Venezuela, entre los rescates y el horror del día después
JUAN BARRETO. AFP

Los muertos ya son al menos 235 y hay 4300 heridos. Hay 157 desaparecidos según el reporte oficial, aunque se habla de miles. Fueron destruidos 250 edificios y unos 3 mil resultaron damnificados. Toda la atención se centra en rescatar vidas.

Desde Caracas. 26 de junio de 2026

“¡Sileencio, sileencio, por favoor!”, gritan los trabajadores de salvamento y rescate que trabajan encima de los montículos de escombros de lo que antes del doble terremoto, de 7.2 y 7.5 de magnitud ocurrido en Venezuela, era un torre residencial de ocho pisos, situada en Caracas, la capital. Apagan las máquinas. Se agachan y pegan sus oídos encima de los pilotes de piedras. Buscan algún llamado de auxilio, un llanto infantil, al menos un quejido desesperado, algo, lo que sea más parecido a la esperanza, que les indique por donde comenzar a buscar a las personas que están debajo del amasijo de ruinas. Ante cualquier señal audible inmediatamente encienden taladros, alistan mandarrias. Empiezan a cavar con la fe de hallar a alguien con vida. “El último que sacamos fue como a las tres de madrugada, era un señor de la tercera edad, antes de él,

rescatamos a dos niños”, cuenta José Luis, uno de los trabajadores de Protección Civil, el organismo estatal que atiende este tipo de eventos.

Esta escena podría resumir en Venezuela el día después del potente movimiento telúrico que afectó gran parte de Caracas y los estados Miranda, Falcón, Yaracuy y La Guaira. Las autoridades concentran todo su esfuerzo en rescatar víctimas, salvar vidas. Para ello, el gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, activó todos los organismos de seguridad y rescate, tras declarar un Estado de Emergencia. El último reporte oficial indica que van 235 fallecidos, 4300 heridos y 250 edificios dañados o afectados.

“Hay que orar mucho, yo creo creo que todavía podemos encontrar con vida a muchas personas”, dice Enger Gómez con el rostro dividido entre la consternación y el asombro por lo sucedido. Él se encuentra afuera de aquellas ruinas donde todavía buscan sobrevivientes. Está rodeado de una aglomeración de ojos vidriosos, la mayoría familiares o amigos de las víctimas. Se les nota por el nudo en la garganta antes de decir cualquier cosa. “Hay que mantener la fe, estamos seguros que van a sacar más gente”, suelta con leve optimismo una adolescente, de voz temblorosa. Hasta la redacción de estas líneas estaban confirmadas más de 200 personas atrapadas en restos de edificios.

Varias cuadras más allá de esa azarosa búsqueda, la capital intenta retomar su ritmo, aunque persiste un inusual clima parsimónico, solo característico en días festivos: avenidas sin tráfico pesado, escuelas cerradas, oficinas públicas y privadas vacías, pocos comercios abiertos. En la noche del miércoles, el gobierno de Delcy Rodríguez decretó la suspensión nacional de actividades, salvo aquellas esenciales vinculadas a seguridad (rescate y orden público) salud (farmacias y hospitales), alimentación (supermercados) y servicios básicos (agua, electricidad y gas).

En otro punto de la urbe caraqueña, vecinos agolpados en una avenida celebran con aplausos y se escucha un grito: “¡vamos que sí se puede!”Acaban de rescatar a un sobreviviente, lo llevaban en una camilla. Una ambulancia se lo llevó raudo y veloz. Era una de las víctimas de lo que parecía un edificio de cuatro pisos, pero que, ahora, a simple vista es un montículo de paredes de apartamentos destrozados por la fuerza de los sismos. Afuera de aquella tragedia, estaba Luz sentada en la calzada. Con las manos temblando, contaba que estuvo en La Guaira, otro estado afectado por el sismo. Allí tuvo que entablillar improvisadamente varios heridos. Ella no es enfermera. Ni siquiera sabe primeros auxilios. Sólo lo hizo porque “hay mucha gente que necesita atención urgente en La Guaira (estado norte-costero), las autoridades no dan abasto”, dice alarmada. En redes sociales circulan las imágenes oficiales de un dron que sobrevoló esa región costera a la cual hace referencia Luz: se perciben edificios arrasados en su parte alta o en uno de sus laterales; torres ladeadas y cubiertas de polvo, mientras que otros rascacielos residenciales ya no existen.

