Estudios científicos advierten que uno de cada cuatro encuentros podría disputarse bajo condiciones de calor consideradas peligrosas para futbolistas y espectadores. En varias sedes las temperaturas extremas se duplicaron respecto del Mundial de 1994.
21 de junio de 2026. La organización de un torneo repartido entre tres países implica millones de kilómetros de vuelos para equipos, delegaciones, patrocinadores y aficionados. Distintas organizaciones ambientales no se cansan de remarcar que la expansión permanente de los megaeventos deportivos aumenta significativamente su huella de carbono, en un contexto donde la comunidad científica reclama reducciones drásticas de emisiones para evitar escenarios climáticos cada vez más extremos. Es un hecho: los grandes espectáculos globales alteran los límites físicos de un planeta que se recalienta. No será gratuito para el ecosistema el fixture mundialista: 48 selecciones, 104 partidos y millones de espectadores movilizándose entre estadios separados por miles de kilómetros.
El continente donde se desarrolla el evento deportivo más esperado del año está en constante peligro y cada día más destruido. De acuerdo a datos de Billion-Dollar Disasters, una organización científica especializada en cambio climático, durante el 2025 se registraron 14 desastres climáticos y meteorológicos con pérdidas superiores a los mil millones de dólares en Estados Unidos durante los primeros seis meses de 2025, con daños estimados en 101.400 millones de dólares.
Los incendios forestales de Los Ángeles en enero fueron el evento más costoso del año y también el incendio forestal más costoso en la historia con pérdidas superiores a 60.000 millones de dólares, casi el doble del récord anterior. Los 14 eventos registrados en la primera mitad de 2025, entre enero y junio, se ubican muy por encima del promedio anual ajustado por inflación de 9 eventos por año observado durante los últimos 46 años.
Por disposición de la FIFA los espectadores no pueden ingresar a los partidos con botellas reutilizables rígidas, incluso si están vacías. En cambio, sí está permitido el acceso con botellas descartables de agua, selladas de fábrica y de hasta 590 mililitros. Recordemos que las botellas de agua descartables suelen fabricarse con plástico PET, un material que puede tardar hasta 450 años en degradarse en el ambiente. El negocio parece ser más importante que la no contaminación del Planeta.
Mientras la FIFA celebra cifras récord de audiencia, patrocinio y expansión comercial, científicos de distintas organizaciones vienen lanzando advertencias cada vez más contundentes: el calor extremo podría convertirse en uno de los principales rivales de jugadores y aficionados. Un estudio de la organización científica Climate Central concluyó que el calor extremo durante junio y julio está aumentando en prácticamente todas las sedes mundialistas.
De los 16 estadios que albergarán partidos, 14 registran actualmente más días de temperaturas extremas que durante el primer Mundial organizado en Norteamérica, en 1994. Las excepciones son Los Ángeles y San Francisco. La investigación también identificó las sedes más expuestas: Miami, Ciudad de México, Houston y Guadalajara encabezan la lista de ciudades donde los días de calor extremo son cada vez más frecuentes. En algunas de ellas se registran más de diez jornadas extremadamente calurosas por año durante el período en que se disputa el Mundial.
Riesgos mortales. Los especialistas utilizan un indicador llamado WBGT (Wet Bulb Globe Temperature) que combina calor, humedad, radiación solar y velocidad del viento para medir el estrés térmico real que experimenta el cuerpo humano. Es el parámetro utilizado por organismos médicos y sindicatos de futbolistas para determinar cuándo un partido puede representar un riesgo para la salud.
Según un análisis de World Weather Attribution, una red internacional de científicos que estudia la relación entre eventos extremos y cambio climático, una cuarta parte de los partidos del Mundial podrían jugarse por encima de los límites de seguridad recomendados por FIFPRO, el sindicato global de futbolistas. Los investigadores estiman que alrededor de cinco encuentros podrían disputarse en condiciones consideradas directamente peligrosas. “Las temperaturas que antes eran excepcionales se están convirtiendo en algo habitual”, advirtieron los investigadores del informe.
La organización calculó que el riesgo de calor extremo en el Mundial 2026 es casi el doble del registrado durante el Mundial de Estados Unidos 1994.
Las consecuencias no son solamente deportivas. La exposición prolongada a altas temperaturas puede provocar deshidratación, agotamiento físico, disminución del rendimiento cognitivo y, en casos severos, golpes de calor potencialmente mortales. Diversos estudios muestran que cuando el estrés térmico supera ciertos niveles, los futbolistas corren menos, reducen la intensidad de los sprints y modifican su comportamiento táctico.
Para los espectadores, el escenario tampoco es menor. En los últimos días, la propia FIFA debió flexibilizar restricciones sobre el ingreso de agua a los estadios después de recibir críticas por los riesgos asociados a las altas temperaturas previstas para varias sedes. El organismo anunció además la instalación de estaciones de hidratación, zonas de enfriamiento y pausas obligatorias durante los encuentros.
En Toronto las autoridades suspendieron actividades del festival oficial del Mundial debido a tormentas eléctricas y temperaturas inusualmente elevadas. La ciudad registró valores casi siete grados por encima de los promedios históricos para esta época del año.
La contradicción se vuelve aún más evidente cuando se observa el modelo económico detrás del evento. Mientras la FIFA incorpora pausas obligatorias para combatir el calor y reconoce la necesidad de adaptación climática, el torneo continúa ampliando su escala global y mantiene vínculos comerciales con industrias asociadas a combustibles fósiles, una de las principales fuentes de emisiones responsables del calentamiento global. Durante décadas se discutió si el fútbol podía cambiar el mundo. El próximo Mundial vuelve a ser intercontinental: se llevará a cabo entre Europa y África. Varios especialistas advertieron que sería amigable con el Medio Ambiente que los empresarios dispongan transportes poco contaminantes para la conexión entre España y Portugal, y que la gente viaje solo en barco a Marruecos con el fin de disminuir las emisiones.
Las alarmas suenan y hay quienes ya trabajan para que sean atendidas antes de que los efectos de la crisis climática profundicen las desigualdades, destruyan ecosistemas y comprometan la vida de millones de personas en todo el mundo.



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