Un ramito de violetas para Cecilia

A cincuenta años del fallecimiento, en un accidente automovilístico, de la inmensa y admirada cantautora española Cecilia (11 de octubre de 1948 – 2 de agosto de 1976) compartimos esta semblanza sobre su vida y obra.

“Ahora vivo a costa de un millón de muertos, / un millón de tumbas, un millón de espectros. /Ahora vivo a costa de un millón de cuerpos, / un millón de sombras, un millón de sueños. / ¡Cuánta tumba! / Ya no hay tierra para cavar en ella…”.  Son los primeros versos de esa canción polémica de la cantante española Cecilia. Cuando la grabó las autoridades de Francisco Franco la censuraron, no dejando transmitirla en la radio ni en la televisión. Era la respuesta de un régimen fascista dictatorial: 

Ahora vivo a costa de un millón de muertos, / un millón de tumbas, un millón de espectros. /Ahora vivo a costa de un millón de cuerpos, / un millón de sombras, un millón de sueños. / ¡Cuánta tumba! / Ya no hay tierra para cavar en ella, / para dejar sin nombre tanto hombre.  ¡Cuántos nombres en la historia! / Son dueños de las glorias. / ¿Cuántos/ hombres cuestan las victorias?

¡Cuánta sangre se ha perdido! / Cuánto honor herido/ en estas guerras crueles sin laureles.  ¡Cuánta hambre se ha pasado! / hambre por cada lado, / hambre de paz, hambre de hombre honrado. 

Ahora vivo a costa de un millón de muertos, / un millón de tumbas, un millón de espectros. / Ahora vivo a costa de un millón de cuerpos, / un millón de sombras, un millón de sueños.

¡Cuántas lágrimas lloradas / para lavar las llagas! / ¡Para olvidar los muertos con el tiempo!

Hacía parte del álbum titulado Cecilia 2, el cual traía venía la advertencia de “no radiable”, lo que quería decir no transmisible por ninguna emisora del país. Discos CBS, S.A. enviaban a las emisoras el Long Play de Cecilia con la siguiente aclaración:

“Estimado amigo: tenemos el gusto de enviarle adjunto el nuevo Long Play de Cecilia, titulado Cecilia 2. 

Consideramos oportuno advertirle que la canción “un millón de sueños”, que encabeza la cara B de este disco, ha sido calificada de “no radiable”.

Sin otro particular, reciba nuestro más cordial saludo.

Discos CBS, S.A.”

El vinilo salió al mercado en octubre de 1973. Sin embargo, la censura hizo cambiar el título de la canción polémica al darse cuenta de su temática. En el Long Play se llamó tal como la conocimos por esos años y como aún se le sigue denominando: “Un millón de sueños”.

Prohibido su nombre, proscrito de cualquier medio comunicativo, el asunto se le complicó a Cecilia. Fue llamada a un juzgado de orden público para dar explicación de la temática de la canción. En su defensa argumentó que “la guerra a la que aludo en mi canción no es la Guerra Civil Española, sino la Guerra de los Seis Días que yo misma viví durante mi estancia en Ammán”. Sin embargo, todos sabían que su guerra era en realidad la de España. El proceso se archivó y Cecilia quedó libre de acusaciones. 

Para componer esta canción, Cecilia se inspiró en la novela del catalán José María Gironella Un millón de muertos, publicada en 1961, segunda parte de una trilogía sobre la Guerra Civil Española. La canción pasó por ese sistema censor a quien temían todos los cantautores con ansias de libertad. La dictadura franquista exigía suprimir frases enteras de las canciones que consideraba “peligrosas” para la nación, sobre todo, las que criticaban o se entrometían en los temas de la iglesia. Era vetado todo lo que recordara el pasado sangriento y violento de la Guerra Civil. Nada de memoria sobre los exilios, sobre los desaparecidos y asesinados; nada de aquella España “de charanga y pandereta, cerrado y sacristía”, como dice un verso de Antonio Machado. Tales eran las condiciones políticas bajo las cuales esta cantautora compuso la mayor parte de sus excelentes canciones-poemas. 

