La OTAN promete más armas a Ucrania pero las amenazas de Trump a sus aliados enturbian el cierre de filas ante Rusia
Donald Trump en su llegada a una rueda de prensa en la cumbre de la OTAN de Ankara celebrada en julio de 2026. Necati Savas / EPA / EFE

08/07/2026. Las amenazas vertidas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra algunos de sus aliados de la OTAN, como Dinamarca por la soberanía de Groenlandia, o España, país con el que sugirió cortar toda relación comercial por las crecientes diferencias entre Madrid y Washington, ensombrecieron este miércoles la cumbre de la Alianza Atlántica en Turquía. En Ankara también resonaron los ecos de la guerra en Irán, que pasó a ser el foco de atención para EEUU, en detrimento de otros conflictos, como el de Ucrania. La invasión por Rusia de este país, que quería ocupar todo el interés de la cumbre de la OTAN, pasó a segundo plano, pese a las renovadas promesas de multimillonario apoyo, que respaldan el juego de Washington para hacer negocio con sus armas vendidas a los europeos y reenviadas por éstos a los soldados ucranianos.

La declaración califica a Rusia como “una amenaza a largo plazo” para la seguridad y estabilidad de la Alianza Atlántica, pero, “mientras, continuamos presionando por la paz”, aseveró ufano el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, al termino de la cumbre. Una afirmación un tanto curiosa, cuando la apuesta es continuar la guerra con más dinero para armas y, sobre todo, emplear ingentes fondos de los países europeos de la Alianza para engordar la industria militar estadounidense, la gran beneficiada de esta cumbre. En realidad, de todas las cumbres de la OTAN.

Ya no hay retórica, como cuando, al empezar la invasión de Ucrania, se proclamaba con grandes aspavientos que en esta guerra Occidente se jugaba su destino. La cumbre de Ankara pasará a la historia como aquella en la que Trump ofendió a sus aliados europeos, rompió la cohesión euroatlántica y a la vez consiguió su aquiescencia para engordar las cuentas de los fabricantes de armas de su país.

Como gran baza de apoyo estadounidense a Ucrania, lo más que hizo Trump fue prometer al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, la licencia para fabricar sistemas antiaéreos Patriot, cuya factura pagarán esos fondos europeos. Es decir, la Casa Blanca mantiene su doble juego de asumir la anexión rusa de los territorios ucranianos conquistados, al tiempo que exige a sus aliados del viejo continente que compren a EEUU las armas que envían a Kiev para combatir a Rusia, así como las que hinchen el fondo de defensa de la OTAN.

Mantener esa ayuda armamentística a Ucrania a precios estadounidenses e incrementar el gasto europeo en defensa hasta el 5% del PIB como exige Trump y repite su acólito Rutte puede desbaratar los presupuestos nacionales de defensa o bien vaciar los arsenales de Europa para cumplir con la asistencia a Kiev.

Ucrania no es prioridad para EEUU

Lo que quedó también claro de esta cumbre es dónde estaba la mente de Trump. La ruptura del alto el fuego entre Irán y EEUU en las últimas horas, con intercambios de ataques que llevan el proceso de paz firmado el 17 de junio a la casilla de salida, desvió oportunamente toda la atención de la Casa Blanca hacia Oriente Medio, mientras el escenario de seguridad europeo quedaba relegado. El conflicto de Ucrania perdía importancia para Washington y esto podría afectar al envío a ese frente de las armas estadounidenses compradas por sus aliados, en caso de que se necesiten más en el Golfo Pérsico.

Todas estas circunstancias se producen en un momento muy delicado de la guerra, con una Ucrania que finalmente está logrando sonados éxitos con sus ataques con drones a las infraestructuras petroleras y gasíferas del corazón de la Federación Rusa, alcanzando incluso objetivos en Omsk, Siberia, a 2.500 kilómetros del frente bélico. Refinerías en Moscú, San Petersburgo, Krasnodar o Yaroslav, terminales petroleras marítimas en Ust-Luga o Vysotsk, o centrales eléctricas en Sebastópol, el puerto más importante de la península de Crimea y base de la flota rusa del mar Negro, son golpeadas una y otra vez por la afinada estrategia ucraniana que ha convertido a sus avanzados drones (pagados por Europa) en su ariete bélico.

Tales éxitos tácticos llevaron al canciller alemán, Friedrich Merz, a declarar en Ankara que Rusia “no tiene ninguna posibilidad de ganar la guerra”. Una afirmación un tanto osada, pues, a pesar de los graves problemas que los drones ucranianos están causando en el sistema energético ruso, hasta el momento Ucrania no ha podido recuperar nada de ese 20% de su territorio conquistado por los rusos, principal brecha que se abre entre Moscú y Kiev para negociar la paz.

