Por primera vez, desde su salida de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz (Oacp), el ex comisionado Danilo Rueda revela lo que se pretendió ocultar de los esfuerzos de la Paz Total. Metodología, avances y saboteos de los guerreros en contra del anhelo de miles y miles que no quieren más derramamiento de sangre y dolor. No puede haber consenso en contra de la paz. Hay que insistir.
Danilo Rueda recorrió casi todo el país desde finales de los 80, dejando nichos de relaciones y con experiencias de una paz desde abajo. Comunicador social, sus estudios en filosofía, teología, educación y ciencias políticas le han permitido buscar interpretaciones sistémicas sobre la realidad con las comunidades urbanas y rurales. Sin quererlo se adentró en el derecho conociendo expedientes judiciales, investigando, recaudando pruebas y litigando en el Sistema Interamericano, la Corte Penal Internacional, y desarrollando estrategias ante los Tribunales de Justicia y Paz y la JEP.
Desde 1985 iba releyendo sus autores de cabecera en los contextos de la violencia estructural y otras violencias, fortaleciendo iniciativas de autonomías integrales, autoprotección, de acciones humanitarias y construcción de paz estructural ante la precariedad del Estado. Sus iniciativas de ruptura eran no muy bien vistas ni por las izquierdas, por gobiernos liberales y los autoritarios.
Rompiendo su estado de invernación pública, aunque sigue en la construcción de paz con los afectados por nuestras violencias y otros actores de la sociedad, aceptó dialogar en una esquina.
Aguijón (A): ¿Existe una discusión en el país, con ataques directos al candidato Iván Cepeda y a usted, por el problema actual de la inseguridad?
Danilo Rueda (DR): Esa discusión existe, descansando sobre un falso dilema que hoy se usa electoralmente para atacar al candidato. Paz y seguridad no se oponen, son complementarias. Dialogar nunca supuso ni supone abdicar del uso razonable de la fuerza ni de la justicia. En nuestro caso tampoco lo fue y hay innumerables pruebas de ello. Hay moldes de paz como si fueran los únicos posibles para ese derecho a la paz. El que diseñamos solo empezó y nunca se terminó Las violencias armadas tienen raíces estructurales que ninguna estrategia militar resuelve por sí sola, son violencias con arraigos socio territoriales que no son de un gobierno y tienen diferencias en sus orígenes y motivaciones. Se dialoga porque la derrota militar o policial es costosa y de largo tiempo, y tampoco asegura la victoria ni asegura la no repetición. Se dialoga porque hay voluntad de la contraparte o porque ese diálogo puede concitar al grupo al cese de la violencia. Se dialoga por la irracionalidad de las violencias en sus efectos humanitarios, pero en la urgencia de reorganizar o fortaleecer una democracia real. Se dialoga para acordar y transformar, no para imponer una pax romana, hoy una pax neoliberal.
A.: La fuerza siempre cumple su papel, ¿cuál fue su operación razonable en 15 meses? ¿A quién le corresponde la respuesta de sus resultados?
