Érase una vez un objeto que se encontraba en los estantes de muchas casas alrededor del mundo. Era muy pesado y normalmente valía un platal, sin embargo, a muchas personas no le disgustaba tener una: estoy hablando de la enciclopedia.
Desde la entrada en escena y difusión masiva de internet, este objeto ha ido paulatinamente desapareciendo. De ser considerado una herramienta fundamental para el desarrollo de cada estudiante, hasta volverse casi que un elemento de anticuario o por lo menos un libro útil solo para una categoría selecta de personas. No me sorprendería si, en medio de los feroces cortes presupuestarios que están azotando a todos los sectores de la cultura, estas obras fuesen las primeras a ser excluidas de las bibliotecas publicas y universitarias, por muy costosas y, al fin y al cabo, inútiles in cuanto fácilmente reemplazable con una rápida búsqueda en internet, sobre todo ahora que contamos con la ayuda de la IA. De hecho, luego de pasar años en contacto con jóvenes estudiantes, ni una vez he escuchado alguno que dijera que para una tarea escolar se apoyó en una enciclopedia: antes acudían a las sugerencias de Google, y desde dos o tres años confían casi ciegamente en las respuestas que les arrojan las varias inteligencias artificiales generativas.



Leave a Reply