La cifra oficial indica que 346 obras de infraestructuras están deterioradas en todo el país, incluyendo esa región, considerada una de las más golpeadas por ambos terremotos y que evoca, inevitablemente, a la tragedia ocurrida allí en 1999, causada por incesantes lluvias torrenciales que provocaron deslaves e inundaciones catastróficas que arrasaron con poblaciones enteras en ese estado.

Luz comenta que percibió muchos damnificados. De hecho, en medio de la desesperación de atender víctimas, supo de un bebé rescatado entre los escombros. Cuando lo sacaron, el infante estaba protegido con los brazos y el cuerpo de una de sus tías fallecidas. En una foto el pequeño se ve con un chichón en la parte lateral de su frente. Hasta ese momento, no se sabía nada de los familiares del niño.

En las redes sociales y canales de mensajería instantánea circulan fotos de desaparecidos. Las autoridades indican que más de 150. La cifra puede variar conforme pasan las horas, pero también porque otros ya han aparecido. En los estados de WhatsApp lo muestran con alegría, es como celebrar una victoria de la vida en medio de una tragedia nacional. “Ya apareció, gracias a todos por el apoyo”, se lee con la foto del familiar o vecino que lo daban por desaparecido horas antes.

Las personas desaparecidas “reportadas” son exactamente 157, informó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en una alocución nacional. Ese fue el último reporte oficial. Aunque usuarios en redes especulan que puede haber miles de desaparecidos, sumando todos los estados afectados

En las calles de Caracas, los transeúntes, mientras se abastecen de víveres básicos en los pocos locales abiertos, comentan dónde los agarró el sacudón. A modo de broma algunos se atribuyen una sobrevivencia especial, sobre todo después de la agresión militar del 3 de enero. “Después de esto, nadie puede con nosotros, en seis meses hemos vivido lo más insólito”, dice Jairo, quien salió corriendo a la calle, medio desnudo, cargando sus perros cuando el terremoto lo sorprendió, al igual que a toda la población venezolana que se encontraba disfrutando de un día festivo, pues el 24 de junio Venezuela celebraba los 205 años de la Batalla de Carabobo, una fecha icónica en la gesta independentista de ese país. Para el disfrute de esa fecha, muchos venezolanos hicieron un alto en la semana para reunirse con sus familiares, sin saber lo que ocurriría.

Venezuela no sufría un fuerte terremoto desde 1967, por lo que su cultura preventiva ante un sismo es frágil. Por ello, cuando a muchos el celular “inteligente” les avisó con un inusual sonido sobre una alerta de terremoto, nadie le prestó atención.

Para mí este es el terremoto más fuerte que he vivido. El del 67 no fue tan largo, con este yo sólo quería que parara, fue horrible”, cuenta Magaly Milano, de 73 años. Los reportes sismológicos indican que entre uno y otro evento telúrico, en la tarde del miércoles, transcurrieron 39 segundos. Pero para Elvira “eso fue un susto continúo, no se sintió una pausa, el estremecimiento fue muy grande, yo llegué a pensar que era mi último día. Me abracé con mis hijos, debajo de una columna en mi apartamento, a espera el final”, confesó.

En la noche después del doble terremoto, muchos se fueron a dormir a las plazas más cercanas a su vivienda. En Caracas, la plaza del Banco Central de Venezuela (el organismo rector financiero del país) estaba repleta de familias enteras con almohadas y cobijas para dormir en el piso, a la intemperie, acompañándose unos a los otros entre intercambios solidarios de comidas y bebidas.

En otros lugares públicos, como en los alrededores iluminados del Panteón Nacional (donde reposan los restos de próceres y héroes de la patria) no sólo pernoctaron temporalmente familiares, también lo hicieron damnificados que, por ahora, no pueden volver a sus viviendas, porque la estructura de sus edificios está gravemente afectada y cualquier réplica (van más de 140) puede aumentar la tragedia.

De momento, Venezuela sigue rescatando víctimas, un día después de los terremotos. Las labores continúan en la noche hasta el otro día. El alma nacional sigue en vilo porque aparezcan aquellos que hasta ahora no se tienen noticia. Es parte de la resiliencia de un país que no deja de pelear contra una nueva adversidad.

Información adicional

La devastación tras el doble sismo
Autor/a: Manuel Palma
País: Venezuela
Región: Suramérica
Fuente: Página12

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