DR.: La comprensión tradicional de la seguridad desconoce la importancia de reslver lo estructural, y resolverlo sustancialmente. Resulta fácil ordenar a la fuerza actuar, sea la policial o la militar, al momento de dar respuesta a las demandas de derechos, mucho más si estás se expresan en la protesta o desobediencia civil. Lo estructural, esa violencia silenciosa que niega derechos sociales, ambientales, y otros más, nunca se resuelve de fondo. Se ajustan leyes, se firman papeles, se miente. Hay un no cumplir como práctica, cuando la situación explota, se usa el fantasma del comunismo, se reprime o se judicializa. Todo lo que exprese una objeción se vuelve terrorismo. Vienen los hechos dolorosos. Si las investigaciones se hacen, llevan a algunos a la cárcel, policías y militares, y los manifestantes sentenciados por terrorismo. Falsamente todo se arregla. ¿Los que ordenaron y se beneficiaron en impunidad? Y la realidad que motiva la violencia echando raíz. El modelo de seguridad ha sido reactivo, llaman estratégico, lo preventivo es lo estructural en la justicia con una fuerza que asegure que eso acordado, lo que es la convivencia, se proteja de la externalidad. Preguntémonos, ¿qué pasó en más de 40 años con ese modelo? Todo es más o menos igual, un poco más viejos y nuevas generaciones con grupos y expresiones armadas arraigadas. Vayamos al Yari, a Arauca, al Catatumbo, al Cauca, a San Pedro de Urabá, a Valencia, a Medellín, Buenaventura, a Ciudad Bolívar o Casuca, a Suba, definamos los indicadores, las mediciones, ¿se resolvió la violencia armada, se comprendieron las diferencias de motivaciones de cada grupo? No. ¿Por qué no, si hubo fuerza y policía, sin diálogos, y aparatos judiciales?
A.: ¿Hay alternativas reales y posibles?
DR.: Creo que el Acuerdo Nacional, sí parte de un Pacto Ético previo, es la salida. La paz sería el resultado de ese Contrato Público para afrontar desigualdades, crisis, cambio climático, garantías políticas, narcotráfico y extractuvismo, deuda externa. La sociedad es lo fundamental. Ese proyecto de convivencia lo pacta la comunidad civil, los sectores populares, los gremios, los partidos, las iglesias, los militares y policías retirados. Hay que volver al sentido de la policia en nuestra era, al sentido de lo militar en las nuevas situaciones mundiales. La fuerza debe asegurar la convivencia, debe prevenir, disuadir toda esa externalidad que pretenda afectar un acuerdo. En 15 meses, más allá de los debates-show en el Congreso, con la población de base en zonas de violencias, los partidos de oposición, y el grupo histórico rebelde existente, avanzamos sustancialmente en asuntos de ese Pacto Ético hacia un Acuerdo Nacional. Eso quedó ahí, en aperitivos.
A.: Entonces, ¿hay supuestos de paz y de seguridad?
DR.: Suponemos que todos vivimos en democracia. Asumimos que la formalidad es la realidad de un Estado Social de Derecho para todos. La realidad es que existen abismos experimentados por la población, por los ciudadanos, que desdicen de esa autoridad y de esa experiencia institucional Las violencias estructurales, como la desigualdad y las violencias armadas, expresan los baches de nuestra democracia. Y culturalmente, en el campo emocional, las tensiones que se expresan en la politica amplian sus radios de acción en intolerancias y odios viscerales. Seguimos sin tratamiento de fondo de lo que eso revela de una democracia, sin democracia para todos. Estamos juntos 90 minutos, y luego, años destruyéndonos. De eso hay memoria. El Plan Laso limitó la operación de los llamados bandoleros, más de 125 grupos, su razón de ser nunca fue resuelta. ¿Eso lo resolvía la fuerza o el poder civil? El sector más politizado de campesinos liberales sobrevivió y pasaron a estrategia de guerra de guerrillas. Vinieron los bombardeos de Riochiquito, y ¿qué pasó? Surgieron las Farc. ¿Qué sucedió después de Anorí con el Eln? Insisto, la fuerza tiene limitaciones para resolver los asuntos estructurales. ¿La desmovilización de 2005 resolvió el paramilitarismo? ¿El Acuerdo de Paz de 2016 terminó el conflicto armado? ¿Qué sucedió en seis años de implementación? La realidad dice: no.
A.: ¿Persiste un olvido histórico interesado?
