En contraste con Petro, el electo presidente prometió que los lazos con el gobierno de Netanyahu serán “como nunca antes”. Tecnología y equipamiento militar.
30 de junio de 2026 . Israel recobrará protagonismo en otro país de América Latina gracias a Abelardo de la Espriella, el electo presidente de extrema derecha que acaba de ganar las elecciones en Colombia. Era de esperar. La nueva relación diplomática que prometió con el régimen de Benjamín Netanyahu va camino a transformarse en algo más de lo que fue en el pasado. En contraste con lo que era bajo el mandato de Gustavo Petro –sin vínculos desde mayo de 2024–, su sucesor ya ha planteado que los lazos entre ambos países serán “como nunca antes”. O sea, mejores y reforzados.
La entente cordial que se viene entre Colombia e Israel remite a épocas en que este último le vendía armas de diverso calibre al gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010) bajo el declamado objetivo de combatir al terrorismo. En aquel momento prosperaron los acuerdos en materia de Defensa y se consolidó la relación bilateral. El magnate De la Espriella, un emergente del neofascismo mágico del siglo XXI, asegura que llegó a la presidencia para reparar lo que había roto su antecesor en el cargo.
“Colombia restablecerá y fortalecerá su relación con el Estado de Israel como nunca antes”, escribió en la red social X el ganador de la segunda vuelta del 21 de junio. No resultó un gesto impensado. Momentos antes había mantenido un diálogo telefónico con el ministro de Relaciones Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, quien definió a De la Espriella como “un verdadero amigo del pueblo judío y del Estado de Israel” y aplaudió su victoria en el reñido balotaje que dividió técnicamente a Colombia en dos bloques casi simétricos.
“Lo felicité por su importante victoria en las elecciones, una victoria que genera esperanza y posibilidad de un futuro mejor para Colombia y sus ciudadanos, y le deseé mucho éxito”, posteó el jefe de la diplomacia israelí. Netanyahu adhirió al apretado triunfo electoral: “Los amigos de Israel siguen ganando”.
El terreno que había perdido el régimen de Israel durante la presidencia de Petro volverá a un estatus semejante al que tuvo con Uribe y también con Juan Manuel Santos (2010-2018). En este período, cuando se firmaron los acuerdos de paz con las FARC en 2016, se realizó un Tratado de Libre Comercio, se extendieron acuerdos de cooperación en seguridad y defensa, Israel aportó tareas de inteligencia en distintas operaciones del Ejército colombiano y floreció la compra y venta de armas entre ambos países.
Estos vínculos podrían volver recargados con De la Espriella. Netanyahu y su gabinete de extremistas de ultraderecha ya se frotan las manos. Recibirán un poco de oxígeno diplomático y tendrían chances concretas de seguir exportándole a Colombia tecnología y equipamiento militar, incluyendo fusiles de asalto, sistemas de inteligencia y aviones de combate como en el pasado.
En los últimos cuatro años y desde que Israel empezó a recibir condenas sucesivas por el genocidio que lleva adelante en la Franja de Gaza, el presidente Petro decidió interrumpir las relaciones diplomáticas. Hizo todo lo contrario de lo que está dispuesto a concretar De la Espriella.
El 1° de mayo de 2024, el gobierno del Pacto Histórico, que no pudo reelegirse con Iván Cepeda como candidato, declaraba en un comunicado que Colombia no podía ser “indiferente al enorme e indescriptible sufrimiento humano que esto causa, por lo cual el presidente Gustavo Petro ha anunciado la decisión de romper relaciones diplomáticas con Israel a partir del 2 de mayo”.
Los motivos de la decisión estaban en el mismo comunicado: “Lamentablemente, ni los llamados de Colombia ni de la comunidad internacional han sido escuchados y por el contrario, lo único que ha recibido el país y el presidente Gustavo Petro han sido insultos, acusaciones tergiversadas de antisemitismo y actos inamistosos por parte del gobierno de Israel y sus representantes”.
Otra de las consecuencias que tuvo la ruptura fue la suspensión de las ventas de carbón de Colombia mediante un decreto de agosto de 2025. El país es el principal productor del mineral en América Latina y undécimo del mundo. El 5 por ciento de sus exportaciones iban a parar a Israel.
Hoy De la Espriella plantea la apertura de la embajada colombiana en Jerusalén y promueve la defensa de los valores judeocristianos que, según él, constituyen la base de la civilización occidental. El anuncio del presidente electo provocó que Petro saliera a cuestionarlo. “Aceptar un genocidio lleva a que se repita”, escribió en su cuenta de X. El dirigente del Pacto Histórico, que le pasará el mando a su sucesor el próximo 7 de agosto, recordó que “Netanyahu cometió actos de genocidio y tiene orden de captura dictada por organismos judiciales internacionales de los que nuestra jurisdicción acepta y obliga al Estado colombiano a cumplir”.
Hoy el primer ministro de Israel no puede salir de su país porque pesan sobre él pedidos de arresto de la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de guerra y de lesa humanidad en Gaza. Correría riesgos de ser detenido si intentara una gira como la que realizó en 2017 por América Latina cuando visitó Argentina, Colombia y México. En aquel momento lo recibió el expresidente Mauricio Macri en Buenos Aires. El actual, Javier Milei, lo visitó más de una vez en Israel. Su admirador, el multimillonario De la Espriella, seguramente intente imitarlos.
Con matices, hay una continuidad histórica entre las ideas políticas y económicas del presidente electo y las que instalaron mediante golpes de Estado las dictaduras cívico-militares del Cono Sur. Una relación semejante a la que mantuvo Israel en la segunda mitad del siglo XX con personajes siniestros como Videla, Pinochet y otros dictadores de la región. El estado que hoy gobierna Netanyahu fue proveedor de armas e inteligencia en el marco del Plan Cóndor que se extendió por América Latina bajo la tutela de Estados Unidos.
Centroamérica padeció la presencia del sionismo en Guatemala. Las revelaciones históricas sobre el genocidio cometido en ese país contra los mayas y pueblos originarios en general, involucran a Israel en el suministro de armas, asesores militares y tácticas de contrainsurgencia. Eran tiempos del dictador Efraín Ríos Montt en la nación centroamericana y del general Ariel Sharon como ministro de Defensa de Israel.
En la biografía de Carlos Castaño, el líder paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) – una serie de entrevistas concedidas al periodista Mauricio Aranguren- recuerda cuando se formó en tácticas contrainsurgentes en Israel: “la firmeza del sionismo siempre ha estado en función de defenderse, invadir y ganar territorio. De allí vine convencido de que es posible derrotar a la guerrilla en Colombia”, decía en Mi confesión, aquel libro autobiográfico publicado en 2001 por la editorial Oveja Negra.
Castaño fue asesinado en 2004 por otros paramilitares. Su testimonio es apenas un indicio de lo que ha sido la presencia de Israel en Colombia y que ahora reverdece con la victoria electoral de la extrema derecha.



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