01/07/2026. El proceso de paz abierto el 17 de junio entre Estados Unidos e Irán empieza a seguir una extraña lógica marcada por oleadas de ataques, seguidas de renovadas llamadas a la calma que coinciden con las aperturas semanales de los mercados financieros. Este vaivén que beneficia a las grandes corporaciones ligadas a la Casa Blanca y desconcierta a los atemorizados países del Golfo Pérsico no está, en todo caso, impidiendo el desarrollo de una tortuosa hoja de ruta de diálogo que debería concluir en los últimos días de agosto, cuando se cumplirán los dos meses contemplados por el memorando de entendimiento entre Teherán y Washington para poner fin a cuatro meses de guerra y recuperar la estabilidad en Oriente Medio. Si es que Israel, el tercero en liza, lo permite.
Así, este miércoles se desarrollaron varias rondas de negociaciones en Catar, uno de los países intermediarios en este proceso de paz, entre los enviados estadounidenses a Doha y las autoridades cataríes, y, aparte, entre estas y la delegación iraní. Los negociadores de los dos países en conflicto no quieren una foto juntos y recurren a este tipo de conversaciones indirectas tan comunes en Oriente Medio entre enemigos irreconciliables. Las llaman también “negociaciones técnicas” y no diplomáticas para tratar de justificar que, mientras tienen lugar, sus Gobiernos respectivos pueden enredarse en nuevas escaramuzas militares sin que todo el tinglado del proceso de paz se venga abajo.
Los representantes de EEUU que se vieron con los intermediarios cataríes estuvieron encabezados por el enviado especial Steve Witkoff y el empresario Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense, Donald Trump. Ambos son los dos “mensajeros” habituales de la Casa Blanca para este proceso de paz intrincado y lleno de contradicciones, en el que las dos partes dicen estar ganando la contienda, mientras el mundo asiste expectante y con el temor de que el estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte del petróleo del mundo, vuelva a cerrarse y aseste un nuevo golpe a la estabilidad energética internacional.
Por parte de Irán, el viceministro de Exteriores iraní, Kazem Garibabadi, se reunió con el primer ministro y titular de Exteriores catarí, Mohamed bin Abdulrahman, el mismo que atendió horas antes a los enviados estadounidenses. En una reunión posterior participó también un representante de Pakistán, país que se ha revelado clave para la consecución de ese principio de acuerdo de junio, con el respaldo de China entre bambalinas.
Una negociación enmarañada, pero persistente
La realidad es que, a pesar del endeble alto el fuego y de sus reiteradas violaciones, se está pergeñando un marco de negociación inestable, sí, pero continuado, que va avanzando y que recupera aquel otro proceso de conversaciones con Irán en Ginebra que a fines de febrero se vio traicionado por Trump y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Ambos responsables directos de la actual crisis ordenaron el 28 de febrero el sorpresivo bombardeo masivo del territorio iraní, la destrucción de sus arsenales y, lo peor, el asesinato del entonces líder supremo del país, Alí Jameneí, y de buena parte de la cúpula militar y política de la república islámica.
En este escenario y con las reiteradas veces que Trump y Netanyahu han retomado los ataques contra Irán después de la tregua del 8 de abril, no es de extrañar que el régimen teocrático iraní, que tampoco se caracteriza por su apertura informativa y, al contrario, es ducho en una estrategia híbrida de desinformación y ruptura de compromisos, desconfíe de EEUU y, durante este proceso de negociaciones, ponga sobre la mesa sus propias cartas marcadas e incluso lance órdagos que dejan a Oriente Medio temblando.
Hay que recordar que el último intercambio de ataques de fines de la semana pasada ocurrió cuando la Guardia Revolucionaria iraní lanzó una serie de drones contra cargueros y petroleros que cruzaban el estrecho de Ormuz por las aguas meridionales de este paso marítimo que enlaza el Golfo Pérsico y el mar de Omán, puerta del océano Índico. Tales ataques fueron respondidos por bombardeos de EEUU, que quiere imponer esa ruta en lugar de la septentrional que defiende Irán. Teherán respondió a su vez con misiles y drones sobre Baréin y Kuwait, desatando de nuevo el miedo en el Golfo. Ninguno de los golpes fue significante.
Irán reclama la soberanía del “don divino” de Ormuz
Esta pugna por el dominio del estrecho de Ormuz incluye la posibilidad de que Irán imponga tasas o cuotas de paso a los buques que transiten por esa vía de navegación, cuestión que EEUU rechaza categóricamente. Salvo que Teherán le ofreciera al ávido Trump parte de ese botín, claro está.
En la noche de este martes Irán volvió al asunto y quiso remarcar cuál es su última posición y cómo debe ser abordada en el proceso de paz. Y todo en la misma dirección: Teherán quiere el reconocimiento internacional de su hegemonía sobre el estrecho, que incluiría, si así lo decidiera, ese cobro de tasas a los buques transeúntes, incluso recurriendo a la fuerza, algo que ni los países del Golfo ni su protector EEUU permitirían jamás.
En una entrevista con la televisión estatal, el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, reafirmó la soberanía de Teherán sobre el estrecho de Ormuz y advirtió de que “Irán no renunciará bajo ninguna circunstancia a sus derechos” sobre ese paso marítimo que consideró como “aguas territoriales” de la república islámica. El político iraní obviaba así los derechos omaníes también sobre esas aguas, en la franja meridional.