Su nombre de pila era Evangelina Sobredo Galanes, Comenzó a usar su seudónimo artístico cuando firmó contrato con la Compañía Multinacional CBS, la cual le solicitó cambiar de nombre. Ella asumió el de Cecilia, primero porque había otra Eva cantante, luego porque era el título de una canción de Simon y Garfunker que le gustaba. 

Evangelina, nació el 11 de octubre de 1948 en el Prado, un pueblo en la Provincia de Madrid. Hija de María Dolores Galanes Saavedra y del diplomático militar José Ramón Sobredo y Riobo, por lo que su infancia transcurrió en varios países: Inglaterra, Estados Unidos, Portugal, Argelia, Jordania. Su espíritu libre y cosmopolita le llevó a cuestionar a esa España provincial bajo un régimen moralista y cerrado.

Apasionada por la música, abandonó la carrera de derecho para dedicarse a componer sus canciones. Su primer álbum de 1972, con arreglos de Juan Carlos Calderón, tuvo como éxito “Dama Dama”, donde critica irónicamente la hipocresía moralista y puritana española. En ese mismo álbum se encuentra ese maravilloso poema, inventario de las reflexiones sobre sí misma, titulado “Nada de nada”:

Un copo de nieve, una lluvia que llueve, un pensamiento. / Un abismo entreabierto, una palabra callada/ un “lo siento”. / Un paso sin huella/ soy un camino que no tiene destino/ una estrella apagada. / Así de pequeña soy yo, nada de nada.

Nada de ti, nada de mí/ una brisa sin aire soy yo/ nada de nadie.

Un soplo de vida, una verdad que es mentira, un sol de invierno. / Una hora en tu noche, el silencio de adioses/ un sin quererlo. / Un segundo en tu sueño/ soy un peldaño subiendo tu escalera/ una gota sin agua. / Así de pequeña soy yo/ nada de nada.

Su segundo álbum Cecilia 2 es considerado su mejor trabajo, bastante coherente y de gran calidad musical, con arreglos de Pepe Nieto. Es allí donde se escuchan aquellas canciones que molestaron en su momento a la dictadura franquista. Son canciones que invitan a la reflexión, a tomar conciencia de su dignidad como mujer. En una España donde, tanto hombres como mujeres estaban presas del catolicismo y del patriarcado machista, en la cual imperaba la penalización a los métodos anticonceptivos, al aborto y donde las esposas necesitaban el permiso de maridos y padres para ejercer cuestiones legales, estas canciones de Cecilia entraban como un aire fresco que ventilaba el ambiente dictatorial y alimentaban los imaginarios y mentalidades de emancipación en los jóvenes.

Cecilia se presentaba en sus conciertos con vestidos al estilo hippie, en sandalias, con batas tradicionales mexicanas y sin maquillaje. Era una provocación y una invitación a la libertad para las mujeres de su generación que se habían educado bajo el nacional-catolicismo de la dictadura. Admiradora de Ramón María de Valle-Inclán y de los poetas españoles censurados por el régimen. Amiga del grupo Aguaviva que musicalizaba a poetas andaluces, a Blas de Otero, a García Lorca, León Felipe, influencias que se notaban en el tratamiento poético de sus composiciones, pobladas de ironía, de sátira y de un cierto costumbrismo español mezclado con música pop, de blues, rock y folk norteamericano. Su resultado, una innovación musical realizada por una mujer, lo cual fue un suceso bastante impactante en la España de esa época.

