Tokio. Nagasaki conmemoró ayer el 81 aniversario del bombardeo atómico perpetrado por Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, que se estima dejó 74 mil muertos para finales de 1945.
Tras guardar un minuto de silencio a las 11:02 horas, hora exacta en que una bomba atómica estadunidense estalló sobre la ciudad, el alcalde Shiro Suzuki calificó a las armas nucleares de “mal absoluto”, y denunció que la disuasión nuclear aumenta el riesgo de guerra, en medio de la inquietud que generó el gobierno de la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, al abrir el debate sobre la política nuclear del país.
“La teoría de la disuasión nuclear es extremadamente peligrosa y frágil. Las armas nucleares no son un ‘mal necesario’, sino un ‘mal absoluto’, y nunca pueden coexistir con la humanidad”, sostuvo Suzuki.
El alcalde colocó en el monumento conmemorativo una lista actualizada de las 204 mil 708 víctimas que ha dejado la bomba atómica, incluidas 2 mil 773 personas cuya muerte fue confirmada en los pasados 12 meses, reportó la cadena pública japonesa NHK.
En este contexto y en el marco de la revisión de la política de defensa del país, el alcalde Suzuki instó al gobierno de Takaichi a adherirse a sus tres principios no nucleares de la posguerra, en momentos en que se nutren las especulaciones sobre si la premier japonesa, que respalda la disuasión nuclear, podría permitir que se introduzcan esa clase de armas en el país, en contra del tercer principio no nuclear.
Suzuki insistió en que pese a que algunos países sostienen que poseer armas nucleares ayuda a disuadir a posibles atacantes, los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki demostraron que los seres humanos pueden cruzar la línea.
“A todos los líderes de los estados con armas nucleares y de las naciones que dependen de la disuasión nuclear: deben afrontar la realidad de que cuanto más dependan de la disuasión nuclear, más aumentan el riesgo de una guerra nuclear”, advirtió.
Por su parte, el ministro japonés de Defensa, Shinjiro Koizumi, pidió hace poco “una discusión sin tabúes” sobre el tema, mientras un alto funcionario del gobierno japonés defendió en un encuentro con medios que esa nación debería tener armas atómicas.
Los bombardeos nucleares lanzados por Estados Unidos con tres días de diferencia dejaron 140 mil personas muertas en Hiroshima y 74 mil en Nagasaki, de los cuales se estima que 38 mil eran niños, mientras muchos de los supervivientes quedaron con secuelas como leucemia, cáncer y otros terribles efectos secundarios derivados de la radiación, sin que dichos ataques hayan sido juzgados en un tribunal internacional.


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