La IA en inercia radical
El 'chatbot' Claude desarrollado por la tecnológica estadounidense Anthropic. Foto Europa Press

05 de octubre de 2026. La oferta pública inicial que lanzó recientemente la controvertida empresa de inteligencia artificial Anthropic es realmente extravagante, por decir lo menos. Lo es por el monto de recursos que pretende alcanzar en una valuación que es del orden de 2 billones de dólares y, aún más, por las características del prospecto que presentó a los inversionistas. 

El asunto ocurre en un periodo turbulento del proceso de desarrollo en la industria de la IA. El entorno está marcado por el significado mismo de la tecnología y sus implicaciones; por las grandes expectativas que genera, incluyendo sus riesgos y, también, por el carácter de la competencia en el mercado, entre un puñado de empresas con un enorme poder, no sólo económico sino de naturaleza social y política. 

Destacan los problemas de inseguridad de los distintos modelos de IA, como ha ocurrido en la misma Anthropic e, igualmente, en su rival OpenAI y en Alphabeth (Google). Estos ocurren de modo más frecuente, como indican los recientes episodios que se describen como la secuencia de incidentes sin precedente en los que modelos de “frontera” se evaden de los límites del ambiente de prueba en el que operan y hackean, de manera autónoma, otras entidades independientes para completar las tareas que se les han asignado. 

Tales episodios han sido expuestos extensamente, sin tratar de modo suficiente sus consecuencias. 

Otro asunto reciente que pone en evidencia a la industria, es el revuelo que desató la declaración de un par de los investigadores de Anthorpic respecto al alto riesgo que entraña la IA y que podría derivar incluso en la extinción de la humanidad. 

Nunca un proyecto de inversión había sido presentado al público y los agentes que invierten en el mercado financiero con un fundamento de riesgo de tal envergadura. Es como si el Proyecto Manhattan se hubiera colocado en el mercado de Wall Street para atraer recursos y explotar la bomba. Extravagante es, sin duda, esta situación, incluso demencial. 

Pero todo esto resulta irrelevante en cuanto se pone el énfasis en el ámbito del financiamiento de las empresas tecnológicas y el ejemplo hoy más evidente es el de Anthropic. Son tantos los recursos invertidos por el conjunto de las empresas tecnológicas; tan enrome la deuda que han colocado; tantas las presiones provocadas en el sector financiero, como es el caso de los bonos de deuda pública y privada; tan grandes son las expectativas que se han generado y el poder que concentran, que ya no hay modo de parar. 

Este es el contexto en el que puede ocurrir una oferta pública inicial de esta naturaleza. Una combinación entre un proyecto económico y un episodio notable de especulación, no se quieren quedar fuera de tan grande negocio. Los datos indican que Anthropic reporta 4.6 mil millones de dólares de ingresos, con una pérdida operativa de 8 mil millones y una pérdida neta general del orden de 42 mil millones. La empresa planea gastar 518 mil millones en computación en la nube e infraestructura. 

Así, en el mercado se ha considerado que la valuación esperada de 2 billones está fuera de proporción dado es escenario negativo de rentabilidad previsible. 

Los involucrados afirman que los riesgos en cuanto a la inseguridad podrán ser mitigados. No pueden ya decir más que eso. El principal argumento lo ha hecho el omnipresente Hensen Huang, comprometido tecnológica y financieramente hasta el cuello en la industria de la IA, siendo el principal proveedor de los chips que se usan y, además, cabeza de la empresa con mayor valuación de mercado que se estima entre el orden de 5 billones de dólares, se trata de Nvidia. 

La OPI de Anthropic presenta un amplio espectro de advertencias para los inversionistas. El prospecto contiene en total 261 páginas, de ellas 80 páginas dedicadas a plantear los factores de riesgo del proyecto, en tanto que la descripción de las características propias del negocio ocupa 48 páginas, el resto es información financiera y desempeño de la empresa. Las advertencias señalan que los modelos avanzados de IA tienen un comportamiento de autopreservación, se resisten a ser cerrados, esconden y manipulan la información, actúan de modo similar al de un chantaje y presentan riesgos catastróficos de tipo existencial. 

Ciertamente, las empresas de sectores como el de la energía nuclear, farmacéuticas y de biotecnología advierten a sus inversores sobre los riesgos operativos, ambientales o de seguridad de sus productos, pero lo que es realmente nuevo es que se advierta que un producto como es el caso de la IA pueda amenazar al conjunto de la humanidad. Tal cosa no se conocía en los mercados de valores. 

La situación ha sido caracterizada por quienes tratan los aspectos éticos de la AI como altamente contradictoria: una empresa pretende atraer miles de millones de dólares del público para fondear una tecnología que abiertamente se describe como un riesgo existencia para la humanidad. 

El diario The Financial Times considera que esta OPI es inquietante. Convencionalmente son como un protocolo de presentación. Google ofrecía: “Hacer del mundo un lugar mejor”; SpaceX decía que su ambición era: “Extender la luz de la conciencia hasta las estrellas”. Ahora, en cambio, se plantea la posible extinción de la humanidad. Entre ambos extremos podría ofrecerse cualquier cosa. 

Hay un aspecto moral claramente involucrado en este asunto protagonizado por Anthropic y que se extiende al conjunto de esa industria altamente endeudada y sus muy controvertidos jefes. En este caso Dario Amodei está marcando una pauta muy sensible. No está solo. En una declaración realmente sorprendente, otro personaje relevante de la industria tecnológica, Alex Karp, jefe de Tecnologías Palantir, propuso de plano que el problema de la responsabilidad legal de la industria es tal que los laboratorios de IA deberían pedir ser nacionalizados para su propia protección. 

Cabe preguntar cuáles son los límites de este creciente embrollo. No hay nada en el escenario político y de negocios que se aproxime a esto. La situación está enmarcada en una especie de inercia radical que involucra a las empresas, los mercados financieros y el quehacer político.

Información adicional

Autor/a: León Bendesky
País: Estados Unidos
Región: Norteamérica
Fuente: La Jornada

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