La historia de su segundo álbum es un buen ejemplo de la censura que se vivía en esos momentos. Cecilia deseaba que el disco llevara como título general “Me quedaré soltera”, igual a uno de sus temas, y que la portada fuera una fotografía de Pablo Pérez-Mínguez, donde apareciera embarazada. Por supuesto que la discográfica no lo aceptó. Era bastante polémica. De modo que salió al público con el despojado y escueto título de Cecilia 2,y con una foto, nada temeraria, del fotógrafo Francisco Ontañón. Ello fue un golpe bajo para el orgullo y la rebeldía de esta poeta cantora, que navegaba a contracorriente en ese año de 1973.

Frente a lo que fuera su casa natal en la avenida de Valladolid 61 de Madrid, leo la placa colocada por la Comunidad de Madrid en el 2017 para conmemorar el 40 aniversario de su fallecimiento. En esta casa compuso casi todos sus discos, pasando por su “Dama Dama”, “Ramito de violetas” -la cual fue inicialmente un cuento para convertirlo luego en canción-; “Nada de nada”, “Cuando yo era pequeña”, “Mi querida España”, “Tú y yo”, hasta llegar a ese inmenso y maravillosos segundo vinilo, de una muy lograda unidad tanto escritural como musical con canciones como “Andar”, donde asegura que “no me pertenece el paisaje, voy sin equipaje por la noche larga (…) y cada paso que piso, un paso menos que dar, porque el caso es andar”. Como también encontramos el disco polémico “Me quedaré soltera”;

Yo quisiera tener alguien cerca, aquí. / Yo no quiero vestir sedas de soltera, / santos de madera: eso no es para mí. / Y si muero de vieja sin tener pareja, / dime quien llorará a una solterona, / llantos de verdad en su funeral.

Me quedaré soltera, aunque yo no quiera/ ¿con quién casaré/ Si mi cuerpo está viejo? / no miente el espejo/cuando me miro en él. 

Dicen que es mejor ser monja que estar así, / como lo estoy yo, con mi perro viejo, / mi loro que llora, mi gato tuerto.

Soy como un verso suelto sin rima, sin par. / Soy un alma en pena contando lunas, / apenas me quedan ni para contar.

En “cuando yo era pequeña” vemos una crítica a la educación católica llena de miedos y de culpas recibida en la infancia: “Cuando yo era pequeña me contaban muchos cuentos, que, si no era buena, me llevaban al infierno”. 

En ese mismo álbum se escuchan temas como “Mi ciudad”, “Me iré de aquí”, “Canción de amor” y la titulada “Equilibrista”, inquietante, misteriosa donde se rebela contra el futuro que para ella desean sus padres, la de estudiar una carrera universitaria, pero, ante todo, ella quiere ser equilibrista. Lo afirmó en su presentación en la escuela Massana de Barcelona, grabada para el programa televisivo “A su aire”. Allí se le escuchó decir: “Desde siempre quería haber sido equilibrista, como dice esta canción que voy a cantar ahora, pero mis padres tenían mejores planes para mí. Quería que estudiara una carrera, que fuera muy trabajadora, y muy buena, pero yo he preferido ser equilibrista”:

Yo quiero ser equilibrista,/ paloma, la pluma, reina de la pista
La, la, la…// Mi padre quisiera que fuera su niña estudiosa de alguna carrera/ La, la, la…
Mi madre prepara mi boda/ con un caballero de whisky con soda/ La, la, la…
Y quiero ser equilibrista/ paloma, la pluma, reina de la pista/ La, la, la…

Y llegamos a la canción “Un millón de sueños” la cual dialoga con la canción “Una guerra”, editada en un sencillo de 1976, donde Cecilia describe las heridas que dejó la Guerra Civil Española:

Una guerra pasó por esta tierra como una maldición/ dejando atrás su olor a muerte y destrucción. / Los campos de mi tierra fueron quemados/ vistiéndose de luto los desahuciados/ y hermano contra hermano y padre contra hijo/ y Dios maldijo a mi región.
Una guerra pasó por esta tierra como una maldición/ dejando atrás su olor a muerte y destrucción.