DR.: La desmovilización de la estrategia paramilitar de las AUC en 2005 no terminó esa estrategia armada. Estamos hablando hoy de 18 años de operaciones urbanas y rurales, soportadas en sectores institucionales, los económicos y las mentalidades de enemigos internos. Todos esos cimientos se reprodujeron de inédita manera en nuevas expresiones de esa violencia. El asesinato de cerca de 4.500 de sus integrantes, y las inseguridades en la incorporación, y las de comparecencias permenantes ante los tribunales de Justicia y Paz, sin cierre, siguen ahí, con unas actuaciones idóneas de muchos de sus magistrados. Pero, ¿se produjo una renovación, una depuración de la mentalidad, tacticas de la fuerza pública y la inteligencia? ¿Qué pasó en las regiones de operaciones de las Auc?, ¿El Acuerdo de Paz de 2016 con las extintas Farc, terminó el conflicto armado? ¿Qué son los grupos pos Farc, su origen en 25 agrupaciones dispersas en 2016, luego federedas en 2020 y ya en 2022 con mandos unificados, cuáles sus motivaciones, ¿son solo narcos? Y, ¿qué es la Segunda Marquetalia? La doctrina y la estrategia militar y policial cambió, ¿terminó el conflicto armado? Simultáneamente, ¿se dejó de perseguir al Eln en el gobierno de Santos, de Duque, y el propio de Petro? Entonces. ¿el problema es dialogar? Es evidente que no. Atribuirle ahora a la Paz Total una inseguridad de raíces tan viejas es trasladar a 15 meses una deuda que no le corresponde. Ante los síntomas evidentes, las soluciones pretenden ser de emergencia, pero no estructurales y transformadoras. Un modelo de seguridad y de paz complementarios es un proceso que debe surtirse desde la sociedad y está en un Pacto Ético, y de allí a un Acuerdo Nacional. El poder civil se desatiende de sus responsabilidades, le da a la fuerza y a la justicia esas responsabilidades, les delega para que resuelvan esos déficits estructurales. Hemos visto los resultados, una y otra fase de violencia.
A.: ¿Hubo elementos que funcionaron?
DR.: Claro. Comprender la necesidad de resolver las causas y en eso el Plan Nacional de Desarrollo era una aproximación de base. También, darle un nuevo sentido a la fuerza y a las inteligencias. Durante seis meses, sin un solo cese de fuego, solo con la exigencia de respeto a la vida (no matar, no desaparecer, no torturar, respetar los ecosistemas) en campo y ciudad, en 7 procesos de exploración y uno en fase dialógica –el del Eln–, fue verificado y experimentado por la población con una reducción sustancial de las tensiones armadas. Posteriomente, durante meses con esta guerrilla, hubo reducción de acciones verificadas sin cese. Un sector policial y de las fuerzas militares y de las inteligencias seriamente comprometidos, conscientes de lo que se iba construyendo, propositivos, pero poco escuchados en la cúpula, dan fe de un método que estaba dando frutos. Al mismo tiempo, la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP hizo balance de los primeros meses de los ceses al fuego, confirmó un desescalamiento del conflicto entre los grupos armados y la fuerza pública. Se redujeron los combates y las afectaciones letales, se lograron salvar vidas- La lectura correcta no es que la paz fracasó. Dialogar frenó, limitó, disuadió. Dialogar condujo a agendas y metodologías para abordar lo estructural en una reforma rural y urbana integral.
A.: ¿Y porque los actores armados se expandieron?
DR.: A su pregunta otra pregunta: ¿Acaso se limitó la actuación de la fuerza pública para evitar su expansión? Es falso que la fuerza pública estuviera maniatada. Durante quince meses los acercamientos se hicieron en medio de operaciones militares y policiales que nunca se suspendieron, salvo en espacios definidos, nunca se negó la actuación de las inteligencias ni las actuaciones disuasorias. La pregunta honesta es la inversa: ¿qué hicieron ciertos sectores institucionales sin ceses y con ceses, sin pactos y con pactos por la vida? Y, ¿por qué crecieron las extorsiones, y por qué crecieron las hostilidades sin diálogos? Y, ¿qué hicieron en los entornos en las zonas en dónde se realizaban acercamientos o diálogos? Y, ¿en qué han sido benéficas las fragmentaciones? Yo escucho, voy a las comunidades y el panorama es crítico.
