De leopardos, tigres, y otros felinos filofascistas

En los años 20 del siglo pasado, un grupo de intelectuales conservadores conocidos como Los Leopardos, entre quienes estaban José Camacho Carreño, Augusto Ramírez Moreno y Silvio Villegas, intentaron aplicar las tesis de los fascismos europeos en Colombia. Pero fue con la llegada de la República Liberal en 1934, que las doctrinas y los movimientos de extrema derecha tuvieron su auge en el país, oponiéndose no solo al gobierno liberal de López Pumarejo, sino a las tesis del directorio nacional conservador.

La República Liberal fue un proyecto reformista inscrito dentro una propuesta de modernización capitalista, que en sus inicios contó con el apoyo de sectores populares. El primer gobierno de López Pumarejo (1934-1938), fue el de la “revolución en marcha”, lema que reflejaba esos anhelos de cambio. López, acompañado de una generación de liberales de izquierda, intentó una serie de reformas (agraria, educativa, laboral, tributaria, concordato), que alimentaron la oposición de una juventud de derechas, que se sentía impotente ante el avance del enemigo comunista, y observaba con admiración como el fascismo se extendía triunfante por Europa. La Guerra Civil Española (1936-1939), que impactó con fuerza en la política colombiana, también contribuyó a esta radicalización. El enfrentamiento entre republicanos y monárquicos definió posiciones también en Colombia: los liberales y las izquierdas junto a la República, los conservadores y las derechas con la reacción monárquica.

En las filas del partido conservador surgió un conflicto ideológico, pero también generacional: por un lado, estaban los sectores tradicionales liderados por Laureano Gómez, quienes reivindicaban un conservatismo republicano y católico; por el otro estaban las derechas nacionalistas, dirigidas por Gilberto Alzate Avendaño, un impetuoso joven que intentaba parecerse tanto física como intelectualmente a Benito Mussolini, y quien, junto a Los Leopardos, demandaba la apropiación del fascismo como inspiración y método de lucha. Esto no significa que hubiera un conservatismo más democrático que otro. La oposición de los jóvenes conservadores a sus líderes tradicionales, que encontró en la retórica fascista su medio de expresión, era la oposición a un partido esclerotizado, dirigido por Gómez con una “disciplina de perros”. Paradójicamente, estas juventudes se expresan por más democracia al interior de su partido, utilizando el discurso derechista como estandarte.

El historiador César Augusto Ayala Diago, quien escribió una trilogía de libros en torno a la vida y la obra de Alzate1 , habla de la emergencia de una “sensibilidad leoparda” en una generación que vivió la caída de la hegemonía conservadora, y se vio obligada a pensar en nuevas maneras de regresar al poder. Para ello era necesario hacer del conservatismo un partido de masas, acercarlo a las multitudes, como lo habían hecho los fascismos en Europa. Alzate y los Leopardos intentan reconstruir el armazón ideológico del conservatismo colombiano bebiendo del fascismo italiano, el nacionalsocialismo alemán, el falangismo español, la Acción Francesa y el salazarismo portugués, para reivindicar la necesidad de un régimen nacionalista y corporativo dirigido por un Estado fuerte y centralizado en cabeza de un líder mesiánico, que le pusiera freno tanto al avance del comunismo bolchevique, que intentaba implantar la república liberal, como a la voracidad del capitalismo y su materialismo sin alma.

Para movilizar a las masas conservadoras, los jóvenes derechistas utilizaron la fuerza performativa de los símbolos fascistas: las camisas negras, el saludo romano con la mano en alta, el despliegue de banderas, los himnos nacionalistas y los discursos incendiarios. También crearon toda una red de periódicos y publicaciones, y fueron muy hábiles utilizando un medio como la radio para difundir su propaganda. Un ejemplo de estas publicaciones es El Fascista (1937), periódico de corta duración dirigido por Simón Pérez y Soto, que sirvió como órgano de expresión de Haz de Fuego, uno de los grupos de extrema derecha más beligerantes de la época. Pérez y Soto también escribió “De poetas a conspiradores” (1938), una novela en donde un grupo de jóvenes desarraigados e incendiarios ponen en marcha un plan para derrocar al gobierno de López Pumarejo, e instaurar un régimen fascista. Otras publicaciones que difundieron las tesis fascistas fueron los periódicos La Patria, de Manizales, El Colombiano, de Medellín, y El Siglo, de Bogotá.

Alzate Avendaño y Los Leopardos admiraban el fascismo, pero entendían el peso de la tradición y la desconfianza de las masas conservadoras frente a modelos importados, por lo que buscaron inspiración en fuentes propias, y la encontraron en el Simón Bolivar caudillista, proponiendo un cesarismo bolivariano. El 24 de julio de 1937, día en que se conmemoraba el natalicio del libertador, y luego de un enfrentamiento callejero entre derechistas y comunistas en las calles del centro de Bogotá, las dos organizaciones más representativas de las juventudes nacionalistas, la Acción Nacional Derechista y el Alto Comando de Extrema Derecha, fundaron la Acción Nacionalista Popular -Anp-, una disidencia del partido conservador liderada por Alzate Avendaño, que pretendió generar un poderoso movimiento nacionalista en Colombia.

La Anp cumplió una labor de organización, movilización y propaganda. Alzate Avendaño, junto a Silvio Villegas y Eliseo Arango, recorrieron del país divulgando el ideario nacionalista, e intentaron disputarse la hegemonía dentro del conservatismo impulsando la candidatura de Mariano Ospina Pérez para las elecciones presidenciales de 1938, frente a las tesis abstencionistas de Laureano Gómez. Sin embargo, las bases conservadoras, para quienes el conservatismo era una cuestión no solo de militancia política sino de identidad cultural, no parecían dispuestas a aceptar disidencias dentro del partido. Fue algo similar a lo ocurrido con la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria –Unir–, partido fundado por Jorge Eliécer Gaitán y otros liberales izquierdistas en 1933, que regresaron al seno del partido liberal luego de su fracaso en las elecciones de 1934.

La posibilidad de un poderoso movimiento nacionalista, como el propuesto por la ANP, se fue diluyendo, fruto del debate interno de los conservadores y del coletazo de la Segunda Guerra Mundial. Alzate Avendaño y Los Leopardos siguieron siendo protagonistas de la política colombiana, aunque sus disputas con Laureano Gómez provocaron una irreversible división en el conservatismo, al punto que Alzate apoyó el golpe militar de 1953, con el que Rojas Pinilla dio por finalizado el gobierno de Gómez. Nombrado embajador en la España franquista entre 1953 y 1957, nunca renegó totalmente de sus simpatías fascistas. Murió el 26 de noviembre de 1960, y su legado ideológico es reivindicado hoy por el partido conservador, pero también por grupos de extrema derecha, como la Tercera Fuerza. 

A juzgar por los resultados de las últimas elecciones presidenciales, los felinos filofascistas siguen siendo protagonistas de la política colombiana.

1 La trilogía de César Augusto Ayala Diago sobre Gilberto Álzate Avendaño y el conservatismo colombiano comprende los libros El porvenir del pasado, Inventando al Mariscal, y Democracia bendita seas…

Información adicional

Autor/a: Juan Carlos Pérez Álvarez
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente:

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