El momento Musk
Elon Musk, CEO de SpaceX, cuya imagen se proyecta de forma remota desde la sede de SpaceX en Starbase, Texas, habla antes del lanzamiento de la oferta pública inicial (OPI) de SpaceX. Foto Afp Elon Musk, CEO de SpaceX, cuya imagen se proyecta de forma remota desde la sede de SpaceX en Starbase, Texas, habla antes del lanzamiento de la oferta pública inicial (OPI) de SpaceX. Foto Afp

Después de la esperada jornada de colocación de las acciones de SpaceX, el viernes pasado, la empresa de Elon Musk alcanzó un valor de 2.1 billones de dólares y se convirtió así en la sexta empresa pública (con acciones que cotizan en la bolsa de valores) más grande de Estados Unidos. 

En la puja inicial, las acciones alcanzaron un precio de 161 dólares, por encima de los 135 establecidos originalmente. Y Musk se convirtió en el primer billonario. Esta transacción financiera estuvo apoyada por una serie de bancos y empresas de inversión que obtuvieron grandes ganancias. 

Esto ocurre con una empresa que en 2025 tuvo ingresos de 18 mil millones de dólares, pero una pérdida neta de 4.9 mil millones. No obstante, ha levantado grandes expectativas con respecto a su rentabilidad futura, un tiempo que es, obviamente, incierto. Y en un negocio en el que de las tres partes que lo componen: cohetes, satélites e IA, es la tercera la que predomina. 

Es notoria la capacidad de Musk para atraer la atención, empujar su discurso hasta confines que parecen exóticos y conseguir el apoyo para sus proyectos que, en el caso de SpaceX, van desde mandar grandes cohetes al espacio, poner en órbita centros de datos para la inteligencia artificial, hasta crear una ciudad en Marte de hasta un millón de habitantes. 

La revista The Economist señala que los nuevos inversionistas están comprando una especie de apuesta sustentada en que hay una gran cantidad de ganancias potenciales en el espacio, que una gran parte de ella tiene que ver con la industria de la inteligencia artificial y que está organizada de manera que Musk retiene el control completo de la empresa; es decir controla siempre la mayoría de las acciones. La expectativa de todo este embrollo financiero y culto a la ganancia y la especulación es indicativa del modo en que opera el capitalismo actual. 

En una nota publicada por Paul Krugman encara la operación de SpaceX de manera muy crítica. Define el éxito del negocio de Musk a partir de que persiste en captar nuevos inversionistas porque se exhibe como exitoso y así reiteradamente atrae nuevos inversionistas. Y dice que el término que lo describe es el de un esquema Ponzi, en este caso no sustentado en autos, cohetes o inteligencia artificial sino basado primordialmente en la creencia en Musk y lo llama un Ponzi humano. 

Agrega que la gran habilidad de Musk consiste en crear caparazones financieros y apalancar influencias políticas. Duro diagnóstico, acertado y muy distinto de los más críticos de diverso origen. 

De los negocios de Musk, Tesla y Starlink (la constelación de satélites de Internet) son proyectos exitosos, pero la riqueza de Musk se sostiene en la creencia sobre su genio, que ha llevado a apilar recursos en acciones de las empresas que el controla. Hoy, la empresa de inteligencia artificial xAI anexada al proyecto SpaceX está rezagada respecto a las grandes firmas, como Google, OpenAI y Anthropics. 

Un aspecto que destaca en esta enorme operación financiera y que caracteriza a la industria tecnológica, representada en extremo por las llamadas Siete Magníficas, es la obsesión pública con la riqueza extrema. 

El nombre de Musk queda asociado a la atracción que provoca lo desmesurado, sustentado en una visión extendida de la potencia de la tecnología y, también, del poder que representa como herramienta de control social y político. Que Musk sea el primer billonario no es algo para celebrar, como ocurrió en Wall Street.

15 de junio de 2026

Información adicional

Autor/a: León Bendesky
País: Estados Unidos
Región: Norteamérica
Fuente: La Jornada

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