Neocolonialismo y neofascismo

El capitalismo en su fase neoliberal que concentra la riqueza en pocas manos, que privilegia el mercado al buen vivir de los más pobres, por tanto, exacerba el deseo de ganancia y consumo, poniendo a los estados y bloques económicos a buscar mercados para sus productos y a moldear subjetividades capaces de consumirlos. Este capitalismo actual encarna y engendra justo tres de las problemáticas que más afectan a los ciudadanos: El Narcotráfico; el cambio climático y sus efectos devastadores sobre los seres vivos en general y su entorno, y por último, el resurgimiento de las ultraderechas que rayan con el fascismo. Estos tres males del mundo de hoy se alimentan y recrean mutuamente pues son resultado del mismo fenómeno, un capitalismo a ultranza que solo se sostiene si encuentra cada vez más riquezas, de ahí que el extractivismo sea una de sus prácticas más rentables, con su consecuente carga de deforestación, erosión, contaminación de acuíferos, daño a la capa de ozono, desplazamiento humano y muerte de líderes ambientales; realizado por las grandes trasnacionales -propiedad de los países ricos-  en los países del sur del planeta, esto es, África, Asia y Latinoamérica. (Londoño, 2022)

Este capitalismo salvaje y neoliberal hace mucho rato viene mostrando su verdadera y depredadora condición; en pandemia fue evidente que podía implosionar, pero las transnacionales y sus gobiernos afines a la lógica del mercado, supieron y siguen sacándolo adelante, y nosotros, el sur del planeta y sus ciudadanos menos favorecidos, hemos permitido que ellos lo hagan. O se encuentra otra explicación a hechos como que el migrante en Norteamérica agredido por ICE haya votado por Trump; o que el trabajador que gozó del aumento considerable de su salario mínimo defienda al empresario y vote en contra de un gobierno similar al que aumentó su salario; o que la mujer que ha sido degradada en su condición vote por un misógino. Estos tres ejemplos y otros similares son resultado del desconocimiento, la ignorancia, el miedo y un sistema patriarcal incorporado en cada uno de nosotros, pues, este sistema vertical y mafioso se ha vuelto cultura hasta perder toda consideración ética y además; el terror sumado a la desinformación, verdades a medias y mentiras descaradas, se han convertido en las armas de los defensores del capitalismo actual.

Viene haciendo carrera una técnica para sacar gobiernos no afines sin necesidad de recurrir a la vieja modalidad de las dictaduras, esto es, lo que podríamos denominar en la jerga actual, entrampamientos, o falsos casos judiciales como pretexto para intervenir o eliminar a dichos gobiernos cuestionadores de esa lógica salvaje del capitalismo actual -removerlos, por la “razón o la fuerza”; de manera legal o ilegal-. Estamos hablando entonces, de cómo en este momento, el mundo se debate entre dos modelos de desarrollo, dos formas de relacionarnos con el otro y el medio ambiente, dos estilos de vida y formas de vivir, en suma, dos concepciones de mundo; de un lado, el Capitalismo neoliberal y neofascista y del otro, la alternativa, en donde las izquierdas mundiales y/o sectores políticos y sociales – a excepción del feminismo, los sectores indígenas y los llamados progresismos-, no han avanzado suficientemente en la visualización y consolidación de una alternativa al modelo de sociedad actual que ilumine el futuro y ayude a desempantanar la encrucijada actual. Hoy son realmente fuertes las voces que defienden el capitalismo y su modelo neoliberal; mientras que aquellas que proponen una alternativa se perciben sonando muy bajo.

El mundo de hoy está gobernado por individuos multimillonarios, dueños de esas trasnacionales, anticomunistas y supremacistas blancos generalmente, con aires de grandeza en términos mercantiles y personales; a quienes les asusta la diversidad pues ven en ella la posibilidad de perder su poder hasta engendrar un odio fatídico al diferente, por eso necesitan establecer “su orden” homogeneizando las conciencias y de paso, los consumos. Esta lógica imperial es por supuesto, violenta, racista, homofóbica, misógina, aporofóbica, xenófoba, sin derechos humanos, en fin, patriarcal; y para combatir al diferente utiliza el miedo o ejerce el terror a través de la violencia del Estado o del paramilitarismo hasta arrasar al “otro”, incluido el otro no humano; igualmente, termina por irrespetar las instituciones democráticas y retira los pocos derechos que las ciudadanías han venido adquiriendo. Como también son dueños de los medios y redes, atraen al desprevenido al “espectacularizar” la política, para lo cual no se requieren argumentos, sólo imagen. En suma, tenemos hoy un capitalismo que expresa y contiene todos los males que a lo largo de su historia ha ido configurando: Imperialismo y su consecuente Colonialismo; Totalitarismo; transición hacia el Fascismo; Deforestación; Narcotráfico; Trata de personas; Ganancia desmedida y glotona con su consecuente, Consumismo incoherente.

