Un día entero en el futuro
La robótica china avanza en la cotidianeidad. Zhou Mu

Robots humanoides que sirven café o que rompen récords en atletismo. Las mascotas que se vienen. El efectivo y la tarjeta de crédito, dos especies en extinción.

19 de septiembre de 2026 

Desde Beijing

Amanecer en China es algo parecido a despertar en el futuro, y no solo por las once horas de diferencia con Argentina. Leer el diario por la mañana puede ser el primer paso hacia esa experiencia: el China Daily habla de un robot en Beijing que superó el récord mundial de atletismo de los 100 metros establecido por Usain Bolt en 2009. Sobre una pista azul, se ve a ‘Tiangong Ultra’, que logró una marca de 8,64 segundos. En esos juegos deportivos hay boxeo entre humanoides que dan golpes precisos a la cara. En los videos, un presentador habla del Messi de los robots durante un partido de fútbol en los Juegos Mundiales, que se hicieron en agosto.

Un desayuno diferente

Pero al futuro no se lo ve solo en los medios; se lo puede ver en una plaza cualquiera del distrito de Haidian, en el centro de Beijing, donde un robot vende jugos y café. Es una máquina plateada con forma y tamaño humanos que mantiene conversaciones con los clientes mientras espera que otra máquina prepare el café. “¿En qué idioma desea hablar?”, pregunta al detectar una voz que no responde al mandarín. “Disculpa, no puedo hablar en español. Puedo hacerlo en inglés. ¿De qué le gustaría que conversemos?”, pregunta con un sonido latoso pero amigable como el de los dibujos animados.

El robot se muestra predispuesto y amigable, tanto que puede cantar canciones infantiles si detecta que hay niños alrededor. “Oh, su orden está lista”, dice después de unos minutos cuando el café está servido. Lo toma con una pinza que funciona como una mano y lo entrega. Todo funciona perfecto hasta el momento en el que no sabe qué responder ante el pedido de azúcar. No hay humanos que intervengan en la transacción. El pedido se hace en una pantalla táctil que está en el mostrador y se paga con AliPay o WeChat, las dos superapps que se usan en China.

Especies en extinción

Manejarse con efectivo es un problema en el futuro; está prácticamente en desuso, igual que la tarjeta de crédito física. Los posnets están en peligro de extinción. Intentar pagar el subte con yuanes en billetes puede dilatar una operación de segundos —que es lo que el molinete tarda en leer el código QR— en otra de cinco minutos. Cuando una persona se acerca a la boletería —que en general está desolada—, los trabajadores miran el celular, la computadora y hasta consultan —vaya a saber qué cosa— con los compañeros, antes de emitir el boleto. Todo se demora cuando se sale del circuito de la tecnología.

Tomar un taxi implica la posibilidad de que el auto no tenga conductor. El servicio de robotaxi está pasando de la fase experimental a la producción en masa. Por ejemplo, Apollo Go, de la empresa Baidu —dueña del motor de búsqueda similar a Google—, registró 3,2 millones de viajes totalmente autónomos en el primer trimestre de este año. Hasta abril había alcanzado un acumulado de 22 millones de viajes en 27 ciudades. Parece mucho, pero en un país de 1.400 millones de personas aún es poco. La mayoría de los conductores siguen siendo humanos.

Al mediodía, almorzar en un restaurante común del centro de Beijing conlleva hacer el pedido sin un mozo con libreta y lapicera. El procedimiento implica escanear el código QR que está en la mesa y abrirlo con AliPay, donde se despliega el menú que los comensales eligen y pagan por esa misma aplicación. Unos minutos después, cuando el pedido está listo, se produce la primera interacción con los mozos, que están disponibles más bien para responder preguntas que el celular no puede explicar, como cuán picante está la comida o cómo se llama el plato típico del lugar.

En la Feria Internacional de Comercio de Servicios de China 2026 (CIFTIS) –9 y el 13 de septiembre pasados en Beijing– se vió a una humanoide con delantal rebanando un pepino. Si bien los robots aún no tienen presencia significativa en la vida cotidiana, se los ve en cualquier lado, por ejemplo, bailando un sábado por la mañana en las calles del campus de la Universidad de Renmin en Beijing. Generan una mezcla de sorpresa y cercanía. Son la novedad, pero ya forman parte del universo de significados que circulan en China.

Una tarde en el parque

Durante el verano, las tardes en los parques de la capital del gigante asiático son bulliciosas. Hay personas de todas las edades caminando o sentadas al sol. Pero también hay robots que circulan entre la muchedumbre. Patrullan, limpian y, según cuenta la agencia de noticias Xinhua, pueden dirigir visitas guiadas, hacer rescates acuáticos, mantenimiento de paisajes y monitoreo ecológico en lugares como el Templo del Cielo, uno de los puntos turísticos más visitados.

En las plazas hay algunos perros, la mayoría vestidos con alguna tela liviana, y se empiezan a ver las mascotas robots: unas máquinas blancas que no superan los 40 centímetros de largo, que tienen ruedas en lugar de patas, orejas paradas y ojos de luces azules: ladran o reproducen canciones según la preferencia del dueño, que las maneja por control remoto. Hay otros modelos más grandes, cuadrúpedos y similares a un caballo pequeño, que se pueden montar.

Al atardecer, cuando las autopistas rebalsan de autos, se pueden ver las patentes verdes que señalan a los que son eléctricos. En China, para finales de 2025, la flota de vehículos de nueva energía (VNE) había alcanzado los 43,97 millones. Según los datos de la Administración Nacional de Energía, solo en 2025 se registraron 13 millones de VNE, lo que representa casi la mitad de todos los registros de automóviles nuevos. Así muta un país en el que las estaciones de servicio de combustibles se van perdiendo mientras crece la red de recarga de eléctricos más grande del mundo, que puede atender a más de 40 millones de vehículos.

Las luces de la noche

Por la noche, a la hora de relajarse después del trabajo, hay quienes eligen ver paisajes tranquilizadores a través de anteojos inteligentes que reproducen imágenes y sonidos, además de películas. En los aeropuertos se los consigue por 3.000 yuanes (450 dólares) y sirven también para traducir conversaciones de manera instantánea o buscar información solo con la voz.

Sin embargo, después de una fiesta o de una juntada con amigos en la que hubo mucho alcohol, los que vienen al rescate son los humanos. Las aplicaciones de autos ofrecen el servicio de Daijia, algo así como “conductor designado” o “ángel” para quien no puede manejar su auto porque bebió: una persona llega en patineta electrónica hasta el lugar donde está el cliente y lo lleva hasta su casa en su propio auto.

Irse a dormir después de haber estado un día en el futuro, es una mezcla de fascinación e incertidumbre ante todo lo que está dejando de ser como era antes y que está modificando de a poco la esencia humana.

Información adicional

La tecnología robótica avanza en China y se mete en la vida cotidiana
Autor/a: Celeste del Bianco
País: China
Región: Asia
Fuente: Página12

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