Las palabras de Qalibaf no son baladíes porque es él quien dirige el equipo negociador iraní en el proceso de paz. “El estrecho de Ormuz es nuestro mayor instrumento de poder y debemos preservar adecuadamente este don divino”, afirmó en alusión a esos pagos que quiere recibir Irán para poder “proteger” y facilitar la navegación por el paso marítimo.
Irán ya ha dejado caer que, una vez que pasen los dos meses de negociaciones previstas para consolidar el statu quo del estrecho, negociar con EEUU el futuro del programa nuclear iraní y retirar las sanciones y suspensiones que pesan sobre los activos financieros del país persa, la intención de Teherán es cobrar por el tránsito de barcos. Así considera que lo establece el ambiguo párrafo cinco del memorando de entendimiento de 14 puntos firmado con Trump.
Es decir, ese “don divino” que es el estrecho de Ormuz pasaría al pleno disfrute de Irán gracias a la guerra lanzada por EEUU e Israel, que ha desestabilizado la seguridad energética de Oriente Medio y se ha convertido en un bumerán para la estrategia de la Casa Blanca en la zona y la supuesta protección de sus aliados árabes en la región.
La guerra también ha permitido a Irán ser consciente de que el estrecho de Ormuz es una palanca de poder mucho más poderosa que sus drones y misiles, con la que ha podido obligar a muchos países dependientes del crudo y el gas del Golfo a arrodillarse ante su presión, tras el cierre del paso ante los bombardeos estadounidenses e israelíes.
El negocio petrolero iraní ya en marcha
Ahora, una vez detenidas las hostilidades, Irán no duda en jactarse de la reanudación de su negocio con los hidrocarburos. Una de las cláusulas de aplicación inmediata por parte de EEUU tras la firma del memorando fue el levantamiento de las prohibiciones que pesaban sobre el sector petrolífero iraní para seguir exportando su crudo. Asimismo, una vez abierto por Irán el estrecho, la Armada estadounidense procedió a levantar también el bloqueo naval de los puertos iraníes.
Este miércoles, Qalibaf anunció que, por primera vez en casi dos décadas, el petróleo iraní se comercializa al precio internacional del crudo Brent. Hasta ahora, las sanciones internacionales obligaban a venderlo con una gran rebaja. Para muestra de la bonanza creciente, el político iraní puso como ejemplo que, desde que se levantó el bloqueo hace unos días, Irán ha exportado “más de 40 millones de barriles de petróleo”.
La espada de Damocles del Líbano
Más complicado es el asunto del segundo frente abierto por la guerra de Irán en el Líbano, donde Israel bajo el pretexto de aniquilar a las milicias de Hizbulá, aliadas de Teherán, ha aprovechado para lanzar su propia ocupación, aplastando la soberanía libanesa.
Aunque ambas reuniones paralelas de los cataríes con iraníes y estadounidenses abogaron por la estabilización del alto el fuego en el Líbano (violado día tras día por Israel y respondido por Hizbulá), la situación en el país mediterráneo es cada vez más complicada.
Ni siquiera el nuevo acuerdo suscrito el viernes pasado por representantes israelíes y libaneses en Washington ha servido para detener los ataques y bombardeos del Ejército judío sobre el Líbano. Desde que comenzó el 2 de marzo la ofensiva israelí en el sur de este país y contra varios distritos de mayoría chií en Beirut, han muerto más de 4.300 personas y cerca de 12.200 han sido heridas. Solo este martes fue asesinada una veintena de libaneses, con numerosos ataques a viviendas.
También el martes, Netanyahu visitó el sur del Líbano donde decenas de miles de soldados israelíes se encuentran desplegados y desde dónde acosan a las bases de Hizbulá y realizan una tarea de auténtica limpieza étnica al sur del río Litani, destruyendo numerosas localidades a su paso en su conformación de la llamada “zona de seguridad” en territorio libanés. Israel está arrasando las “aldeas terroristas” del Líbano, justificó Netanyahu ante los soldados, a quienes prometió que su Ejército permanecerá en territorio libanés el tiempo que sea preciso y hasta el aplastamiento de Hizbulá.
Netanyahu: la guerra en Oriente Medio “nunca terminará”
En la misma noche del martes, tras esa visita relámpago al Líbano ocupado, Netanyahu se jactó en el programa Patriotas del canal de televisión 14, regentado por la ultraderecha judía, de que hoy día “Israel es más fuerte que nunca” y que la guerra en Oriente Medio “nunca terminará”.
Recordó en este sentido todo lo conseguido desde el 7 de octubre de 2023, cuando ordenó atacar Gaza tras la incursión de guerrilleros de Hamás en Israel que asesinaron a 1.200 personas. Y se vanaglorió del cerca del 70% de la Franja Palestina tomada por el Ejército judío, sin hacer mención al genocidio de 72.000 palestinos en ese proceso. Si citó esta nueva invasión del Líbano, así como la toma de nuevos territorios en Siria desde 2024 o el ataque a Irán.
Las palabras de Netanyahu, destinadas también a excitar los ánimos electorales de los extremistas que lo apoyan de cara a los comicios de octubre próximo, dejaban clara una cuestión que, sin duda, se planteó un día después en Doha: la paz que negocian estadounidenses e iraníes estará siempre en vilo por el supremacismo israelí. Salvo que el interés económico por el estrecho de Ormuz se imponga en Washington y Teherán al destino de libaneses, palestinos y el resto de pueblos de Oriente Medio amenazados por las botas de los soldados judíos.



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