El Niño 2026-27 podría convertirse en uno de los episodios más peligrosos de las últimas décadas. Las primeras estimaciones apuntan a unas 451.000 muertes adicionales relacionadas con el calor, pero el impacto humano podría ser mayor si se suman las consecuencias de sequías, inundaciones, incendios forestales, contaminación del aire, inseguridad alimentaria y enfermedades como el dengue o la malaria.
El Niño 2026-27 se perfila como uno de los grandes acontecimientos climáticos de los últimos años y sus consecuencias pueden ir mucho más allá de récords de temperatura o anomalías de precipitación. El verdadero impacto podría medirse también en vidas humanas. Una reciente estimación del Climate Impact Lab calcula que unas 451.000 personas podrían morir como consecuencia del exceso de calor asociado al episodio durante sus primeros nueve meses, entre junio de 2026 y febrero de 2027.
El calor extremo será probablemente el factor con mayor impacto sobre la mortalidad y, sobre todo, el que actualmente puede cuantificarse mejor. Sin embargo, un El Niño muy intenso también puede modificar profundamente las precipitaciones en numerosas regiones del planeta. Puede aumentar el riesgo de sequías, inundaciones, incendios forestales, inseguridad alimentaria y determinadas enfermedades infecciosas.
Por tanto, el balance humano final de El Niño 2026-27 podría superar el correspondiente únicamente al calor. Lo que todavía no permite la ciencia es poner una cifra fiable a esa mortalidad adicional.
No sería riguroso, por ejemplo, sumar decenas o centenares de miles de víctimas hipotéticas de hambre, inundaciones o enfermedades a las 451.000 estimadas por calor. Sí podemos, en cambio, identificar dónde pueden producirse esas muertes y qué mecanismos pueden hacer especialmente peligroso este episodio.
El Niño 2026-27 será muy intenso
La Organización Meteorológica Mundial considera prácticamente seguro que El Niño continúe al menos hasta febrero de 2027 y prevé que alcance una intensidad muy fuerte antes de tocar techo hacia finales de 2026. Esto es importante porque un Niño intenso puede reorganizar las grandes circulaciones atmosféricas y alterar significativamente las temperaturas y precipitaciones a miles de kilómetros del Pacífico tropical.
Aunque este súper El Niño va a tener un impacto considerable respecto a otros del pasado, no todos sus impactos serán iguales. La respuesta atmosférica depende de la región, la época del año y de la interacción con otros grandes patrones oceánicos y atmosféricos. Pero sí es cierto que el escenario actual y las predicciones aumentan considerablemente el riesgo de fenómenos extremos.
Y esta vez El Niño se desarrolla además sobre un planeta mucho más cálido que durante los grandes episodios del siglo XX. El calentamiento provocado por los gases de efecto invernadero eleva el punto de partida sobre el que actúa esta variabilidad natural.
451.000 muertes por calor, pero la cifra puede quedarse corta
El Climate Impact Lab estima aproximadamente 451.000 muertes adicionales relacionadas con el calor entre junio de 2026 y febrero de 2027 respecto a las que cabría esperar durante esos mismos meses en un año normal. Según sus cálculos, El Niño podría hacer que las temperaturas terrestres globales se sitúen alrededor de 1,2 °C por encima de lo normal durante los próximos meses y aumente aproximadamente un 44 % el número de días extremadamente cálidos.
Los países del Sur global soportarán una parte desproporcionada de la mortalidad debido a la combinación de temperaturas muy altas, pobreza, rápido crecimiento urbano, trabajo al aire libre, viviendas poco adaptadas, menor disponibilidad de aire acondicionado y sistemas sanitarios con menos recursos.
Durante los próximos seis meses, el Sahel podría registrar unas 66.800 muertes adicionales por calor. Nigeria concentraría unas 31.400; Sudán, 17.500; Níger, 10.000, y Chad, alrededor de 8.000.
El sudeste asiático constituye otro gran punto caliente. Indonesia podría sufrir unas 19.300 muertes adicionales, mientras Filipinas, Vietnam, Tailandia y Camboya sumarían aproximadamente otras 19.400.
Otros países que van a experimentar un impacto considerable y que cuentan con mucha población son India, que podría registrar alrededor de 15.800 muertes adicionales, y Brasil, unas 13.300. Y el balance puede continuar creciendo en 2027 si El Niño mantiene su influencia durante la primavera boreal.
Inundaciones: el otro extremo de El Niño
Unas regiones pueden enfrentarse a intensas sequías mientras en otras el problema será precisamente el contrario. El Niño puede modificar las corrientes atmosféricas y favorecer precipitaciones muy superiores a lo habitual en determinadas partes del planeta. Las lluvias torrenciales pueden provocar inundaciones repentinas, crecidas de ríos y deslizamientos de tierra.
En estas situaciones, las víctimas pueden producirse directamente por ahogamiento, derrumbes o corrimientos de tierra, pero también indirectamente por destrucción de hospitales, carreteras, sistemas de abastecimiento y redes de saneamiento.
