Después del fuerte sismo, la emergencia continúa: familias que perdieron sus viviendas, sus pertenencias y sus medios de vida siguen esperando respuestas, mientras la solidaridad comunitaria se convierte en una de las principales fuerzas para levantarse.
Septiembre 4 de 2026. El terremoto del 10 de agosto llegó a Buenaventura como llegan esas cosas que uno nunca imagina que pueden suceder. Habíamos vivido temblores, sí, pero nunca algo de esta magnitud. La tierra se movió con una fuerza que nos recordó, de manera abrupta, que también nuestro territorio está expuesto a las amenazas naturales y que, cuando ocurre una emergencia, son las comunidades especialmente las más empobrecidas quienes terminan enfrentando las mayores dificultades.
Aquel día, muchas personas estaban listas para comenzar su jornada laboral; otras todavía permanecían en sus camas. Algunas alcanzaron a recibir una alerta en sus teléfonos. Otras simplemente sintieron que la casa comenzaba a moverse.


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