El primer mes del gobierno de Abelardo de la Espriella muestra una tendencia que cabrá esperar que sea la constante de la administración: recurrir a la saturación informativa y al alineamiento internacional irrestricto con el eje Washington-Tel Aviv como mecanismos de legitimación. Ante este escenario, la oposición se ve obligada a reinventar su comunicación y renovar sus liderazgos para defender la democracia frente al ruido gubernamental.
Existe una frase apócrifa, atribuida erróneamente a Lenin, según la cual «hay décadas en las que no pasa nada, y hay semanas en las que pasan décadas». Dicha sentencia –asociada habitualmente al líder soviético debido a la vorágine de sucesos que el Octubre Rojo trajo para el mundo– bien podría servir para describir el primer mes de la era Adle.


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