A. ¿Es decir, hubo saboteó?
DR.: Es una hipótesis. Hubo sectores en una estrategia de una guerra por delegación, y eso significa cruzarse de brazos o incentivar a otros para combatir a los rivales. Es confundir a la población. Romper los códigos de guerra para lograr sus propósitos sobre el enemigo militar, pero para seguir viviendo en y de la guerra. Sectores de fuerza pública y civiles están en el juego de una guerra encubierta, o por delegación, en medio de un gobierno que propuso cambios. Puedo sostener que hubo episodios en los que documentamos operaciones de falsa bandera a nombre del Eln, del Emc y de las Agc, panfletos de terror, secuestros y extorsiones que, al cotejarse, resultaban falsos, y atribuciones de presencia en lugares donde esos grupos ni siquiera estaban. Igual ocurrió en las ciudades. Puedo sostener que extrañamente un grupo armado tenía información de otro grupo armado y esa misma información estaba en manos del otro grupo armado en disputa, para otra interpretación. En procesos organizativos de base hay dudas que apuntan a constatar agendas dobles que desdibujan a la autoridad civil y armada. Eso perciben las comunidades Desde el 7 de agosto de 2022 empezó un cambio. ¿Quieres impactos o quieres procesos para lograr milagros? Si quieres impactos ahí estamos de fragmentación en fragmentación, atizadas o no, pero reales. Tenemos una opacidad de la actuación de sectores institucionales, digo y resalto sectores, que promovieron esa fragmentación porque es una estrategia de guerra.
A. ¿Los electoreros convirtieron el tema de la paz en casi un delito?
DR.: Si la construcción de la paz es estigmatizada y es un delito, entonces, qué es lo que queda, el negocio de la guerra. A dialogar se le exige magia, y cuando no aparece el milagro se decreta que todo está peor, pero no se quiere ver el fondo ni ver el método. Lo que haya que rectificar, se rectifica. En mi caso, el método quedó abortado. La paz dialogada se estigmatizó irracionalmente y ahora se criminaliza. Los ataques a Iván Cepeda, y los que he lidiado, cumplen una función precisa: desviar la conversación de lo estructural hacia el inmediatismo efectista y guerrerista, creando chivos expiatorios. En el caso de Iván, para obtener el rechazo de votantes, en el mío para desconocer otro tipo de modelo. A la fuerza le corresponde su rol, a la justicia el suyo y a la paz dialogada su misión. La discusión seria no es paz contra seguridad: es entender que sin transformar lo estructural, sin abordar nuestras mentalidades de enemigos, sin nombrar las guerras o violencias de hoy, sin abodar los asuntos sociales y económicos, no habrá ninguna democracia real en que la justicia conduzca a rectificación y reparación del daño.
A.: ¿Hubo improvisación?
DR.: La expresión paz total estaba en el programa de gobierno, sus contenidos se alimentaron con los procesos de base que desde 2002, en zonas de violencias, venían desarrollando salidas humanitarias y proyectado iniciativas de paz. Hubo un problema real. La política de Paz nunca se discutió públicamente, quedó escrita y sin debatir al interior del Gobierno. Solo quedó un boceto en el PND. Se discutió solo uno de los proyectos de ley que preparamos para la transición de grupos de Alto Impacto como lo fue la reglamentación de la ley 2272, que no se debatió en el estricto sentido y tampoco se profundizó en la discusión de las regiones de paz con sus comisionados regionales.
A.: ¿Cómo era esa modelo de paz?
