Ingresar al contra monumento y centro de arte “Fragmentos”, en la carrera 7 # 6 B- 30 de Bogotá, provoca. Y estimula, no al olvido, pero si al perdón. Doris Salcedo fundió miles de armas de la guerra colombiana, las mujeres víctimas las martillaron y las convirtieron en baldosas de metal, las pusieron como piso de ese local maravilloso, que lo que sí, sin lugar a dudas enseña, es historia y tristeza.
En estos momentos, y hasta el 17 de enero de 2027, allí estarán expuestos “Los desastres de la guerra” de Francisco de Goya. Son 80 grabados originales (en aguafuerte y tinta) realizados por el pintor y grabador español entre 1810 y 1820 tras la invasión napoleónica en España.
Todos los grabados impactan y persuaden al visitante a una introspección que genera un cuestionamiento frente al horror y el sufrimiento de las guerras. Pero dos de esos dibujos me transportaron a un hecho reciente en nuestro país. Los subtitulados: Por que? Y otro: Que hay…que…hacer…más? Las redes sociales y el canal independiente 91+ mostraron un video relacionado con el fallecimiento de Donovan Balanta Paz en Ciudad Bolívar de Bogotá, el pasado 20 de septiembre, tras un procedimiento policial en el sector de Caracolí, en la zona limítrofe entre Ciudad Bolívar y Soacha.
Donovan, un hombre afrodescendiente de 34 años, según la comunidad, presenciaba una pelea cuando llegó la policía. De acuerdo a la versión oficial, el joven Balanta fue trasladado a la estación de policía de Cazucá y allí sufrió una descompensación médica repentina, llevado al hospital Cardiovascular de Soacha, allí murió.
Los siete agentes policiales que intervinieron en la pesquisa fueron apartados de sus cargos. Medicina legal aún no ha determinado la causa de esa muerte. La ONU solicitó avanzar en la investigación sobre los responsables.
Observar el video bogotano en concomitancia con los grabados es descubrir la mirada de Goya cuando plasma una protesta contra la crueldad y se convierte en un alegato universal que grita inconforme y solidario ante el sufrimiento de los inocentes, pero, aplicado al caso del señor Balanta, sería una protesta ante la brutalidad policiaca. El congelamiento de la imagen donde aparecen los siete policías golpeando al detenido que posteriormente muere, no deja de inducirnos a las preguntas goyescas: ¿Por qué? ¿Qué hay…que…hacer…más? Como una solicitud ciudadana para que no regresen los asesinatos de inocentes ni la brutalidad de la fuerza pública.


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