La vimos cerca

Las alarmas sonaban con estridencia. Caminábamos rápido con destino al inicio de la jornada laboral y alcanzábamos a pensar que los amigos de lo ajeno habían alborotado el vecindario. A las primeras alarmas se sumaban otras y el bullicio ya era máximo. Nos acercábamos al final de nuestro destino y vemos gente en pijama saliendo de los edificios, con gatos y perros en brazos, los rostros de unas y otros, entre sueños cortados por algo que desconocíamos, eran de espanto. ¿Habrán tenido pesadillas? ¿Los habrán robado?

Ni lo uno ni lo otro. Una vez cesados nuestros pasos, dirigiéndonos hacia donde se están juntando, para preguntarles qué les sucedía, empezamos a sentir el ‘baile’ del piso, que como un péndulo jalaba de un lado hacia el otro. ¡Está temblando!, comprendimos la situación. Los segundos pasaban y el péndulo no cesaba. ¡No está temblando, es mucho más…! Un minuto y nada que el ‘baile’ termina. Con evidencia de lo poco aprendido de los simulacros realizados sobre este tipo de sucesos, revisamos a todos los que estaban fuera de sus sitios de vivienda y ninguno portaba el alijo con los recursos básicos que deben asegurarse para circunstancias de emergencia. Tampoco se habían sacado las camillas que cuelgan a la entrada de los edificios para casos de emergencia, como la que estaba en marcha. Todo indicaba que no había conciencia de cómo actuar en caso de temblor real.

Los largos segundos continuaban pasando y nada que dejaba de temblar. Extraño, pensamos, que dure tanto. Dirigimos la mirada a los tendidos eléctricos y era evidente el efecto del movimiento de la tierra sobre ellos. Nada se quedaba quieto.

Volvimos los ojos hacia los vecinos, que no recobraran su habitual rostro, aún consumido por el de susto e incomprensión de la situación, pese a lo cual no se dirigían hacia el punto de encuentro seleccionado en el barrio para resguardar la vida, un espacio esquinero abierto ante casas de uno o dos pisos y que, por lo tanto, no representa ningún riesgo de derrumbe con caída de escombros, como sí lo pueden significar las edificaciones de seis y más pisos de altura que hay en el sector.  Sin recordar su existencia, todos permanecían debajo de los edificios o al frente, de manera que podrían ser aplastados por estos, llegado el caso de su derrumbe.

Los prolongados segundos dan espacio para que miren los teléfonos y unos y otros comienzan a comentar lo que allí ven: el temblor es de más de 7 grados, y se ha prolongado por dos largos minutos, es decir, es un terremoto. Empiezan a llegar mensajes de diferentes coordenadas, fragmentos de noticia. Los primeros datos indican que el epicentro del sismo se sitúa en el Chocó, otras indican que han caído edificios en Cali, pero no mucho más.

Las noticias se acumulan, pero también otros tipos de mensajes de difícil identificación entre lo real y lo manipulado…incluso llega una “noticia” anunciando que habrá una réplica del terremoto, con hora exacta, lo cual confirma lo poco fiable que son las redes sociales en todas las circunstancias. No faltan los mensajes de supuesta venganza divina, así como la que dice que es un grito vengativo de la Tierra, y mucho más.

Los rostros de los vecinos van recuperando su color normal. Ya se puede volver al sitio de vivienda. Con los pensamientos copados por lo sucedido, cada quien, con su individualismo a cuestas, retoma sus pasos con dirección a su apartamento. ¿Pensarán algo sobre la experiencia que acaban de vivir? ¿Sacarán lecciones de ello?

El espacio ahora lo ganan las noticias: con el paso de las horas los reportes se van ampliando, no solo es Cali, en Pereira y Manizales hay destrucción. Desde Armenia también reportan el fenómeno. De Novita, primer territorio indicado por los noticieros como epicentro del terremoto, se pasa a San José del Palmar, también en el Chocó, departamento vecino del Valle del Cauca y el Eje Cafetero.

Los iniciales segundos, que dieron paso a los dos minutos del fuerte fenómeno telúrico, dieron paso a las horas, y con ellas se confirman las primeras cifras que dan certeza sobre la magnitud del suceso, el cual, con toda seguridad, continuará desgranando más y más desastre, más y más muertos, heridos, desaparecidos. Sobresale en esos datos el reporte de hospitales con graves afectaciones, y sus pacientes sacados a la intemperie. ¡Hospitales de alto nivel sin refuerzo estructural!

Y a su par, llegan los reportes de acciones desde el nuevo gobierno, que distribuye su cuerpo de ministros por los departamentos afectados. Las órdenes ejecutivas bajan de niveles y quienes las operan serán los mismos empleados de la anterior administración, aún en funciones en los organismos que tienen que atender este tipo de calamidades, toda vez que la carga burocrática aún no ha podido ser, ni siquiera, empezada a llenarse por parte de quien se juramentó como Presidente el 7 de agosto. El descabezamiento de miles de progresistas que saben que su tiempo de burocracia se agota, aún está por consumarse.

Las cosas de la vida. Presionados por la muerte: ¡funcionarios de gobiernos opuestos, en funciones conjuntas y armoniosas! Miles de funcionarios del gobierno Petro serán quienes lleven a cuesta la carga de estos primeros días, en los cuales la cara del desastre y de la muerte dejará ver con más claridad, día tras día, lo realmente arrojado ante nuestra realidad como país en pugna, por la energía que liberan las capas tectónicas en su reacomodo. 

Son las paradojas de la vida. Enfrentada a la parca, la misma que baila a nuestro alrededor, como país, con recuerdos agrios de lo ocurrido en décadas atrás por efecto de otros terremotos (Armenia y Pereira -25 de enero de 1999), allí mismo, pero también en el Chocó, en muchos de sus municipios que aún no reportan todo el dolor que los cubre, municipios del norte del Valle que también han quedado fuertemente impactados, como otros del departamento de Caldas, además de Cali, Pereira, Manizales, Quibdó, que son los más evidentes.

Desde toda esta amplia geografía, ante un terremoto que en los primeros datos confirma un centenar de muertos, pero que pudo haber causado miles de miles, pero que no fue así por sus cien kilómetros de profundidad desde donde liberó su energía, según la explicación de los entendidos, el llamado es a levantar las bases estructurales de un proyecto de país nacional que se conmueva, no solo ante un fenómeno como el que movió sus fibras solidarias el 10, el 11 de agosto…, sino que deberán también hacerlo ante su presente marcado por la injusticia y la desigualdad social, y la paz que requiere de cimientos estructurales y no militaristas, como anuncia el nuevo gobierno. 

Sin duda alguna, un encuentro de organizaciones sociales, de necesaria realización, deberá hacer sentir su fuerza telúrica para reacomodar las capas económicas y políticas de la injusticia y la desigualdad social en toda Colombia.

El campo está abierto. Los efectos de largo plazo del terremoto están por verse y valorarse en toda su magnitud.

*Fotografias periódico desdeabajo, Cali, 10 de agosto.

Información adicional

Terremoto, 10 de agosto
Autor/a: Equipo desdeabajo
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: desdeabajo

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