DR.: Puntos de partida. La jurisprudencia de la Corte Constitucional y las experiencias locales de paz. La reconstitución de la Consejería de Implementación en 2023 para afrontar los rezagos de seis años del Acuerdo de 2016, institucionalidad administrativa y jurídica para procesos diferenciados de diálogos con grupos armados y sociedad, engranaje financiero para cumplir acuerdos parciales en fases dialógicas: metodologías de implementación de acuerdos parciales y definitivos, políticas de las memorias, de economías para la paz, interacción con la Comisión de Seguimiento de la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, Diseño de mecanismo de homologación de verdades judiciales y memorias sociales (Fiscalia General, Tribunales de Justicia y Paz, JEP, y el proyecto de Acuerdo Nacional. Diálogos cívicos populares e inter-ciudadanos. 110 Misiones Paz, 57 Ecosistemas de Paz, 8 Regiones de Paz con metodologías participativas Sin veto a nadie: liberales, conservadores, Centro Democrático, Pacto Histórico, los sin partidos, todos los gremios, iglesias y ciudadanías. Diálogos con grupos armados Mesa de Paz con el Eln; Mesa con el Mrp: Mesas con grupos pos-Farc; Espacios sociojurídicos con estructuras herederas de 2005, con marco legal de transición. Diálogo intragubernamental y con el Estado: articulación interna con el conjunto de ministerios, instancias de Política Criminal, Fiscalía General de la Nación; Recaracterización del conflicto y las violencias: Modificación de la directiva 15 de 2016 y derogación de la ley 1908; reglamentación de la ley 2272 de 2022; discusión con Tribunales de Justicia y Paz, JEP, órganos de control; diálogo con Congreso y partidos y Cortes: diseño de mecanismos de verdades extrajudiciales en perspectivas de Pacto Ético y Acuerdo Nacional; Diálogo internacional con los Estados Unidos sobre acuerdos de cooperación judicial, y el conjunto de los países, entre otros temas.
La arquitectura comprendía un enfoque sistémico con fases, verificación y proyeción de costeo hacia 2050, donde se prevé una modificación del suelo colombiano por razones climáticas y se buscaba el desarrollo del conjunto de Acuerdos pare el cierre de ciclos de violencias políticas y de violencias para acumulación de capitales. Una estrategia coherente del conjunto del gobierno con equipos dedicados de tiempo completo a cada proceso, con planes de intervención y de inversión socioambiental e implementación con medidas de seguridad perimetral que aseguran la convivencia, el cese de hostilidades en regiones de Paz, en sistemas de sanción restauradora, terapéutica, nuevos modelos de incorporación, discusión de modelos de economía ante el tráfico de drogas y minería, entre otros, renglones financieros, y una reforma urbana y rural regional en perspectiva de país.
A.: Pero hoy estamos en esa propuesta de Escudo de las Américas, ¿es la tendencia del continente?
DR.: La promesa de un futuro mejor por la injerencia atizará espejismo de libertad, espejismo de bienestar, más dolor, más destrucción de bienes comunes, mayor cualificación de la degradación armada, social, ambiental, más profundización de la exclusión y nuevas fases de violencias, sin atisbo alguno de soberanía. La seguridad desde ese lugar generará nuevas desobedencias, autoritarismo interno tutelado desde fuera.
A.: Tras casi cuatro años, ¿cuál es su balance?
DR.: Este gobierno puso a la vista las violencias existentes. Abrió la esperanza de la población al reconocer factores objetivos y a comprendernos en nuestras subjetividades: asumir las responsabilidades que le competen al ejecutivo y dejar de poner a la fuerza pública a responder por lo que no le corresponde, intentando romper una mentalidad de enemigos internos y un plan de construcción de paz anclado en el PND. Creo que en 2024 hubo, en la construcción de la paz, las expectativas de la población que padece las violencias, todo lo cual se vino a pique. Los afectados están, afanosamente, desarrollando acuerdos humanitarios y haciendo la paz. Hoy se ve una estrategia de manipulación electoral que conduce las tristes emociones a la derrota del alma para dar paso a las leyes marciales, pero la esperanza de la paz justa no morirá.



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