La Organización Panamericana de la Salud contabiliza ya 70 fallecidos relacionados con lluvias y deslizamientos entre diciembre de 2025 y agosto de 2026. Además, cientos de instalaciones sanitarias se han visto afectadas. El calentamiento del Pacífico oriental puede favorecer nuevos episodios de precipitaciones intensas en sectores de Perú y Ecuador durante los próximos meses.
Aquí aparece una diferencia fundamental respecto al calor, ya que no existe actualmente una estimación global comparable a las 451.000 muertes previstas por temperaturas extremas. No hay que olvidar que aunque los fenómenos no sean muy frecuentes, un solo episodio de lluvias torrenciales sobre una ciudad vulnerable puede modificar sustancialmente el balance.
Sequía y hambre: probablemente uno de los impactos más duraderos
La sequía puede resultar mucho menos espectacular que una inundación, pero sus consecuencias pueden prolongarse durante meses o incluso años. Cuando las lluvias disminuyen durante una temporada agrícola crítica, se reducen las cosechas, muere ganado, disminuyen las reservas de agua y aumentan los precios de los alimentos. En las sociedades más vulnerables, el proceso puede terminar transformándose en una crisis alimentaria.
La relación entre El Niño y algunas de las grandes crisis de alimentos del pasado está bien documentada. La crisis alimentaria mundial de 1982-1984 coincidió con un fuerte episodio de El Niño y afectó especialmente al Cuerno de África y al Sahel. La sequía de 1991-1992 en África austral, también asociada a El Niño, afectó a cerca de 100 millones de personas.
El problema lo encontramos como siempre en aquellas regiones más vulnerables del planeta. El impacto es especialmente preocupante porque algunas de las regiones expuestas actualmente ya parten de situaciones de inseguridad alimentaria. El Corredor Seco Centroamericano, especialmente Guatemala, Honduras y El Salvador, aparece entre las zonas donde la reducción de las precipitaciones puede tener consecuencias importantes sobre la agricultura de subsistencia.
Pero África es probablemente el territorio que requiere una vigilancia más estrecha. Una combinación de sequía, pérdida de cosechas, precios elevados de los alimentos, pobreza y conflictos puede multiplicar la vulnerabilidad de millones de personas. Las muertes derivadas de estas situaciones rara vez aparecen en las estadísticas como “muertes por El Niño”. Se registran como desnutrición, infecciones, enfermedades gastrointestinales u otras causas.
Incendios forestales y humo: un peligro que puede viajar miles de kilómetros
La sequía y las temperaturas elevadas también aumentan la probabilidad de grandes incendios forestales. La OMM advierte de que, cuando El Niño alcance su máximo a finales de 2026, buena parte del hemisferio sur estará entrando en sus meses más cálidos. África austral, Sudamérica y Australia pueden experimentar simultáneamente calor, sequía e incendios.
Los grandes incendios liberan enormes cantidades de partículas finas PM2.5 y otros contaminantes capaces de viajar cientos o miles de kilómetros. El humo es otro de los grandes enemigos para la salud de miles de personas. Puede aumentar las hospitalizaciones y la mortalidad relacionadas con enfermedades cardiovasculares y respiratorias, incluso en ciudades situadas muy lejos del incendio.
Uno de los casos, el humo precedente de Indonesia resulta especialmente preocupante. Durante episodios anteriores de El Niño, la sequedad extrema favoreció enormes incendios de bosques y turberas que cubrieron de humo extensas regiones del sudeste asiático. Si algo parecido ocurre durante 2026-27, el impacto sanitario del episodio no procederá únicamente del calor.
Dengue, malaria y otras enfermedades: las víctimas menos visibles
Existe además una vía de mortalidad que normalmente pasa desapercibida cuando hablamos de El Niño, las enfermedades infecciosas.
Otro problema importante surge con los mosquitos capaces de responder rápidamente a los cambios de temperatura y precipitación que se registran durante episodios de El Niño. En algunas regiones, las lluvias abundantes dejan mucha agua estancada que favorece la reproducción de mosquitos.
En otras, paradójicamente, las sequías también pueden incrementar el riesgo cuando la población almacena agua alrededor de las viviendas. Temperaturas elevadas pueden además acelerar determinados procesos biológicos relacionados con la transmisión de enfermedades.
La OMS señala que ENSO puede modificar los patrones de transmisión de enfermedades transmitidas por vectores, roedores y agua. Entre las enfermedades que requieren especial vigilancia aparecen dengue, malaria y chikungunya. La OPS ya ha detectado en 2026 señales de incremento de arbovirosis en tres países o territorios americanos dentro del contexto de El Niño.
Inundaciones y enfermedades transmitidas por el agua
Después de una gran inundación, el peligro no desaparece cuando baja el nivel del agua. La destrucción de sistemas de saneamiento puede contaminar las fuentes de agua potable. En regiones con infraestructuras sanitarias débiles aumenta entonces el riesgo de diarreas graves, cólera y otras enfermedades transmitidas por el agua. También pueden quedar comunidades aisladas sin acceso a medicamentos, hospitales o alimentos.