Además, la respuesta rusa al bombardeo de sus refinerías está siendo también contundente y más sangrienta, aunque los ataques ucranianos se hayan llevado por delante también a muchos civiles en las regiones de Ucrania ocupadas por Moscú. A los drones ucranianos, Rusia contrapone sus misiles balísticos, un armamento con el que los sistemas antiaéreos de Ucrania apenas pueden competir. El resultado es fatal, con decenas de muertos ucranianos en los ataques lanzados por el ejército ruso con sus misiles y drones en vísperas de la cumbre de Ankara contra las ciudades y bases del país invadido el 24 de febrero de 2022. Faltan misiles interceptores y las baterías antiaéreas Patriot han de ser compradas en su mayor parte a EEUU o cedidas por los europeos, que así renuncian a un tipo de armamento muy caro, escaso y prioritario en los sistemas defensivos de la OTAN.

Ucrania reclama sistemas antiaéreos de EEUU

Esta fue la demanda que llevó el presidente Zelenski ante la cumbre de los Treinta y dos. Para blindar sus cielos en un momento clave de la guerra en el que son cada vez más eficaces los ataques a refinerías y las infraestructuras energéticas rusas, Ucrania necesita muchos sistemas Patriot estadounidenses. El problema es que, desde que llegó Trump al poder, EEUU ya no le entrega este tipo de armamento e incluso ha reducido sus ventas a los países europeos que los reexportaban a cuentagotas al país eslavo.

En el marco de la guerra del Golfo Pérsico, el Pentágono ha enviado algunas de estas baterías antiaéreas para proteger sus bases en la región y a sus aliados árabes contra los misiles iraníes. La reanudación del conflicto este miércoles plantea un desafío a las aspiraciones ucranianas para obtener más misiles Patriot, reiteradas en la cumbre por Zelenski y escuchadas con condescendencia. Trump incluso prefiere entregarle la licencia para fabricar sistemas Patriot a Kiev antes que cederlos en estos momentos.

Humillar al aliado

Es solo una muestra, pero evidencia que, desde que asumió Trump el poder en enero de 2025, el jefe de Estado ucraniano ha dejado de ser el protagonista principal de las reuniones de la OTAN. Desde entonces, los asistentes prestan más atención a los golpes que el presidente estadounidense está dispuesto a prodigar a mansalva.

Así ocurrió en Ankara, donde Trump recordó, por ejemplo, la importancia que para EEUU tiene la posesión de Groenlandia, al tiempo que despreciaba la soberanía danesa sobre esta isla del Ártico. Washington “necesita Groenlandia para la protección del mundo, no solo de Estados Unidos”, afirmó Trump tras reunirse con Rutte, convertido desde hace mucho tiempo en el lacayo servil de la Casa Blanca al frente de la organización, un político ducho en supeditar el interés común de la Alianza al interés particular de EEUU.

En la capital turca, Trump también insistió en que sus aliados de la OTAN “no estuvieron ahí” para apoyar a EEUU e Israel cuando estos dos países lanzaron su ataque ilegal, sin sanción internacional alguna, contra Irán el 28 de febrero. Fue más allá en sus críticas a España, país al que Trump tiene una inquina especial desde que el Gobierno español dejara claro que, si bien acepta incrementar sus gastos en defensa, lo hará a su propio ritmo y no al que quieren imponer la Casa Blanca y Rutte. La ira de Trump con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, también se avivó con las sucesivas condenas del líder socialista al genocidio cometido por Israel en Gaza. Un genocidio sostenido por las armas estadounidenses y el aplauso del inquilino de la Casa Blanca.

España es “una causa perdida”, aseveró este miércoles Trump, al tiempo que pedía cortar “todo el comercio” con el país mediterráneo. “España es un socio pésimo en la OTAN. No participan, no pagan. No quiero tener nada que ver con España. Corten todo el comercio con España, por favor, incluidas las visitas” y “de inmediato”, pues ese país “no tiene remedio, son mala gente”, afirmó. El líder republicano dijo que había otros estados europeos con una actitud “lamentable”, pero destacó a España entre aquellos que “se muestran hostiles” a EEUU.

La hostilidad manifestada por Trump en Turquía hacia sus propios compañeros de viaje atlánticos debería poner nerviosos a Rutte y a los dirigentes europeos, pues es un bumerán. Trump muestra su falta de escrúpulos a la hora de tratar con los adversarios de la OTAN, como el presidente ruso, Vladímir Putin, y aprovecha esa contraposición para presionar más a sus aliados. La conversación mantenida por Trump y Putin en vísperas de esta cumbre podría aportar alguna sorpresa al respecto y Ucrania debería temerla.

Especialmente porque nunca como ahora la Alianza Atlántica había mostrado tanta debilidad, no en lo que se refiere a su poder militar, que está en su momento más álgido, sino por la ausencia de un poder político que pueda mantener la confianza en ese potencial bélico. Nunca como ahora, la OTAN había exhibido tanta ineficacia como bloque militar y no tanto por la situación internacional, sino por la incapacidad de sus miembros para sobreponerse al autosabotaje infligido por su principal socio, al que han respondido con una mezcla destructiva de servilismo, miedo e incapacidad de liderazgo desde la propia Europa.

Información adicional

La presión del presidente de EEUU sobre algunos aliados, como Dinamarca o España, y la crisis de Irán empañan el apoyo de la Alianza Atlántica a Ucrania en un punto clave de la guerra contra Rusia
Autor/a: Juan Antonio Sanz
País:
Región: Europa
Fuente: Público

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