Se viven horas dramáticas en Caracas mientras se trabaja a destajo para descubrir sobrevivientes entre miles de personas aun sepultadas. Incontables desaparecidos.
Desde Caracas. 28 de junio de 2026
Un grito de ayuda se escucha a lo lejos, pero de repente se apaga. “Ayuuda, ayuuuda”, se vuelve escuchar levemente entre los escombros. Los grupos de salvamento piden silencio absoluto. Por momentos no se escucha nada. Para verificar, dos perros rescatistas trepan parte de pedazos de concreto apilados de lo que fue una torre de 10 pisos. Un perro revisa e indica dónde podría estar un sobreviviente. Acto seguido, los “topos” –rescatistas especializados– cavan un túnel de forma manual sin usar aun maquinaria pesada. Sacar a una persona les puede llevar unas horas. Todo depende de lo complejo del amasijo de ruinas. Excavar es un trabajo milimétrico de mucho cuidado que implica no arriesgar la estructura colapsada y, lo más importante, garantizar la vida del sepultado.
En la devastación del estado venezolano de La Guaira, el más golpeado por el doblete sísmico, cuando no se escuchan gritos de auxilio, se oyen en las calles personas que vociferan el nombre de sus familiares y allegados a los que buscan por todos lados. Algunos han aparecido con leves heridas en hospitales y centros de refugio habilitados por el gobierno de la presidente encargada, Delcy Rodríguez. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, informó este sábado que han atendido 73.736 familias.
“Un país se hace en las grandes situaciones. Ante esta situación, ninguna familia está sola, nadie está solo, declaró la presidenta Delcy Rodríguez. Mientras la solidaridad aumenta en los centros de acopios que reciben toneladas de insumos y enseres para las 3.142 familias damnificadas, según el último reporte oficial, las tareas de búsqueda continúan sin descanso mediante la actuación de organismos estatales de seguridad y rescate como la Policía Nacional Bolivariana y efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Además, más de 100 maquinarias pesadas se sumaron en las últimas horas a otras unidades de rescate que ya estaban en las zonas afectadas. En el caso de La Guaira la vía ya despejada permitió el traslado de la maquinaria.
En paralelo a los gritos de auxilio que buscan oir los rescatistas y los llamados de familiares que no dejan de gritar los nombres de sus víctimas, otro aspecto hace mucho ruido entre la conmoción: la desinformación. En las redes sociales circuló el fake de un presunto tsunami en La Guaira, desmentido por las autoridades. Y este sábado publicaron en redes sociales videos de una baranda del viaducto Caracas-La Guaira con una pequeña grieta. “Nuevamente la maldad expresándose (…) el viaducto está en perfectas condiciones, cada 12 horas se evalúa de manera técnica por especialista”, aclaró el presidente del Parlamento.
Otro punto a tener en cuenta es el impacto psicológico. En Caracas, Alejandra no duerme bien desde aquella tarde estremecedora del 24 de junio. “Cada vez que lo recuerdo se me paran los pelos”, dice en referencia al miedo que se instaló en ella desde esta fecha inolvidable, que sumergió al país en una tragedia sin precedentes y que a la fecha registra 1430 fallecidos, de acuerdo al último reporte oficial.
Como Alejandra hay muchos en la capital. Duermen en otro punto de la ciudad. No porque sea más seguro, sino por el temor que vivieron dentro de su propia vivienda. La de ella está bien, no registró graves daños. Sin embargo, aún pregunta a sus vecinos que sí se quedaron, si es seguro regresar. “Todavía no me decido a volver”, dice. Como ella, otros permanecen voluntariamente fuera de sus moradas por temor, el cual reviven cada vez que sienten una de las más 430 réplicas registradas hasta ahora desde los dos grandes sismos. “Sentí como algo que se movía, ¿tú lo sentiste?”, pregunta José Vicente a uno de sus vecinos.
