Los 2OO participantes hicieron un llamamiento para lograr “una paz desarmada y desarmante” como ha pedido repetidamente el Papa León XIV.
Desde Roma. 17 de julio de 2026
Después de dos días de debate en el Borgo Laudato Si, fundado en la propiedad vaticana de Castel Gandolfo en memoria del Papa Francisco y su encíclica ecologista “Laudato Si”, los casi 200 participantes en este encuentro internacional firmaron la “Declaración de Roma” un documento que podría indicar un camino de desarme, solidaridad y uso adecuado de la Inteligencia Artificial para lograr “una paz desarmada y desarmante” como ha pedido repetidamente el Papa León XIV.
Del encuentro, titulado en inglés Global Nobel Laureates Assembly on Artificial Intelligence and Nuclear War (Asamblea Global de los Nobel sobre Inteligencia Artificial y Guerra Nuclear) participaron 30 Premios Nobel (entre ellos Muhammad Yunus de Bangladesh, Premio Nobel de la Paz 2006, Maria Ressa, filipina, Premio Nobel de la paz 2021 y
el estadounidense David Gross, Premio Nobel de la Fisica 2004), 20 expertos en Inteligencia Artificial (IA) (entre ellos exponentes de Big tech, OpenAI, Google DeepMind y Anthropic), 30 ex jefes de gobierno de distintos países, líderes de varias religiones y expertos en armas nucleares , además de científicos, investigadores y profesores de distintas universidades como Harvard University, Oxford University y Columbia University.
La idea principal era “promover un cuadro condividido sobre la paz, la innovación ética y el control de la inteligencia artificial”, explicó la agencia vaticana Vatican News.
El evento fue organizado por la Fundación Domus Communis (que se ocupa entre sus proyectos de dar una dimensión humana a la IA) y contó con el apoyo de la Asamblea de los Premios Nobel para la Prevención de la Guerra Nuclear, la Nobel Women’s Iniciative, la Universidad de Chicago, la Católica Universidad de América, la Harvard Medical School, la Universidad de Notre Dame, entre otros entes.
La “Declaración de Roma por una Paz Desarmada y Desarmante en la era de la Inteligencia Artificial, de las Armas Nucleares y Autónomas, de los Nuevos Protocolos Digitales y de los Modelos Emergentes de Desarrollo Digital”, fue firmada por todos los participantes, incluido el Alcalde de Roma, Roberto Gualtieri, que ofreció el edificio del municipio llamado Campidoglio para que se hiciera la ceremonia conclusiva. También participó la actríz estadounidense Sharon Stone, calificada como “embajador de Magnifica Humanitas”, la encíclica de Papa León que inspiró en parte el encuentro.
Algunos participantes
El Vaticano se hizo presente entre otros con el cardenal español Ángel Fernández Artime, pro-prefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada. Cuando habló ante los expertos, el cardenal destacó que “el problema no es la tecnología sino la orientación que queremos darle. Si no tenemos en cuenta los derechos fundamentales, el riesgo es crear sistemas que favorezcan el control, la manipulación y también nuevas formas de desigualdad”, dijo.
Por su parte el profesor Daniel Holz, de la Universidad de Chicago y director fundador del Existential Risk Lab (X Lab), recordó a los asistentes que “la mala noticia” es que “vivimos un momento de peligro sin precedentes”, pero que “la buena noticia es que hay muchas cosas que podemos hacer para estar más seguros frente a las armas nucleares y frente a la IA”.
El profesor David Gross, premio Nobel de Física y titular de la Cátedra del Canciller de Física Teórica en la Universidad de California, precisó de su lado que su valoración del peligro de las armas nucleares es mucho mayor que hace treinta años. Lamentó por otra parte que los tratados de control de armamentos hayan desaparecido y que actualmente nueve países sean potencias nucleares. “Estamos en medio de una carrera armamentística acelerada”.
“Los pueblos del mundo ya no pueden ignorar la forma en que estas amenazas pueden afectar no solo a sus propias vidas, sino también, sin duda, a las de sus hijos y nietos”, subrayó.
La embajadora de la paz Sharon Stone también intervino, afirmando que, unidos por el objetivo del bien común y el respeto a cada persona humana, a medida que aumentan las capacidades de las máquinas, también deben aumentar los esfuerzos morales de quienes las construyen. “La dignidad humana -aseguró- no es un algoritmo”.
El documento final
Algunos han visto la declaración de Roma como si se hubiera inspirado también en el célebre “Manifiesto Russell -Einstein” que firmaron en 1955 el científico Albert Einstein y el filósofo matemático Bertrand Russell: “Queremos de nuevo, como seres humanos, a otros seres humanos: recuerden vuestra humanidad, olviden el resto”, dijeron en esa declaración que pedía un mundo libre de armas nucleares, especialmente luego del trágico ataque con bombas nucleares de algunos años antes, de parte de Estados Unidos contra Japón (Hiroshima y Nagasaki) causando 120.000 muertes.
El texto de la declaración comienza subrayando que “La humanidad se encuentra en un momento decisivo de la propia historia”, ante “un desafío sin precedentes”, por eso es importante preguntarse qué se debe hacer.
Una de las propuestas es “desactivar la próxima carrera de las armas, tanto en el campo de la Inteligencia Artificial como en el campo nuclear, antes de que estas dos cosas determinen el rostro del próximo siglo”.
La declaración invita a los gobiernos, a las empresas y a las organizaciones internacionales a hacer “posible un proceso más lento y coordinado de las formas más avanzadas de la IA, instituyendo mecanismos condivididos de verificación y evaluación”.
Sobre la Inteligencia Artificial el texto reconoce que puede ofrecer muchas posibilidades pero que también es probable “que provoque una pérdida de numerosos puestos de trabajo y acentúe la competición económica entre las potencias nucleares”. El documento invita al mundo a desarrollar sistemas de la IA “que actúen a favor del interés de la humanidad”, y en el “respeto del derecho internacional y de los derechos humanos”.
Otro punto importante de la declaración está concentrado en los sistemas de control de la IA. El texto pide “un tratado internacional que prohíba la integración irresponsable de la IA en los sistemas de comando, de control y de lanzamiento de armas nucleares, garantizando que siempre tenga un control humano. Pero al mismo tiempo hay que “promover el desarrollo y uso responsable de la IA para mejorar el bienestar humano, acelerar los progresos científicos y médicos, proteger el ambiente, reforzar la resiliencia (o resistencia) de la sociedad y promover la paz, el desarrollo sostenible y el bien común”.
El llamamiento de los participantes es “crear un bien común digital” que permita recolectar y compartir los datos necesarios para profundizar el conocimiento y sostener acciones eficaces respecto a las armas nucleares y a la IA”.
El documento concluye pidiendo con urgencia el comienzo de negociados para llegar “a la eliminación verificable e irreversible de las armas nucleares” y para esto relanzan los principios ya contenidos en el Tratado de No proliferación de las Armas Nucleares que entró en vigor en 1970 y el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares que fue aprobado por la ONU en 2017 y fue aplicable desde el 22 de enero de 2021.
El primer Tratado, curiosamente, permitió la posesión de armas nucleares a sólo cinco estados miembros de la ONU, casualmente los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Unión Soviética y República Popular China.
“Las naciones que poseen armas nucleares deben promover políticas y doctrinas que reduzcan progresivamente el rol de tales armamentos, reforzar la estabilidad estratégica y disminuir el riesgo de usarlas y desatar una guerra de consecuencias catastróficas” (…) Está en juego nuestra sobrevivencia y la de las futuras generaciones”, concluyó la declaración.


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