitats costeros y la explotación intensiva de recursos marinos actúan de manera simultánea y acumulativa. El resultado es una reducción sostenida de la biodiversidad y una mayor vulnerabilidad de los ecosistemas oceánicos.
La contaminación plástica ocupa un lugar central entre las amenazas identificadas. Según la evaluación, cada año llegan al mar unas 52,1 millones de toneladas de plástico. Los investigadores estiman que actualmente existen alrededor de 24,4 billones de partículas de microplásticos dispersas en los océanos, afectando a más de 4.000 especies marinas. Estas partículas ingresan en las cadenas alimentarias y ya fueron detectadas incluso en organismos que habitan las mayores profundidades conocidas.
Pese al avance del conocimiento científico, los expertos reconocen que todavía existen enormes vacíos de información. Apenas el 27 por ciento del fondo oceánico había sido cartografiado para 2025, lo que significa que gran parte de los ecosistemas de aguas profundas sigue siendo poco conocida. Esta falta de información dificulta la evaluación de impactos y la definición de estrategias de conservación.
El informe también analiza los factores que amplifican las presiones sobre el océano. Entre ellos figuran el crecimiento de la población mundial, que pasó de 7.700 millones de personas en 2017 a 8.200 millones a fines de 2024, los avances tecnológicos, los cambios en los sistemas de gobernanza y la creciente inestabilidad económica y geopolítica. Más de un tercio de la humanidad vive actualmente a menos de 100 kilómetros de una costa y alrededor del 11 por ciento habita zonas situadas a menos de diez metros sobre el nivel del mar, lo que incrementa la exposición a inundaciones y otros riesgos asociados al ascenso de las aguas.
Frente a este panorama, Naciones Unidas destacó algunos avances. Entre ellos figura la entrada en vigor del histórico Tratado de Alta Mar, destinado a proteger las vastas áreas oceánicas que se encuentran fuera de las jurisdicciones nacionales. El acuerdo se suma a decenas de instrumentos internacionales orientados a preservar la biodiversidad, mejorar la gestión de los recursos y limitar prácticas perjudiciales. Sin embargo, la evaluación concluye que la gobernanza de los océanos sigue fragmentada y que la coordinación internacional continúa siendo insuficiente para enfrentar desafíos de escala planetaria.
En el marco del Día Mundial de los Océanos y de las discusiones internacionales sobre la protección marina, el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que la humanidad no puede seguir tratando al océano como un recurso ilimitado. Organizaciones ambientalistas como Greenpeace reclamaron a los gobiernos que aceleren la creación de áreas marinas protegidas y cumplan el compromiso de conservar al menos el 30 por ciento de los océanos para 2030, una meta que los científicos consideran indispensable para permitir la recuperación de ecosistemas cada vez más presionados.



Leave a Reply