Muchas de las torres residenciales están siendo visitadas por bomberos y expertos en terremotos para evaluar el impacto de los sismos. Y también para transmitirle certeza a personas como Alejandra para que vuelvan a sus hogares. Aunque algunas estructuras habitacionales se encuentran en perfectas condiciones después de los terremotos, personas como Alejandra no han vuelto. Fernando Giuliani, un experto en el área psicosocial comunitaria, explicó por televisión que el miedo y la zozobra experimentados activaron respuestas de supervivencia como alteración del sueño y ansiedad, en especial por el surgimiento de réplicas. Hace falta tiempo para recuperarse de un golpe sísmico.
Otros siguen optando por la adrenalina de mantenerse activos colaborando. En el Poliedro de Caracas –un recinto de conciertos– decenas de personas se registran como voluntarios para ayudar a las víctimas en las áreas afectadas. El gobierno nacional, además, activó una plataforma digital para reportar a las víctimas y para sumarse a las tareas de ayuda, si fuera el caso.
En los hospitales siguen necesitando insumos médicos, medicamentos y fórmulas lácteas, aunque las donaciones, al igual que las labores de rescate, no cesan. En el Parque Generalísimo Francisco de Miranda (al este de la capital), una fila de motorizados esperan su turno para llevar insumos a centros de acopios y sitios de refugios. “He hecho como tres viajes (…) he llevado en la moto medicamentos a los hospitales”, cuenta uno de los motorizados.
Un ejército de mujeres, sentadas en la vereda, van clasificando en bolsas la inmensidad de ropa donada para hombres, mujeres y niños. Cuando todo está listo, unos jóvenes cargan los materiales en los vehículos de dos ruedas y estos salen rápidamente a hacer la entrega, después de que alguien le avisa por un megáfono a dónde deben ir. Es una dinámica trepidante que transcurre durante todo el día desde la primera luz del alba. “Nosotros tenemos el privilegio de que no nos pasó nada, ahora tenemos el deber de ayudar a nuestros hermanos, estamos en emergencia”, expresa Andrés sentado en su moto, mientras espera que le asignen una carga.
Mientras toda esa vorágine ocurre, Caracas retoma discretamente su normalidad. Una buena noticia fue el anuncio de la reactivación este domingo de los sistemas del Metro de Caracas, Valencia y Maracaibo. “Se nos ha dado una autorización, luego de presentar un análisis exhaustivo de todo el diagnóstico situacional de Metro de Caracas, Metro de Valencia y Metro de Maracaibo, para dar inicio y reanudar las operaciones, porque nos encargamos de garantizar la seguridad”, informó la ministra de Transporte de Venezuela, Jacqueline Faría.
Es un signo de la recuperación de la movilidad, parcialmente paralizada después del 24 de junio. Otra buena nueva en medio de la tragedia es la recuperación del 60% del suministro eléctrico en el estado La Guaira. La falta de electricidad ha estado dificultando las labores de rescate en esa región costera, y la conectividad para las telecomunicaciones.
El tercer día después del doble terremoto en Venezuela estuvo también signado por la llegada paulatina de especialistas internacionales de rescate. Las cifras oficiales apuntan que arribaron al país 90 especialistas de Suiza; 40 de España; 53 de Ecuador; 13 de Panamá; más de 300 de Estados Unidos, además de un equipo especial de rescate de la Organización de Naciones Unidas.
Pero el rescatista que más ha acaparado la atención en esta tragedia es Tsunami, un perro que en el pasado ya había salvado vidas en desastres naturales en el extranjero, y ahora lo hace con los suyos.
Para este domingo, se espera que se intensifiquen las labores de búsqueda, ahora con el apoyo de estas brigadas internacionales. La cifra de rescatados va en aumento, casi en anonimato, sólo conocidos en videos divulgados en redes sociales y en las listas publicadas en los hospitales y centros de refugio.
“Cada persona que se rescata es un milagro que nos devuelve la esperanza en que vamos a recuperarnos, y que vamos a superar este grave infortunio”, declaró Jorge Rodríguez



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