Ese llamado esfuerzo “civilizatorio” entendido como “progreso” o “crecimiento económico” propio del primer capitalismo y de la ilustración -cuestionado por demás- hoy se ha perdido, volvimos a las guerras de la antiguedad y feudales en donde el ejercito con más poder se quedaba con el territorio del otro. En el mismo sentido, hoy se trata de entrar, arrasar, y “limpiar” el territorio para establecerse. Lo hace el sionismo de múltiples maneras: a través del genocidio, arrasando y desplazando la población de su territorio, como en GAZA, o entrando con maquinaria pesada y automóviles 4×4 y muchas armas, para levantar casas y tomar posesión del terreno, asustando a la población hasta conseguir de nuevo el desplazamiento como en Cisjordania y el Líbano.

Neocolonialismo como en Venezuela, pues a la mejor manera de “Misión Imposible”, Estados Unidos entra a un país, secuestra a su presidente y se impone, dirigiendo, comercializando y decidiendo sobre sus recursos minerales; definiendo políticas para lo cual cuenta con una presidenta encargada, quién si no obedece, igual le tienen preparado un “expediente amañado” para quebrar su voluntad y poder. Neocolonialismo que le permite a la gran potencia meterse descaradamente, de frente, no le interesa ocultar nada, en las elecciones de Honduras, Chile, Argentina, Colombia, etc. y poner candidatos que le abonen el terreno para poder extraer los recursos que le interesan, tal como ya se lo planteó con sus gobiernos obedientes, represivos y títeres del Escudo de las Americas. Igual hace las guerras que quiere bajo los pretextos más ridículos del mundo de hoy “…que tiene armas nucleares” pero él e Israel si las tienen, dado que, en una actitud supremacista, solo él y sus aliados pueden tenerlas, “…que enriquecen uranio”, que él y sus aliados también lo hace. Hacen una guerra bajo la acusación de deterioro democrático que ellos no saben cómo ocultar en sus propios territorios -léase actuaciones del ICE por ejemplo- y una vez se toman el territorio, la democracia es lo que menos importa; que si no le obedecen entonces coloca aranceles, etc. Es un momento de totalitarismo, ceguera, miedo, arbitrariedad y violencia.

Son tiempos oscuros de indudable insatisfacción y desesperanza ante la inadecuada manera de tratar la condición humana, hasta llegar a pensar que lo que está en juego es la “especie”; en donde las películas de ciencia ficción se han quedado cortas: Misión imposible y su “justiciero” secuestro de presidentes para ser juzgados por esa otra nación ungida del sagrado derecho de impartir su cómoda, “adecuada” y parcial justicia y su irrespetuosa decisión de ordenar otras economías y sus políticas de acuerdo con sus intereses, pues ya no necesitan, como se dijo, de un golpe de Estado para conseguirlo. “Dictadorcitos” que meten la mano en las economías, elecciones y vida social hasta lograr sociedades controladas y adiestradas para consumir los productos de sus transnacionales; mientras ellos sacan los recursos que necesitan.

Estamos tan lejos de cumplir ese sueño de ser ciudadanos del mundo que cuentan con derechos y deberes en cualquier lugar del planeta, muy por el contrario, africanos, latinoamericanos y asiáticos somos considerados seres humanos de menor valía frente a aquel habitante del norte global. Estamos entonces, ante la extinción de la especie humana o ante una marcada evidencia de la crisis del capitalismo producto del agotamiento de una de sus características inherentes e intrínsecas, como es la necesidad de acumulación, extracción y por supuesto, ganancia desmedida y constante. Lo que realmente no tiene nombre ni parangón posible y nos deja impotentes es la crueldad del genocidio, la exacerbación de la violencia para instalar la arbitrariedad, el desconocimiento de la libertad de pensamiento y expresión de los ciudadanos, y sobre todo la dificultad y a veces, imposibilidad de ser Estados soberanos. Además, de la depredación abusiva del medio ambiente y por supuesto, la Normalización del genocidio y la barbarie impuestos por ese supremacismo blanco del poder global, esto sin hacer énfasis en la extracción brutal de nuestros recursos, en especial, aquellos que están en la base de los nuevos desarrollos tecnológicos.

Referencia bibliográfica

Londoño, E. (2022). disponible en:

https://www.desdeabajo.info/actualidad/internacional/item/de-la-pandemia-a-la-guerra-y-ahora-a-donde.html, tomado en junio de 2026.

Ruth Esperanza Londoño La Rotta

DESS Eurojournalisme, Universidad Robert Schuman, Estrasburgo (Francia) y Universidad Libre de Bruselas (Bélgica). Magíster en Comunidades Europeas, Universidad Pontificia de Comillas (España). Socióloga, Universidad Nacional de Colombia.

Información adicional

Autor/a: Ruth Esperanza Londoño La Rotta
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Fuente: Ruth Esperanza Londoño La Rotta

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