Un viento amargo y triste divide el tiempo. / Somos la misma sangre y dos pensamientos. / Ha de venir la lluvia que lave viejas caras/ desencajadas de rencor. 

Hay una gente nueva que se despierta// y sobre sus espaldas el alba incierta/ iremos mano en mano mirándonos de frente. / Seremos puente entre los dos. 

Una guerra, pasó por esta tierra como una maldición/ dejando atrás su olor a muerte y destrucción.

Estas dos canciones se vuelven cada vez más actuales, más urgentes y necesarias; son una conciencia viva y permanente sobre las barbaries cometidas por los regímenes autoritarios, los señores de la guerra. 

En el tercer álbum, con arreglos de Juan Carlos Calderón, graba uno de sus más escuchados temas: “Ramito de violetas”, una de sus canciones, que por extraña y ambigua es hermosa, pues sintetiza la situación de la mujer que sueña con “otra vida” en medio de un matrimonio monótono, con un marido triste, aburrido y tradicional, el cual, de forma extraña, la seduce clandestinamente cada 9 de noviembre enviándole sin tarjeta un ramito de violetas.  Bella y contundente manera de retratar las condiciones de la mujer bajo el régimen franquista.

“Mi querida España” fue un disco que también sufrió la censura en su letra, pues, en la versión original, algunos de sus versos decían: “Esta España viva, esta España muerta”, y fue cambiada por “esta España mía, esta España nuestra”.

En tan solo siete años Cecilia hizo su carrera.  Tenía proyectos de grabar en Estados Unidos temas en inglés, “esa lengua que manejo mejor que el español”, como afirmaba. Es indudable que abrió caminos diferentes, nuevos derroteros para las cantautoras y la canción española. Sin embargo, muchas de sus canciones no fueron bien recibidas por un público aún no preparado para aceptar letras y músicas tan diferentes, a la vez que no fueron suficientemente promocionadas por las emisoras y medios de comunicación de la dictadura. Ella no encajaba en el mundo español de su época. Se encontró con varios obstáculos desde el principio: cambiaron el nombre y la foto de uno de sus álbumes; le obligaron a cambiar letras y títulos de sus más emblemáticas canciones. Así y todo, siguió su ruta y hoy por hoy es una cantante considerada de culto.

El lunes 2 de agosto de 1976, a eso de las 5:40 de la madrugada, cuando regresaba con sus músicos a Madrid, después de un concierto realizado el domingo en la sala Nova Olimpia de Vigo (Pontevedra), su automóvil, un Seat 124 LS, choca contra un carro de labranza tirado por una yunta de bueyes en el casco urbano de la localidad de Colinas de Trasmonte, Partido de Benavente (Zamora). Cecilia iba dormida en el puesto del copiloto. Mueren ella y su baterista Carlos de la Iglesia. 

La muerte le llegó cuando estaba trabajando en el proyecto de musicalizar textos de Valle-Inclán. Tenía 27 años.

Miro su casa natal, con su placa en el número 2 del Paseo de El Pardo, avenida Valladolid 61, Madrid, y no tengo sino palabras para agradecerle a esta poeta cantora, su pasión, su aporte a la memoria en estos tiempos del olvido, su espíritu libre, lleno de ternura, aquella lucidez sobre su España quebrada y su valentía ante las hienas del poder.

Me retiro cantando sus inquietantes e incisivos versos, tan actuales y vigentes para estos días aciagos: “Ahora vivo a costa de un millón de muertos, un millón de tumbas, un millón de espectros (…) ¡Cuánta tumba! Ya no hay tierra para cavar en ella (…) ¡Cuántas lágrimas lloradas para lavar las llagas!, ¡Para olvidar los muertos con el tiempo!”.

 *Poeta y ensayista colombiano.

Información adicional

Autor/a: Carlos Fajardo Fajardo*
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente:

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