Es uno de los motivos por los que resulta tan difícil calcular las víctimas de un fenómeno como El Niño. Una persona que muere durante una inundación puede contabilizarse inmediatamente. Una persona que fallece semanas después por una infección relacionada con agua contaminada difícilmente aparecerá en una estadística de víctimas de El Niño.
¿Podemos calcular cuántas personas podrían morir por El Niño 2026-27?
De momento, no existe una cifra científica sólida para la mortalidad total. Sabemos que una estimación reciente sitúa en aproximadamente 451.000 las muertes adicionales relacionadas exclusivamente con el calor durante los primeros nueve meses del episodio.
A ellas habrá que sumar inevitablemente víctimas de algunos fenómenos extremos que se produzcan durante este periodo: inundaciones, deslizamientos, incendios, sequías y enfermedades. Y cualquier cifra global que se ofreciera ahora para todas esas causas juntas tendría un grado de incertidumbre demasiado elevado.
Hay además un problema de atribución. No todas las inundaciones, sequías, incendios u olas de calor que ocurran durante los próximos meses estarán provocados por El Niño. Algunos fenómenos habrían sucedido igualmente y otros responderán a una combinación de factores.
Por eso es preferible hablar de un suelo cuantificable de riesgo por calor de unas 451.000 muertes adicionales, no de una estimación completa de las víctimas de El Niño.
Las regiones del planeta donde habrá que mirar especialmente
El mapa de riesgos a nivel global varía en función de la amenaza. En lo alto de la lista aparecen los países de África occidental y el Sahel, son especialmente vulnerables frente al calor, la sequía y la inseguridad alimentaria. Nigeria, Sudán, Níger y Chad son algunos de los países donde la mortalidad térmica puede ser especialmente elevada.
En África austral habrá que vigilar la evolución de las precipitaciones, las cosechas y el calor durante el verano austral. India, Pakistán y el sudeste asiático combinan una población enorme con temperaturas y humedades potencialmente peligrosas. Indonesia añade el riesgo de sequía e incendios.
En Sudamérica, Brasil puede enfrentarse simultáneamente a temperaturas extremas, sequía e incendios en algunas regiones. En Perú y Ecuador presentan una mayor exposición a precipitaciones torrenciales e inundaciones. Centroamérica tiene un riesgo especialmente relacionado con sequía e inseguridad alimentaria en el Corredor Seco. Son precisamente las regiones tropicales y los países con menor capacidad de adaptación donde la OMS considera que los efectos sanitarios de ENSO suelen ser mayores.
España: un impacto mucho menor, pero no inexistente
España se encuentra lejos de las regiones donde El Niño tiene una influencia climática más directa. La conexión entre el Pacífico tropical y el tiempo en nuestro país depende de mecanismos atmosféricos mucho más complejos. Lo más relevante es la interacción con la circulación del Atlántico Norte, la NAO, el chorro polar y los bloqueos atmosféricos.
Por tanto, sería incorrecto atribuir anticipadamente una futura sequía, ola de calor o episodio de lluvias torrenciales en España directamente a El Niño. El Climate Impact Lab estima, no obstante, alrededor de 477 muertes adicionales relacionadas con el calor en España dentro del periodo analizado, una cifra muy inferior a las previstas en África y Asia.
El cambio climático puede amplificar las consecuencias
El Niño no es consecuencia del cambio climático. Es una oscilación natural del sistema océano-atmósfera que existe desde mucho antes de la industrialización. Pero El Niño 2026-27 está ocurriendo sobre un planeta que ya se ha calentado considerablemente. Eso significa que el calentamiento natural temporal producido por El Niño se superpone al calentamiento de fondo provocado por la acumulación de gases de efecto invernadero.
Esta combinación aumenta la posibilidad de alcanzar temperaturas extremas. El intenso calor puede provocar una evaporación más intensa. No solo afecta a las cosechas también provoca mayor estrés hídrico, vegetación más seca y condiciones potencialmente más favorables para incendios.
El balance humano puede continuar creciendo durante 2027
Preocupa a los expertos, sobre todo, que algunas consecuencias pueden aparecer mucho después del máximo de El Niño. Una inundación mata en cuestión de horas y una ola de calor, en días. El humo de un incendio puede afectar durante semanas. Una sequía puede destruir una cosecha y provocar inseguridad alimentaria meses después.
La modificación de las condiciones ambientales puede alterar la transmisión de enfermedades durante periodos todavía más largos. Por eso el número definitivo de víctimas relacionadas directa o indirectamente con El Niño 2026-27 probablemente tardará mucho tiempo en conocerse.
A finales de septiembre de 2026 tenemos una primera cifra extraordinariamente preocupante: unas 451.000 muertes adicionales potencialmente relacionadas solamente con el calor. La mortalidad total asociada al episodio podría ser mayor cuando se incorporen inundaciones, sequías, incendios, contaminación atmosférica, inseguridad alimentaria y enfermedades.
30/09/2026
Mario Picazo Soriano es un meteorólogo, profesor y presentador español.


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