Los efectos adversos del DIU
El dispositivo intrauterino es uno de los anticonceptivos de larga duración más utilizados del mundo. Aquí, el PMO garantiza la colocación gratuita. Pero los profesionales no suelen advertir sobre los riesgos.

23 de junio de 2026. El sistema de salud parece estar configurado para que las mujeres sufran: cuando buscan quedar embarazadas y atraviesan tratamientos de fertilidad, cuando paren o son sometidas a cesáreas —muchas veces innecesarias— y, también, cuando deciden no quedar embarazadas. Cada una de estas instancias conlleva dolor físico y psíquico. En muchos casos, ese padecimiento podría evitarse o al menos disminuirse. La información existe, pero son pocos los médicos que se toman el tiempo de explicarle a la paciente cómo funciona —en este caso— el dispositivo intrauterino (DIU) en todas sus versiones. Desde la colocación hasta la extracción, el procedimiento puede dejar huellas físicas y emocionales en quienes deciden no ser madres.

El negocio de la anticoncepción alcanzó un valor de 22.440 millones de dólares en 2026 y, según la consultora Mordor Intelligence, se prevé que llegue a los 54.120 millones de dólares en 2033, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 13,4 por ciento.

La politóloga Florencia Kot Hansen, autora de El lado B de los anticonceptivos, investigó en profundidad este tema y, a través de campañas y talleres, difunde información para que el deseo de prevenir un embarazo no termine transformándose en una pesadilla. Su investigación comenzó luego de una mala experiencia tras colocarse un DIU de cobre.

“Como no quería el hormonal, el médico me sugirió el básico, el del PMO, y me aseguró que era inocuo, que lo único que podía generar eran sangrados y dolores menstruales abundantes. Pero no fue como me dijo”, recuerda. Acababa de parir a su segundo hijo y no quería volver a quedar embarazada. Nadie le había anticipado que la inserción podía ser extremadamente dolorosa, ya que se introduce un elemento extraño dentro del cuerpo y la reacción inmediata del organismo es intentar rechazarlo.

El DIU es un pequeño dispositivo plástico con forma de T cuya varilla y brazos están recubiertos por un filamento de cobre que libera iones dentro del útero. Su mecanismo de acción se asocia, por un lado, a un efecto espermicida y, por otro, a modificaciones en el revestimiento endometrial que impedirían la implantación del óvulo fecundado. Sin embargo, todavía existen discusiones médicas sobre algunos aspectos de su funcionamiento.

Dolor con historia

Antes de los modelos actuales existió otro DIU de cobre conocido como “escudo Dalkon”, que fue retirado del mercado luego de provocar infecciones graves y al menos 18 muertes en Estados Unidos. El escándalo generó cambios importantes en la FDA, que comenzó a exigir mayores controles sobre los dispositivos médicos.

En la actualidad, los efectos adversos asociados al DIU incluyen embarazo ectópico, enfermedad inflamatoria pélvica, endometritis, incrustación, perforación de la pared uterina, expulsión parcial o total y alteraciones en el sangrado. También pueden presentarse anemia, dolor durante las relaciones sexuales, períodos prolongados, irritación vaginal, dolor lumbar, sangrado intermenstrual, secreción vaginal y calambres.

“Como médica trato de que la paciente no tome la decisión en la primera consulta, sino después de varias conversaciones, porque los efectos adversos son importantes. En el caso del DIU, el dispositivo no viene con prospecto. La paciente se va apenas con una tarjeta que indica la fecha de colocación y la de recambio”, sostiene la ginecóloga Mercedes Ghiglione.

La especialista explica que, desde hace algunos años, distintas asociaciones de ginecología sugieren administrar previamente alguna medicación para disminuir el dolor o facilitar la colocación del dispositivo, ya sea mediante anestesia local o fármacos para ablandar el cuello uterino. “Entiendo que esto no ocurre en todos lados ni está protocolizado, pero se recomienda para que las mujeres no padezcan tanto dolor”, agrega.

Son pocas las pacientes a las que se les ofrece esta posibilidad, que puede modificar por completo la experiencia de la inserción o extracción del dispositivo. Algunas incluso llegan a desmayarse del dolor. Para muchos profesionales se trata apenas de un procedimiento de rutina realizado en medio de consultorios saturados, donde la sobrecarga laboral termina deteriorando la calidad de la atención.

El caso de Estefanía Rodríguez refleja esa situación. “Fui a sacarme el DIU de cobre y viví una tormento. El médico no encontraba los hilos del dispositivo que sirven para extraerlo. Me decía que debían ser muy cortos y que no tenía demasiada experiencia en esa práctica. El dolor era insoportable. Nadie me había dicho que esto podía causar semejante sufrimiento”, relata.

Ante la imposibilidad de retirarlo, fue derivada a otro profesional que tampoco pudo hacerlo. Finalmente terminó en un quirófano, sedada, para lograr la extracción. “Pedí que me entregaran el DIU. Me impresionó mucho saber que había tenido eso dentro de mi cuerpo durante cinco años”, cuenta. Aunque este método anticonceptivo suele presentarse como prácticamente infalible, existen embarazos producidos con el DIU colocado.

Para Florencia Kot Hansen, al principio el DIU le pareció una buena alternativa hasta que comenzaron a aparecer distintos síntomas. “Se me empezó a caer el pelo y cambió la textura del cabello. Sentía un fuerte desequilibrio hormonal. Fui a la endocrinóloga y los análisis daban bien, pero yo seguía sintiéndome mal. Vivía angustiada, con insomnio, el estómago cerrado, hasta que terminé con ataques de pánico”, recuerda.

Kot Hansen comenzó a investigar y encontró foros de mujeres que describían síntomas similares: angustia, neblina mental, depresión y crisis de ansiedad. “Hablaban de la toxicidad del cobre en el organismo. Decidí sacármelo. La recuperación no fue inmediata porque tenía un exceso de metal pesado en el cuerpo. Me llevó casi un año volver a sentirme yo”, sostiene.

Según explica, el cobre es un mineral necesario para el organismo, pero una exposición elevada podría generar distintos desequilibrios físicos y emocionales. “El cobre trabaja en relación con el zinc. Algunos médicos indican suplementos para compensar esos niveles”, afirma. También señala que ciertos estudios de minerales en cabello —que no suelen ser cubiertos por las obras sociales— son utilizados para detectar posibles alteraciones vinculadas al exceso de cobre.

Además del DIU de cobre existe el DIU hormonal, que libera levonorgestrel de manera constante dentro del útero. Este dispositivo espesa el moco cervical e inhibe la movilidad de los espermatozoides, dificultando la fecundación. En algunos ciclos también inhibe la ovulación.

Entre los efectos adversos más frecuentes se encuentran el sangrado uterino o vaginal —incluido el manchado—, períodos infrecuentes o ausencia de sangrado y quistes ováricos benignos. También pueden presentarse depresión, nerviosismo, disminución de la libido, dolor de cabeza, dolor abdominal, náuseas, acné, dolor lumbar, dolor pélvico, dismenorrea, flujo vaginal, vulvovaginitis, tensión mamaria, dolor en las mamas, expulsión del dispositivo y aumento de peso.

Para Ghiglione, la clave no está en recomendar un método por encima de otro sino en garantizar información adecuada: “Siempre les digo a mis pacientes que elijan el anticonceptivo en función de la confianza que les genere y de acceder a información clara, real y segura”.

Información adicional

Una alerta que no suelen dar los médicos
Autor/a: Soledad Ferrari
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Fuente: Página12

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